A mí me caen bien los catalanes. Son listos como ajos, que
decía mi santa abuela.
Hace unos días leía que en Cataluña, en los libros de
texto de los colegios, nombran a España
para desacreditarla y las más de las veces ni siquiera la nombran. También leía
que se exageran, cuando no se inventan, batallas, reinos y gestas como si se
tratara de evangelistas creando una religión. Escribí una frase afortunada en
Fisbuk en los siguientes términos: AD
HOC TRINA MIENTO. A pesar de ello, cientos de lectores ( uno, concretamente), no
me entendieron. Soy, paciente lector, muy imaginativo y no puedo dejar de
imaginarme el modo en que en algunas tierras se acreditan los hechos. Os lo
contaré a la par que explico, sin asomo
de duda, qué significa exactamente la frase en cuestión.
Ad Hoc. Es una expresión latina que significa “para esto”.
El trino es el canto del pájaro.
Miento, es eso. No decir la verdad.
Es fácil saber con estas premisas cómo se acreditan hechos
en algunos lugares; “para esto” se toma
un pájaro y un prohombre o un conjunto de prohombres o un grupo de
funcionarios, prestos a inclinarse y a escribir la verdad condicionada. Hoy día
es más fácil encontrarlos que un pájaro
que trine. Porque no vale cualquier pájaro. Ha de ser un pájaro de bello plumaje,
un ídolo entre todos los pájaros, un pájaro arco iris, inmarcesible al
desaliento cantor. Pongamos un jilguero. Una vez conseguidos se hace trinar, al
pájaro, bajo diversos estímulos y se consigue que los prohombres o funcionarios
escuchen, también bajo estímulos, la inacabable melodía canora. El prohombre,
los prohombres o los probos funcionarios elegidos al “azar” habrán de quedar
prendados de las dotes cantoras del jilguero, o del ruiseñor, hasta tal punto
que preñados de orgullo patrio, no tengan más remedio que manifestar sin asomo
de duda que el ave trina en catalán. Los
prohombres escriben en el libro, los niños leen y se empapan de las bondades
de su bella tierra en donde nace trigo sin haberlo sembrado, y emocionados por el detalle que ha tenido el jilguero para con
ellos.
Y me diréis, pero hombre,
están los mayores que han de utilizar su responsabilidad para evitar que los
niños se crean ciertas cosas. Y una butifarra! Los mayores, que han viajado
mucho y seguramente han leído aquel letrero que figuraba en algunos autobuses
de una compañía catalana; no hable con el conductor, qué gana, permanecerán en un suave letargo, esperando
acontecimientos y pensando que si a los niños no les hace mal creer en Papá
Noel, ni en los Reyes Magos, ni en la mona de pascua, porqué habría de
afectarles creer en algo que han escrito prohombres inclinados? Por otra parte,
para qué esperar a que algún malnacido español declare en alguna revista
científica que los jilgueros son unos y trinan y lo hacen en castellano? Hay
que adelantarse a los acontecimientos y si hay que fundar una academia de trino
catalán, se funda y prou!
Así las cosas, en unos años los niños catalanes se
manifestarán como los más felices del mundo, porque viven en un país en donde
incluso los pájaros trinan en catalán y si no es así se traduce y se acabó el
problema.
Y esto es lo que quería decir con aquella frase de AD HOC
TRINA MIENTO. Opino que todas y cada una de las palabras cobran su exacto
sentido y son claras y rotundas, salvo por el pequeño detalle de que no están
escritas en catalán.
En Orense a tantos de tantos y 30 grados.





Esta misma mañana, rebuscando en un archivo diocesano nombres de ascendientes, un nombre me llevó a otro y éste al de más allá. Un anciano que estaba detrás de mí y me oyó pronunciar el nombre del personaje que buscaba (un egregio filósofo, al que intentaba entroncar con mi abuelo) me indicó en dónde debería buscar ese apellido; provenía, dijo, de tal pueblo, a la derecha de Vilardevós, subiendo. Imagine a un jugador de quinielas, que con trece aciertos en la mano, espera, pegado al transistor, el resultado de la casilla catorce; así pasaba yo las hojas de aquel legajo, a punto de deshacerse como la ceniza de un puro. Casi temblando dí con la relación que buscaba. Había coincidencia en el padre y en la madre. Incluso los padrinos de bautizo del filósofo y de mi abuelo eran los mismos!
Atienda, que ahora viene lo interesante.
Me levanté para hacer partícipe al anciano de mi descubrimiento e imagine mi sorpresa cuando a la vista del nombre del padrino apostilla sin inmutarse: este nombre sale en el libro de Silvio Santiago. Pásmese!
Ese libro, Vilardevós se titula, y que seguramente usted conoce, aunque espero que no, para que tenga algún sentido toda esta verborrea, lo agencié yo al descuido en la librería de una amiga de Santiago, quien finalmente optó por la donación. No era El Capital, no era Los hermanos Karamazov; era Vilardevós!
Mi sorpresa fue doble; que conociese el libro y que recordara el nombre de alguien sin nombre. Me levanté disimulando mi excitación, me despedí del anciano cortésmente, le pregunté su nombre, Ramón, y me dirigí a casa en busca del librito verde temiendo no encontrarlo. Allí estaba. Busqué el nombre en cuestión y efectivamente, se trataba de un castellano de carácter fuerte que no merece más espacio. Sí lo merece en cambio lo que descubrí y que espero sirva para que usted me perdone este manifiesto abusivo; hay un capítulo entero en el libro dedicado a Juan Tallón!
Se trata seguramente de un antepasado suyo. Por dios, que así sea o no me perdonaría jamás esta temeridad. La verdad es que el capítulo, en sus manos se convertiría seguramente en una gran novela. Su “antepasado” tiene carácter y determinación.
Si por algún motivo, no se me ocurre cual, no sabe del libro, con sumo placer le hago llegar el capítulo de la manera habitual en estos tiempos.