lunes, 18 de octubre de 2010

Borges, Eslava Galán, Daniel, Rodrigo y yo (Toma!)

 A mí me conocéis perfectamente, así que os hablaré   de los otro cuatro. Aunque no quiero resaltar su Biografía, sino contaros lo más brevemente posible la historia de un yerro.





Xosé Carlos Caneiro (y unos políticos) dando el pregón


Borges es quien ha escrito, entre otras obras maestras, el libro de relatos cortos titulado El Aleph. Dentro de dicho libro figura el relato El Zahir. En él dice Borges los siguiente:

                            " En Buenos Aires, el Zahir es una moneda común de viente centavos; marcas de navaja
                              o de cortaplumas rayan las letras N  T  y el número dos; 1929 es la fecha grabada en el 
                              anverso. ( En Guzerat, a finales del siglo XVIII, un tigre fue zahir; en Java un ciego de la
                              mezquita de Surakarta a quien lapidaron los fieles.(........) En la Aljama de Córdoba 
                              según Zotenberg, una veta en el mármol en uno de los mil doscientos pilares (es el
                              Zahir)"

Detengo aquí al gran Borges para, a pesar de ello, no cansaros; que por algo habéis venido a leerme a mí y no a Borges. Pero poned atención en lo anterior para poder comprender lo siguiente.
Eslava Galán, es un  escritor de éxito, irónico y de lectura fácil, ganador del Premio Planeta allá por el año 1987 creo recordar con el libro En busca del Unicornio. Estuvo presente en la Primera Semana Auria de Literatura Histórica y Daniel, Rodrigo y un servidor estuvimos presentes formando parte de  los ocho tertulianos elegidos entre las celebridades de Orense. (Esto es broma, espero que no os creáis ni una letra). Lo cierto es que desde el momento en que Rodrigo supo que YO iba a estar presente en la tertulia (ellos fueron invitados con posterioridad), emprendió la lectura de su último libro titulado "Mil lugares que visitar al menos una vez en la vida". Apenas media hora más tarde me llama: Papá, he encontrado un yerro importante. Díme cuál es, que yo se lo haré saber. Me lo prohibió.
Esto es lo que escribió Juan Eslava Galán, refiriéndose a la Mezquita de córdoba:

                        "Una mancha en la columna de esta mezquita es el Aleph, lugar mágico y terrible en el que
                          confluye la energía del Universo, leánme a Borges".

Creo que fue esta última afirmación lo que llevó a Rodrigo a hacerme partícipe de su descubrimiento. ¿Quién es el señor Eslava para desafiarle a leer cuando él (Rodrigo) que lee al menos un libro a la semana, además de todas las leyes que en el mundo han sido?


Tertulia con Juan Eslava Galán

El pasado día 12 acudimos a la tertulia reseñada, en donde con ánimo distendido entramos en conversación con Juan Eslava quién, con espíritu sencillo y campechano nos habló como si fuésemos amigos de toda la vida. Deseché la idea de comentarle nada, pero todo cambió cuando él mismo sacó el tema: "muchas veces los lectores me envían correcciones que agradezco, porque de ese modo puedo remediarlas en la siguiente edición." Vaya,había encontrado mi Zahir!
Le pregunté si le habían enviado alguna corrección de los Mil lugares...y me respondió que no. Miré a Rodrigo y tomando la palabra  le explicó que la mancha que se encontraba en una de las mil doscientas columnas de la mezquita, era el Zahir, no el Aleph. Se sorprendió del hallazgo y agradeció la corrección, supongo que sinceramente. Al salir, escribió lo siguiente, tachando la palabra Aleph sobre libro: "Zahir, of course".
Fue cariñoso en la dedicatoria a Rodrigo que dice textualmente: " Para mi querido amigo Rodrigo que descubrió en este libro un gazapo imperdonable ( y ya perdonado) con la esperanza de que siga leyendo con tanta diligencia y aplicación porque la lectura nos ensancha la vida, ya que alargarla no podemos".


D. Juan Eslava Galán


 Y Daniel? Daniel fue el más inteligente, absorbió cada una de las palabras, sin regalar ninguna.

Fue un placer, os lo aseguro, charlar con D. Juan Eslava Galán, sencillo, cercano, amable y que no buscó excusa alguna para el error, a pesar de que me dejó constancia de sus enormes conocimientos.
Al día siguiente le envíe un correo manifestándole mi agradecimiento y lo agradable de su compañía y tuvo la deferencia de contestarme en términos amables.

Eso es lo que os quería contar y os lo he contado para mayor gloria de Rodrigo que de tanto valer se ha hecho un gran modesto.

Orense a tantos de tantos.

lunes, 11 de octubre de 2010

Mil Lugares

 Los mil lugares que ver en España al menos una vez en la vida                          (Del Libro de Juan Eslava Galán)





Texto: Juan Eslava Galán.
Fotos: César.


                                     La Catedral de Orense

La catedral de San Martín, Románica tardía de transición al gótico (siglos XII-XIII), es una de las grandes joyas de la arquitectura europea que sería sobradamente conocida si estuviera en Francia o Alemania.



 El visitante sensible se deleitará ante el policromado pórtico del paraíso (Siglo XII), inspirado en la famosa obra del maestro Mateo de Compostela, antes de pasear por su interior (cruz latina, tres naves acabadas en ábsides semicirculares, girola y crucero).



Conviene reparar en la puerta Sur, la que da a la plaza del Trigo, en la portada Oeste, en la Torre del Reloj-Siglo XVI- y en retablo de Cornielis de Holanda( 1520) de la Capilla Mayor.





viernes, 8 de octubre de 2010

Nobel

                          Mario Vargas LLosa



Xose Carlos Caneiro, es un escritor Verinense, de mi pueblo, que el domingo pregonará aquí, en Orense, a las puertas de casa, La semana Auria de Novela Histórica. Contará este acontecimiento con escritores de la talla de Juan Eslava Galán, Antonio Gala, Manuel Rivas, Cesar Vidal o Carlos Reigosa. Está considerado como el enfent terrible de las letras galegas por sus enfrentamientos más o menos públicos con varios escritores, como Suso de Toro o el mismo Manuel Rivas con quién coincidirá en esta semana de Novela Histórica.
 Pero no lo traigo aquí por ese motivo, sino porque hoy mismo en su columna de La Voz de Galicia hace loa del reciente premio Nobel de Literatura Mario Vargas LLosa.



(…) “La literatura debe entretener, siempre; pero también revelar, iluminar, fascinar, enriquecer y humanizar-en el sentido más lato- al lector. En estos malos tiempos, decía Vargas Llosa, la literatura se identifica únicamente con el ocio y eso,creo, es la peor de sus heridas. Mario Vargas Llosa ha defendido siempre la otra literatura, o sea, la única literatura posible.”

(…) “ Conversación en la Catedral es una obra maestra. Cuarenta años después de su publicación resulta pertinente. Y no sólo por estar escrita con pasión, osadía técnica y talento, sino porque nos habla de la anestesia que sufre en determinados períodos de la historia el ser humano: narcotizado por las modas, consentidor de la arbitrariedad política, pasivo, adormecido. El ser humano que ha colaborado, aún sin saberlo, en el hundimiento de la literatura. El Nobel 2010 ha intentado salvarla.”



Nada más que añadir. En todo caso que lo ha conseguido.



Orense a tantos de tantos del Nobel de Vargas Llosa.




Tal vez le interese;






http://nuncaestardesilachicallega.blogspot.com/2010/06/tercer-mes.html

lunes, 4 de octubre de 2010

Riesgos de las Redes Sociales

Hacía tiempo que lo venía barruntando y lo he corroborado. Esto tiene más peligro que Zapatero con unas primarias.

El Director de Google advierte de los riesgos de la redes sociales.
El Sr. Schmidt, el susodicho director, advierte en una entrevista para The Wall Street Journal, que está plenamente convencido de que las redes sociales pueden resultar perjudiciales para los usuarios, por lo que es probable que en un futuro " los jóvenes quieran cambiar sus nombres para escapar de su vida en Internet".
El ejecutivo dice que el cambio de identidad será la única opción que permitirá a los internautas desligarse por completo de todas las imágenes que se cuelgan en la página web y de toda la información personal que se difunde abiertamente. "No creo que la sociedad entienda claramente lo que sucede cuando todo está disponible, se puede conocer y es grabado por todo el mundo, todo el tiempo".
Sobre el futuro del buscador, Schmidt considera que Google almacenará aún más información personal de los usuarios. "Sabemos más o menos quien eres, lo que te importa, quienes son tus amigos", admite el experto y explica que la mayoría de las personas no utilizan el buscador para responder a sus preguntas sino que "quieren que Google les diga lo que deben de hacer a continuación".

Me recuerda a un grafitti que he visto hoy al venir al trabajo y que reza: " El Papa viene, no permitáis que los niños se acerquen a él".
¿Comprendéis ahora por qué no sé cómo demonios funciona el feisbuk, ni ninguna otra "herramienta social", excepto Cáritas con quien sí colaboro de vez en cuando comprando lotería?

Quedáis avisados.


Abajo veréis algunas de las fotos compremetidas que se pueden visitar. Realmente obscenas.







lunes, 27 de septiembre de 2010

Días de vendimia.

Estoy de vendimia, os perdono las molestias.



domingo, 19 de septiembre de 2010

Pazo de Galegos. Rías Baixas de La Coruña.

Concertamos una visita a las bodegas y a las viñas. Muy amablemente don Manuel, abandonando el trabajo que estaba llevando a cabo, nos atendió, explicándonos con gran erudicción la historia de la casa, del vino y del antiguo propietario Don Antonio Lopez Ferreiro, que según nos relató fue quien descubrió los restos del Apostol Santiago que habían sido escondidos en la catedral, ante el temor que produjeron los asaltos de los Ingleses en la costa de La Coruña.


                                                     Pazo de Galegos


Al acabar degustamos una botella de Albariño advirtiéndones Don Manuel que sus vinos no eran maricas, no sabían a manzana a melocotón ni a plátano, lo que sastisfizo plenamente a mi amigo Manolo que aprovechó para despotricar sobre los procesos que alteran el natural sabor del vino. A Carmen le pareció que el vino estaba poco frío y a mí me pareció que estaba demasiado frío. Matices.
El vino sin duda es excelente, suave, pero largo en boca, fresco, su acidez perfectamente amansada, de color amarillo pajizo con recuerdos frutales. Pide un segundo trago al instante. A medida que el vino tomaba más temperatura, se apreciaban más intensamente la suave gama de frutas de huerta. Creí poder distinguir un vago recuerdo a claudias maduras de las que robaba en mi infancia. Dos nuevos huéspedes se presentaron para catar los vinos y don Manuel les ofreció un curioso tinto, mencía, con denominación de Origen Rías Baixas. No pude evitar la tentación de pedirle una copa que me fue servida al instante. La curiosidad me pudo, jamás había probado un mencía producido en esos terrenos. Rojo cereza, no muy intenso, persistente en boca y frutal, notándose la crianza en barrica pero no demasiado. Un vino con las virtudes propias de la frescura y de la crianza, en su justo medio.


Ya os dije que la tarde había merecido la pena. Si alguna vez pasáis por Vedra, o hacéis el Camino de la Plata, no podéis dejar de visitar y pernoctar  en este hermoso lugar.

                   Don Manuel, al lado de una cepa de más de 450 años

Nos preparamos para la cena, en el restaurante de enfrente. Al llegar estaba atiborrado de peregrinos y de nuevo nos encontramos con Isa, David, Mar y Ana. Nos saludamos efusivamente, quedando para vernos el sábado en Orense. Con las prisas y las multitudes nos olvidamos de intercambiarnos los teléfonos. Bien que lo siento.

La cena transcurrió agradablemente, girando la conversación a menudo sobre los motivos que habían llevado a Carmen a abandonar a Miguel, que parecía tan contento con su presencia. Ella insistía en que su andadura no coincidía con el ritmo de Miguel.

Antía, poco habladora, metió no obstante un puyazo al comentar que la manera de mirar de Miguel mostraba gran interés por Carmen. Esta negó siempre, creo que sinceramente, pero encontramos un filón para, sin acritud, mantener una amena conversación.

                                                  Foto cedida por David

Y llegó el momento de acostarse. A la mañana siguiente nos levantaríamos de nuevo a las seis para partir a las siete. Y ya nos recibiría Santiago con todas, suponemos, las bendiciones.



                                                          Catedral de Santiago.
                                                …………………………………………..



Y al día siguiente, llegamos a Santiago con las fuerzas justas para recoger la Compostela (certificado de peregrinación). Eran las once de la mañana y después de un paseo breve, Manolo, Antía, Matías y yo partimos para Orense sin más dilación.

Dormí toda la tarde del viernes y parte del sábado.

El tiempo que no estuve durmiendo, tuve los pies en agua fría con sal. Ordenes.

El lunes de nuevo me esperaban en el trabajo, sin apenas secuelas.
Sin relación alguna con la peregrinación, supongo, mi hijo menor consiguió su sustitución.

Mi hijo mayor consiguió que por fin se convocasen sus oposiciones.

Si alguien me promete colocarlos, emprendo de nuevo el viaje esta vez desde O Cebreiro.

No pienso contarlo, ya vais servidos con esto.



Orense a tantos de tantos del Año Santo.


                                  Más fotos de la Peregrinación










                                          







viernes, 17 de septiembre de 2010

Bendoiro- Silleda- Vedra- Pazo de Galegos

A mis compañeros de camino que sé que se ríen en silencio. A Isa,David, Ana,Mar, Aure,Bruno,Carmen, Manolo,Antía y Matías. Y a Raquel y Pepe.


                                                 Primera Parte

El sueño en los albergues es efímero. A las 5.30, los más inquietos encienden sus lámparas de mineros y pese al cuidado que ponen, resulta imposible dormir por el trajín.
Espero a que salgan los más madrugadores, pensando en qué demonios de paisajes disfrutarán a horas tan intempestivas cuando apenas han pintado las flechas del camino. Y si estuvieran pintadas difícilmente se podrán ver.

A las seis de la mañana me levanto, me aseo y compruebo que a pesar de una ligera mejoría, mis pies se duelen del maltrato. Les aplico los cuidados de costumbre y a las siete menos cuarto de la mañana, parto, sin desayunar, con dirección a Silleda (7.5 Km). Desde Bendoiro (Lalín), el camino discurre paralelo a la nacional 525, entrando y saliendo de ella a caprichos cortos. Me desvío por el primer sendero, pasando cerca de casas en donde ni los perros se inmutan ante mi presencia. Siguen durmiendo, obviándome. Los guijarros, que no veo, luchan con mis botas (Gore-Tex), que resisten el envite defendiendo con entereza mis tobillos. Por momentos llego a pensar que soy un inconsciente tomando esos senderos en plena oscuridad y mentalmente tomo nota; comprar una linterna para la próxima ocasión.

                                                      Foto de David

Salgo por fin a la carretera de nuevo, en donde, pese al tráfico, me encuentro más seguro.
Pocos metros más allá la flecha amarilla me indica que debo abandonarla. Me introduzco por el sendero pero a los pocos metros, ante la absoluta falta de visión retorno a la carretera. Y continúo por ella hasta que, en torno a las ocho menos cuarto se hace de día.


                                                            Foto: David


Creedme si os digo que no me paro ni a mirar el amanecer. Mi pensamiento en ese momento está en llegar a Silleda desayunar y continuar hasta donde el cuerpo me permita. La etapa tiene 34 km y la temo seriamente. Apoyado en mi vara, la vista fija diez metros más allá, continúo, por donde las flechas me indican, hasta Silleda. La línea más corta dicen que es la recta, por lo que no me desvío ni un milímetro y aprovecho que no hay mucho tráfico para cruzar la rotonda de la entrada del pueblo, justo a doscientos metros del albergue. Antes de entrar en el albergue, desayuno, esta vez con ganas.


El albergue está dentro del Instituto de Silleda. Me sellan las credenciales- la burocracia del Camino- y cuando me disponía a salir me encuentro con Manolo, Antía y Matías que habían salido media hora antes. Se sorprenden al verme y me consideran digno de andar a su lado, ya que me invitan a seguir con ellos. Y eso hago. Con cierto temor, ya que no estaba seguro de poder seguir su ritmo. Al salir del instituto, que hace a su vez de albergue, nos encontramos con Pepe y Raquel que están repostando agua en una fuente. Emprendemos camino juntos hasta que ambos, Pepe y Raquel, se van quedando y continuamos los cuatro en dirección a Chapa y Bandeira. Manolo se ríe de la manera de apoyarme en mi vara y de la longitud de la misma; ellos llevan varas cortas, al estilo de bastones. Les explico las ventajas, a mi juicio, de una vara larga y lo entienden perfectamente, sobre todo en las bajadas pronunciadas cuando hay que lanzarla delante para apoyarse en ella y que la pendiente no te arrastre. También para propulsarte hacia arriba.

Impongo el ritmo, más que nada por el temor a no poder seguir el suyo. Tanto Matías como Antía tienen buen paso, los peregrinos. A la altura de Chapa nos paramos para descansar de la mochila, beber agua y mudar los calcetines. Pepe y Raquel nos alcanzan entre tanto y continuamos camino. Antía y yo nos adelantamos mientras Manolo y Matías hacen compañía a Pepe y Raquel. Andamos una media hora juntos, Antía y yo, alcanzando, sin pararnos, las manzanas que sobresalen de los árboles. Como no vemos a Manolo y a Matías, esperamos a que nos alcancen. Los tres se paran para cortar unas varas largas y continúo porque si me paro, no sé si podré retomar el camino. Sigo, a mi juicio despacio, pero pasan dos horas y pasan Bandeira, Loimil y A Estrada y sigo sólo por montes de eucaliptos y algún riachuelo tentador. Cada vez que veo agua, pienso en lo agradable que sería poder meter los pies. Pero he de continuar. Sufro un bajón físico importante y estoy a punto de estirar la estera que llevo a la espalda y descansar, pero eso me haría perder mucho tiempo y seguramente no volvería a retomar el camino. A aguantar!

                                                        Foto cedida por David


Estaba en estos pensamientos cuando, al salir del sendero a una carretera comarcal, veo a un grupo de peregrinos descansando. Y reconozco a mis desertoras, Ana y Mar, que me habían acompañado en la segunda jornada, junto con Isa y David y uno de los alemanes que había cenado con nosotros. Los caminos del Señor son insondables, con mochila o sin mochila! Nos alegramos de vernos.

Compartí con ellos el coco que estaban partiendo, pero no pude pararme a descansar por el temor que antes manifesté de no poder continuar. Me disculpé y seguí mi marcha lentamente, cuando llevaba caminados unos cientos de metros descubrí un pilón con una fuente que manaba un agua fresquísima completamente potable y no pude por menos de pararme, descalzarme y refrescar los pies. Ana, Mar, Isa, David y el alemán continuaron camino. Me tomé media hora de descanso y aún no veía a la familia de Manolo. Posiblemente mi ritmo sea mayor de lo que yo mismo me figuro. Y es que cuanto antes llegue, menos tiempo sufro.

Foto cedida por David
Qué delicia de aguita


Desde a Calzada, aldea en donde me encontraba, hasta Vedra, se contaban 4 kilómetros al menos. Y desde Vedra hasta el albergue 4,5. Comprendí que no podría andar otros ocho kilómetros y medio. Imposible. Llevaba veintisiete en las piernas y sólo la inercia me hacía continuar. La inercia y la bajada. Si el camino se empinase, ni la vara me sujetaría.

Seguí bajando hacia Vedra, tirando unas fotos del paisaje, sin apenas pararme. Estaba fotografiando un maizal cuando oí a lo lejos una voz femenina. Una esquiadora, con sus leotardos ajustados, sus bastones y sus gafas de sol bajaba a la carrera: “Te pillë, te pillé. Era Carmen, la valenciana que había cenado con nosotros la noche anterior en compañía de Miguel. Le pregunté por Miguel y me dijo que lo había dejado, que no seguía su ritmo. Peregrino que no se mueve, se abandona a su suerte, pensé. Como el camarón que no se mueve.
                                                     Foto de David


En eso estábamos cuando de nuevo a lo lejos oí unas voces a trío:

-“ Paparazzi, Paparazzi”!

Era la familia al completo, Manolo, Antía y Matías que me llamaban. Los esperamos. Faltaba apenas un km para el pueblo de Vedra. Pero faltaban cinco y medio para el albergue. Yo no podía más. Llamé a un hotel que anunciaban en el albergue anterior y en donde hacían precio especial para peregrinos. Vendrían a buscarme a la entrada del pueblo. Justo donde comienza el pueblo había un bar y allí esperé sentado con una cañita deliciosa. Otras tres personas habían tenido la misma idea que yo. Esa noche dormiría sólo, sin ronquidos y aunque fuese en un humilde Hotel. Os juro que no sentí remordimiento alguno. Por si fuera poco, el hotel no era tan humilde y me sorprendió muy gratamente.

                                                           Pazo de Galegos.


Resultó ser un hermoso Pazo, restaurado al efecto por los actuales dueños, propiedad del bibliotecario de la Catedral de Santiago de Compostela, ilustre escritor, fundador de la Academia Gallega de la Lengua y enólogo en sus ratos de ocio, Don Antonio Lopez Ferreiro.


Son sus actuales propietarios, don Manuel García Gomez y sus hijos, Antonio, que con su esposa regentan el Hotel y Pablo (Paul) que dirije y se encarga de la bodega.

El Pazo cuenta a su alrededor con viñedos propios, su propia bodega y un antiguo lagar de piedra con su prensa en perfecto estado de funcionamiento, que forma parte de la historia del Pazo. Los actuales propietarios elaboran y comercializan sus  vinos bajo el nombre de Pazo de Galegos, que amablemente nos permitió catar Don Manuel después de la visita y las explicaciones correspondientes. Un cicerone perfecto. Don Manuel, gracias por todo.


He abandonado el hilo, con la emoción del vino. Retomo.

Una vez en el hotel, duchado y cambiado de ropa, he ido a comer, sólo, a un restaurante que había enfrente a 100 metros. En aquellas condiciones me pareció un kilómetro.

Una ensalada mixta; es lo que me apetecía. Y una gran cerveza.

Acabé y salí hacia el Hotel que era en donde me apetecía estar. Pedí, a la sombra de las parras, un café que me sirvió el propio dueño con unas pastas, obsequiándome con un licor café de cosecha propia que quita el sentio (y sube la tensión). Pero de algo hay que morir. Estaba dando cuenta del licor cuando a la entrada del hotel oí unas voces familiares. De nuevo Manolo, Matías y Antía, que no habían encontrado literas en el albergue y tuvieron que buscar cobijo en el hotel. Me alegré de verlos y mientras subieron a asearse, permanecí charlando con Don Manuel y tirando unas fotos de las viñas y del entorno. Ahí quedan las fotos

                                               Emparrado del Pazo de Galegos

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Ruta de la Plata

                                    Castro de  Ozon - Bendoiro


                                      Miércoles 1 de Septiembre



Pactado el contubernio de la noche anterior y cuando pensaba que tendría abundante compañiá para peregrinar, de nuevo me pongo en marcha en absoluta soledad, todavía deseada. A las siete y treinta en punto comienzo a sentir los pies y a las ocho treinta me encuentro a la altura de la parrillada Alonso de tan grato recuerdo. Ana y Mar  están acabando de desayunar. Les recuerdo que peregrinar sin mochila, como bailar de lejos, no es peregrinar. Sonríen sin remordimiento alguno y parten ligeras.


La mujer me recibe amablemente al reconocerme de la noche anterior y me ofrece unas tostadas con mantequilla, un zumo de naranja y un café con leche. Noto en mi cuerpo un cambio preocupante. No tengo hambre. Me hago cargo solamente de una tostada, eso sí del tamaño de un libro, y a cambio pido otro zumo. Sí tengo sed.

Esta etapa transcurre en gran parte por carretera. Al salir de desayunar, de nuevo me cambio los calcetines y me embadurno los pies y tomo la carretera N-525 arriba. Detrás, a lo lejos veo llegar a Pepe y a Raquel, su hija de 17 años que viene algo rezagada. Continúo por la nacional 525, por un despiste mío y dos horas más tarde, a 4 de Lalín, de nuevo busco el camino. He dado un rodeo de 2,5 kilómetros por no visualizar las señales. Y lo que es peor, recibo las chanzas de los usuarios del bar en donde me paro a beber agua preguntándome si no llevo GPS. Debería haberme desviado por Xesta en lugar de seguir por la nacional. Ahora he de buscar Botos. Lo encuentro 3 kilómetros más adelante y me percato de por donde discurre el Camino al  divisar a lo lejos la figura encorbada de Pepe seguida a distancia por la de Raquel, que apenas puede seguir el paso. Emprendo camino y consigo alcanzar a Raquel que parece muy cansada. Intento acompañarla un trecho, pero me pide que siga y es lo mejor para ambos. Cada peregrino ha de encontrar su camino y su ritmo. Alcanzo también a Pepe y después de intercambiar saludos continúo camino ya que él espera a Raquel. Poco más que decir de esta jornada, que resultó tan dura como las demás. A la una de la tarde estaba entrando en el albergue de Bendoiro. Soy el primero en llegar. Cuatro horas y media para 18 km aproximadamente, ya que he rodeado. Cuatro kilómetros a la hora. Voy mejorando.
Albergue de Bendoiro
                             Albergue de peregrinos de Bendoiro
Lamento no poder cargar mis propias fotos, pero las he tirado con tal calidad que no bajan



La encargada me recibe, me registra (en el libro registro), me enseña el albergue que encuentro muy completo, con sala de lectura, sala de estar, cocina y lavadero. Un hotelito, vamos.
La mujer ha de irse a comer y me deja al cargo de la recepción de los peregrinos que lleguen en su ausencia. No reclamo emolumentos por el trabajo.
Cuarenta y cinco minutos más tarde llegan Pepe y Raquel, les acomodo y me voy a la ducha y a comer.

Sobre las cuatro de la tarde, cuando estábamos descansando, veo entrar por la puerta dos metros de peregrino con un niño de aproximadamente doce años y una joven de 17. Son Manolo, Antía y Matías, padre e hijos.

Hacemos planes para la cena, ya que la mayoría de los peregrinos que van llegando no han podido comer caliente. Muy cerca hay un restaurante que, al igual que sucedía en Dozón, presta servicio de transporte.

Mientras parlamentamos, cae una tormenta que da gloria verla desde dentro. Todos pensamos en lo mismo: fresco para el día siguiente. Ha sido breve pero intensa, de tal modo que nos deja sin luz un buen rato, perdiendo incluso momentáneamente la cobertura de móvil.

Descansamos un rato más hasta que nos avisan de que el transporte está a la puerta. Manolo, Antía, Matías y yo, nos embarcamos al mismo tiempo, acompañándonos Miguel y Carmen que hasta ese momento no sabíamos de ellos. Ambos son de Valencia y coincidieron en el Camino que hicieron juntos hasta el albergue.
Manolo,Antía, Carmen y Matías

Cenamos, no tan bien como la noche anterior, pero suficiente. Pedí un Albariño de la casa y ahí fue Troya. Manolo resultó ser un cosechero de la Rúa, que cuida y elabora su propio vino. Es un purista y no admite algunas de las técnicas modernas que adornan sabores y prestran fragancias. Se entabló un ligero intercambio de opiniones, previniéndome de que hacía más de diez años que no discutía, voluntariamente, de vinos, porque no aceptaba muchas de las prácticas que se llevan a cabo actualmente. Sentadas esas premisas, evité entrar en profundidades. En caso de discrepancia no quería enfrentarme con dos metros de tiarrón, cachas y deportista. Uno tiene instinto de conservación. La noche se presentó interesante, porque nuestros acompañantes Miguel y Carmen, tenían también interés por el vino. Miguel había regentado una importante discoteca en Valencia y Carmen es co-propietaria de un afamado restaurante de Valencia. Lancé la piedra y escondí la mano para que Manolo y Miguel se explayasen y yo pudiera sacar conclusiones. A fé que las saqué. Constaté la confianza absoluta en la naturaleza de Manolo, que no admite que se la pueda ayudar en modo alguno. El vino, según él, ha  de valerse de sus propios medios para fermentar, sin ayudas externas. Como principio no está mal, pero es algo más complicado. Un práctico, Manolo, contra un teórico, Miguel. Encontré más consistencia en Manolo, cuyos argumentos resultaban irrebatibles, estuviese o no de acuerdo con ellos.

                                                           Foto cedida por David



Mansamente llegó la hora de partir hacia el albergue ya que al día siguiente nos esperaba una etapa dura en extremo, con 34 kilómetros.
Pagamos, salimos, nos acostamos y dormimos, a pesar de la música de viento que salía del ciclista que había ocupado la litera justo encima de mí. Nunca ví caso igual de celeridad. Subió las escalerillas, se sentó en la cama, se arropó y os juro que aún sin haber tocado en el colchón ya estaba roncando!

Nunca sospeché, oyendo al vecino, que al día siguiente disfrutase de tan excitante jornada. Santiago nos recompensaría con una tarde inolvidable. Y es que se dieron todas las circunstancias propias para que después del sufrimiento disfrutásemos de la naturaleza domesticada.
 ¿Será por naturaleza el hombre algo masoquista?
 
 
Orense a tantos de tantos del Año Santo.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Ruta de la Plata

                                                       Cea- Dozon.

                                              Martes día 31 de agosto

Llena la cantimplora de agua, preparada la mochila y embadurnados los pies de crema, emprendo el camino justo a las siete y media de la mañana. Apenas quedan media docena de peregrinos en el albergue, los demás han emprendido viaje hacia Oseira, ocho kilómetros más allá, destino final también de la primera etapa. Al lado del Albergue hay un pequeño bar abierto y desayuno, sin muchas ganas, para tomar fuerzas. Justo en el momento de salir me cruzo con Ana y Mar que entran a desayunar. Nos saludamos y nos deseamos buen camino.
                                                       
La señalización en la salida de Cea no está clara, y después de varias tentativas tomo el camino correcto dirección Oseira. Los primeros compases de la etapa transcurren por carretara dejando atrás Porta do Souto, Cotelas, Mirela y llegando después de una ligera subida a Piñor. Allí descubro un bar que permanece cerrado-son las ocho y veinticinco- y mientras espero a que abra, de nuevo me cambio los calcetines-blancos de deporte- después de untar, otra vez, la planta de los pies con abundante crema. La mañana está fresca, lo que facilita el caminar. A las ocho y media en punto, un hombre con cara de sueño baja por las escaleras de la casa y abre el bar, le pido una botella de agua, retiro la que hay en la cantimplora sustituyéndola por la fresca. Mientras estoy sentado veo pasar a cuatro peregrinos, nos saludamos y siguen su camino. No veo pasar, sin embargo, a Ana y Mar.

Sigo mi camino, apoyándome en mi vara, a la que le estaré eternamente agradecido. Sin su ayuda no terminaría. Después de dos kilómetros, diviso la figura de cuatro personas, sentadas, con dificultades. Aún no lo sabía, pero una de ellas, Isa, sería fundamental en mi camino. Las otras eran Mar y Ana, que debieron haberme pasado mientras estaba dentro del bar y la otra era David, el compañero de Isa. Esta y su compañero deciden descansar un poco más y nos piden que sigamos. Ana, Mar y yo continuamos camino dejando atrás también a los cuatro peregrinos a los que había saludado en el bar. Eran de Granada ellas y de Madrid ellos. Ana y Mar proceden de la zona de As Neves, concretamente de Rubiós, en donde se produce uno de los más curiosos tintos con Denominación de Origen Rias Baixas.

Continuamos camino, sin más problemas que el cansancio, las ampollas y la dureza  del monte. Sobre las doce y media divisamos desde arriba la población de Dozón, lo que nos llenó de alegría y aceleró el paso. Entramos en la población y preguntamos por el albergue. Nos dieron una dirección que era incompatible con las flechas del camino y seguimos las flechas que nos llevaron a la Iglesia. Al llegar a la Iglesia, preguntamos por el albergue y nos indican que hay que desandar lo andado y tomar la carretera nacional a 300 m. No os podéis imaginar lo que significa recorrer 600 metros después de haber recorrido 17 Km. Sobre todo recorrerlos por nada. Con un cabreo impropio de un manso peregrino, que disimulé, desanduvimos lo andado y nos dirigimos hacia el albergue. Era la una y éramos los primeros. El albergue de Dozón es pequeño, pero acogedor. Dispone de camas, duchas, lavadero y lo que es importantísimo, está justo al lado de las piscinas municipales. Lo que preveía como un grave inconveniene- su distancia del centro de la población- se convirtió en una ventaja.
                                                           Monasterio de Oseira
Lo primero que se hace al llegar a un albergue, es inscribirse-como si fuese un hotel, sí- abonar los honorarios, cinco euros, y a continuación arrojar la mochila encima de la cama, descalzarse y buscar las duchas. Una vez duchado, lo segundo era buscar una farmacia. Con las chanclas de baño me dirigí a recorrer los 500 m que me separaban de la farmacia. Otro pequeño martirio. En el camino me crucé con Bruno y Aure que venían de Oseira. Nos saludamos y continué hasta la farmacia. Don Fernando, el farmaceútico, me atendió con toda la amabilidad y me recomendó una crema que me reconfortaría.

Debido a que el día anterior no había comido como dios manda, -mesa, mantel, caliente y con vino- le pregunté en donde podría comer bien, ya que lo que había visto no me había ilusionado. Me confirmó que podría hacerlo decentemente a dos kilómetros y medio del pueblo. ¡ Todo mi gozo en un pozo! Esa distancia era innegociable. Yo no podía permitirme andar esa distancia. Viendo mis tribulaciones, el farmacéutico me aconsejó que me fuese a tomar una cañita al bar de enfrente y que volviese a las dos que él me acrercaría. Protesté, no quería ser una molestia. Pero insistió y no quise enojarle. Quedaba el problema de volver al albergue, pero ya lo resolvería. A las dos en punto estaba el farmaceútico cerrando la botica y me acercó a la parrillada Alonso, un lugar de apariencia modesta pero con una carne de primera. Tomé una sopita, muy rica, y un chuletón que traía ensalada y criollo de estrambote. Vino de la casa, un rico helado, café y agua. Todo ello 9 euros. Como lo leéis. Ni que decir tiene que a la noche repetí. Y con todo el albergue.
                                                Albergue provisional de peregrinos de Dozón


Pero antes me quedaba el problema de volver. Me dirigí a la barra y pregunté si alguien bajaba a Dozón. Nadie. Del comedor de donde había salido se levantó un comensal y aunque él no llevaba esa dirección se ofreció a bajarme. Sin duda valoró mi deficiente estado físico. Resultó ser de Orense, convecino, y después de darnos ambos a conocer, nos despedimos cordialmente dejándome en la puerta del albergue. Esto es lo que se aprende en el Camino. La gente no ha perdido humanidad cuando ve a otra gente necesitada.

Apenas descansé diez minutos y me dirigí a la piscina, en donde permanecí a la sombra de un carballo, hasta que me decidí a meterme en el agua. Problemas musculares hicieron que tuviese que volver a mi toalla y después de descansar un buen rato, retorné al albergue en donde aleccioné a todos los peregrinos sobre las bondades de la parrillada Alonso. Se hicieron corrillos y finalmente 15 de nosotros decidimos ir a cenar. El mismo restaurante se encargaría de trasladarnos sin cargo alguno.

Mientras tanto, Isa, que veía que apenas podía andar, se decidió a intervenir y tomando una aguja e hilo, se dispuso a agujerear mis ampollas bajo la atenta mirada de David que hizo de reportero para la ocasión. (¡envíame las fotos!). Un desinfectante y de regalo unos hermosos parches para el día siguiente. Dios se lo pagará. Me dejó seminuevo. Sería milagroso que me dejase nuevo.

Tomé la decisión de ir a despedirme del farmaceútico, a pesar de la distancia y de los dolores. Le agradecí sus atenciones y me permití en compensación ofrecerle dos consejos que recibió con gratitud, de tal modo que a los pocos minutos estaba yo dentro de su rebotica, en donde intentaba, sin ningún rubor, enseñarme sus cuentas. No me pareció oportuno por mi parte hurgar en sus intimidades y con tino me disculpé, ya que me esperaban para cenar y de nuevo se ofreció a llevarme, lo que agradecí. Aún estuvimos unos minutos hablando, tocando temas de política y corrupción; lo habitual. Y nos despedimos intercambiándonos los teléfonos.

Al llegar al albergue ya se habían hecho grupitos para ir a cenar, ya que en el coche sólo cabríamos cuatro en cada viaje. Me tocó en suerte viajar con Andrés y dos compañeros suyos, uno resultó ser el “minero” de Cea y el otro un tenor aficionado, por lo visto más tarde. Cenamos Ana, Mar, Isa, David, Bruno y Aure, tres alemanes cuyo nombre no recuerdo, Andrés, sus dos amigos y tres amigas de ellos, madrileñas. Después de cenar los alemanes querían probar el orujo. Pidieron grappa. Y se pusieron de grapa hasta donde pudieron. Ya tenía nombre para los alemanes. Grappa y Froiland Grappa. Nos saludamos en varias ocasiones más durante el camino y así nos entendimos.
                                              Monumento al peregrino (Camino Francés)

Al acabar de cenar, hay que comentar que acabamos cantando rancheras.

El albergue en esta ocasión apagó sus luces a las veintidós horas treinta minutos porque la peregrinación continuaría de buena mañana. Todos los demás peregrinos había acordado alquilar un taxi para que les portase las mochilas y así poder hacer los 30 km que separan Dozón de Silleda libres de peso, obviando el albergue de Bendoiro. No me sentía con fuerzas para recorrer tanto camino y argumenté a los peregrinos que el sufrimiento de las mochilas les era indispensable para obtener las indulgencias que la Santa Madre Iglesia prometía y que los dineros que pagarían al taxi, irían mejor destinados a donativos y agua para los niños con sed. Se rieron mucho pero no me hicieron ni caso por lo que al día siguiente tendría que viajar de nuevo sólo. Lo que no me preocupó demasiado, la verdad. Es indispensable que al menos una de las etapas se realice en soledad absoluta. Tampoco penséis que podréis pensar demasiado, el dolor no os lo permitirá. Pensaréis en llegar cuanto antes y descansar.



Orense a tantos de tantos del Jacobeo.