jueves, 14 de enero de 2016

El bebé de Bescansa, no descansa.






                                                    

En el  debate del bebé de la señora Bescansa, yo no estoy de acuerdo ni con una postura ni con la otra. Y con eso debería dar el post por concluído, pero abundaré en razones.
Yo jamás me atrevería a llevar a un bebé a sitio semejante, en primer lugar porque un niño es muy sensible y hay que educarlo en buenas costumbres desde la más tierna infancia. Y es sabido que en ese lugar la gente discute, se grita, se insulta, duerme, juega a toda clase de juegos, vota con el pie y con las manos, en fin que el pobre bebé saldría muy perjudicado de una sola sesión del Parlamento. Porque…qué ocurriría si alguna señoría, lo que es más que probable, lanzase un exabrupto a su mamá en plena euforia de amor rival?¿Cómo crecería ese niño sabiendo que en tan sagrado lugar, en donde la gente representa a otra gente y cobra bien por ello, para que esa otra gente pueda tener derecho a buscar trabajo y si no lo encuentra, emigre a Alemania, cómo crecería digo sabiendo que lo más granado de nuestra sociedad se levanta de sus hoteles de muchas estrellas, estresado, y se pone a gritar en medio del sueño del bebé…? Eso son malos tratos de libro. Y la madre, corresponsable.
Más digo;  ¿Qué ocurriría en la incipiente mente del bebé, en su delicada masa encefálica si alguna señoría, en un arranque de patriotismo parcial y raquítico gritase un Visca Catalunya lliure y Puigdemont? Ese niño, paréceme, quedaría perjudicado en su libertad personal para siempre, sufriendo en sus entendederas un empuje vertical y hacia arriba, semejante a la potencia del grito separatista, salvo que por alguna casualidad probable, alguien, en un impulso insuperable de justicia patriótica, desde la otra esquina del hemiciclo gritase: Viva España, coño! En cuyo caso, no puedo responder de la capacidad cognoscitiva futura del neonato; tal dualidad es de una insuperable asimilación.
Todo ello sin menoscabo de la posibilidad, real como el hemiciclo mismo, de que el niño, con sus berridos de bebé iracundo, sacuda de su letargo “morfeico” a alguna señoría trasnochadora o trasnochada, o que la misma u otra señoría despierte al bebé con sus iracundos gritos o con sus guturales ronquidos. En cualquier caso, los daños para el bebé de la señora resultarían a todas luces irrecuperables.
Por todo ello y por más cosas que en este momento no se me ocurren, si yo hubiese tenido el gusto de ser el padre del niño de la señora Bescansa, nunca le hubiera aconsejado que lo pasease por esos andurriales.

En Orense a tantos de tantos. 


lunes, 7 de diciembre de 2015

Su Eminencia Serenísima.




                                               

El  abuelo H no era un hombre letrado, pero sí  un hombre de mundo. Recorrió varios países, incluyendo Cuba con ocasión de aquella guerra de infausto recuerdo. Tuvo hijos de tres mujeres distintas, y cuentan que de ninguna de ellas se oyó jamás un reproche hacia el mancebo, sino todo lo contrario. Un corazón grande el del abuelo H.
El abuelo H podría ser cualquier cosa, pero no era un mentiroso.  Contaba unas historias que por lo raro y por el modo en cómo las vivía no podían más que ser ciertas, aunque no siempre cabales y que a mí me entretenían mucho.
Por eso no dudé en creerlo cuando me contó esta sencilla historia que aconteció en su pequeña aldea.


Aunque pequeña, había dado significados prohombres. Uno de ellos, obispo de una gran ciudad a la sazón, quiso pasar unos días de descanso en aquella aldea perdida de dios, en  cuyo seno había venido al mundo.
Cuenta el abuelo H que estando el obispo un día paseando por los alrededores, se encontró con Dositeo,  un hombre libre, al que todos consideraban necio y displicente y que paseaba desde hacía 40 años por el pueblo sin más obligación que la de recoger de madrugada las ovejas de los vecinos y devolverlas al atardecer intentando no perder ninguna por el camino, tarea que no siempre se presentaba fácil de conseguir, debido a la escasa erudición de los ovinos y al ingente número de lobos que por entonces merodeaban por el contorno.
Quiso el Sr. Obispo pasar un rato agradable a costa del pastor, y en cuanto llegó a su altura, concediéndole la bendición divina y cuarenta mil indulgencias para la cena,  le preguntó:
-           Buenos días, hijo mío, Dositeo, tú, que eres un andariego de postín y  hombre entendido en bancales,  cuántos cestos de tierra crees que contiene aquel montículo que se ve allá arriba?
Dositeo se quedó mirando durante unos segundos el montículo que señalaba el prelado, miró al prelado, de nuevo al montículo y con la vista baja contestó:
-          Eminencia Serenísima, Ilustrísimo Sr. Obispo, si el cesto es mayor aún no lo llena.

Fuese el obispo corrido, y cuenta el abuelo H que desde ese día no se volvió a ver a su serenísima por aquel pueblo perdido de dios en una loma del Valle de Monterrey.


Orense a tantos de tantos.


jueves, 26 de noviembre de 2015

La Hija del Txakurra

El día que conocí al escritor José Alfonso Romero P. Seguín, ya lo había conocido. Fue en casa de Alfredo García Francés (garciafrances.blogspot.com). Recuerdo que me llamó la atención el intercambio de comentarios entre ambos escritores. Literatura brillante, inteligente y respetuosa. Me aficioné a ambos blogs y entablamos cierta amistad a distancia, que en el caso del escritor García Francés se truncó muy a mi pesar, por algún motivo que aún desconozco. Me dí cuenta que ya había conocido a José Alfonso, porque había leído alguna de sus columnas en un periódico de Galicia. Tenía dudas acerca de su identidad, pero su estilo me resultó inconfundible; profundiza en 1440 caracteres en cualquier hecho, llegando al meollo del mismo sin activar ni una sola crítica que desprestigie su visión sobre el asunto. Uno, escribe de cuando en cuando para entretenerse y plasmar sobreel papel-pantalla el desasosiego de cada día. Sus comentarios sin embargo, enriquecen cualquier escrito. Los guardo con gran cariño y consideración. Posteriormente supe que había estado prestando servicio de Guardia Civil en el País Vasco en lo más crudo de la lucha contra ETA. Y no me resultaba fácil asimilar la imagen de hombre sensible y escritor profundo con aquel hecho. Ahora ha escrito un libro sobre los trágicos sucesos acaecidos durante los años que vivió el terror de ETA y de los que fue protagonista en primera fila. Por él desfilan con sus nombres, los compañeros caídos en acto de servicio a muchos de los cuales ha tenido que velar con la esperanza de que nadie se empeñase en rematarlos. "...Si bien es cierto que no son pocas las veces que he imaginado que tal vez aquel inesperado comportamiento nos salvó a ambos de morir en aquella sala. Porque los terroristas nos sabían por pares y allí solo estaba el "nones" de turno, sin su par, por lo que no le salían las cuentas, y en esa duda es posible pensar que decidieran abandonar sus fúnebres planes." La Hija del Txakurra, no es una novela. Es la biografía de lo trágico, la memoria de la sinrazón de unos hechos que se tatuaron en la memoria de los españoles de una manera indeleble, para olvidarlos rápidamente. Es a la par la constatación de lo que unos seres humanos, nunca bien ponderados, y a quienes el tricornio no priva de humanidad, pueden soportar sin perder la razón, acosados por la falta de medios y por la incomprensión de prácticamente todos los estamentos, y tratados como apestados por la sociedad a la que intentaban defender. La Hija del Txakurra, no obstante, no pretende saldar estas deudas, sino que desde la reflexión más dolorosa, desde el pragmatismo más sincero, desde el "vértigo",nos enfrenta con nosotros mismos,víctimas en potencia, y nos muestra el fruto del rencor de aquellos años en que en una sociedad avanzada, unos iluminados truncaban vidas como se tomaban unos potes. Y unos hombres, casi inermes, huérfanos de todo calor, intentaban impedirlo. Ellos son las primeras víctimas. "Los relatos se ajustan a la realidad solo en el vértigo de los asesinatos y los nombres de quienes los sufrieron, quedando el resto supeditado a la fascinación que nos provoca lo trágico y al terrible desasosiego imaginativo que quien los narra." (Jose A. Romero P. Seguín)

lunes, 6 de julio de 2015

Desde mi ciruelo. La respuesta.

Es curioso como se producen los acontecimientos. Siempre había oído que los grandes descubrimientos han sido fruto de la casualidad. También algunos pequeños. Lo he comprobado el último domingo en mi persona, desde lo alto de mi ciruelo, pleno de frutos amarillos, añado, para que no haya ninguna sonrisita socarrona, y en una precaria estabilidad, con mi pierna derecha en una rama y la izquierda en otra hermana del mismo tronco. Un lugar adecuado para pensar en profundidad. Y estaba justamente pensando en la inquina que desde tiempos inmemoriales vengo observando en los obreros contra sus patrones. Y no hallo motivo. Los patrones, los empresarios, los jefes, desde siempre les han dado trabajo, tranquilidad económica, sustento y respeto. ¿Porqué entonces, me pregunté cambiando el pie izquierdo a otra rama más consistente, esa inquina que demuestran a menudo los obreros para con los empresarios…? Las respuestas no siempre sobrevienen de razones encendidas, ni de argumentos retorcidos; a menudo son sencillas y están en la naturaleza. Y allí estaba mi suegra con la respuesta que me había costado encontrar al menos 55 años. Afinqué el pie derecho en el tronco y el izquierdo en la rama más gruesa y observé el cariño con que mi suegra le hablaba a las gallinas; les susurraba palabras que me parecieron de amor, gestos delicados abriendo los brazos y queriendo acompañarlas, en un amplio abrazo, a sus aposentos de madera y paja sin que se sintieran violentadas. Permanecí así un rato observando la escena hasta que entró en liza una especie de perro que más que guardar la finca, la expolia pisando y maltratando cuanto fruto encuentra a su paso. Y ahí es a donde os quería llevar. Dejadme que cambie los pies de rama antes de que se adormezcan. Los gritos y amenazas de mi suegra hacia el perro, resonaban como truenos en la calurosa tarde de verano. Insultos de grueso calibre que casi me hacen perder el equilibrio de las carcajadas en lo alto del ciruelo. Una vez que se tranquilizó, le pregunté; - Pero mujer, cómo es que trata con tanto cariño a las gallinas y con tan poco al perro? Siempre admiré la filosofía de los pueblos, en donde todo está supeditado a lo sencillo, a la verdad sin tapujos, a la realidad viva del día a día. Gente que por fortuna ya no, pero que durante muchos años ha tenido que vivir de lo que recogía de la tierra. Gente sin más retorcimientos que la tela de la pañueleta con la que se protegían del inclemente sol de agosto. -As pitas poñen huevos e non me foden a finca. (Las gallinas me dan huevos y no me joden la finca) i este carallo non fai más que foderme. (Y este jodido, no hace más que joderme) - Pero mujer, guarda la finca y le hace muchas carantoñas. - O carallo, fódeme mais que me favorece. ( El ****** me jode más que me beneficia) - Usted le tiene manía al perro… - Por algo será! Yo no sé si queda clara la conclusión que ha de sacarse, aunque advierto que habrá que poner algún límite al perro, al tiempo que hacer comprender a mi suegra que ha de saber convivir con los animales. Sus instintos non se perderán fácilmente. Lo suyo es campar libremente, sin trabas, sin cortapisas. O tal vez no. Coño, creí que había resuelto el dilema y me han vuelto las dudas. En Orense a tantos de tantos, en domingo.

miércoles, 3 de junio de 2015

La corrupción y la zapatilla.

No es únicamente en la política. Se ha implantado la corrupción en todos los estamentos sociales.; La Iglesia, el Estado, la empresa privada, la empresa pública, la Fifa, la fórmula Uno, la imposición directa y en la imposición indirecta, incluso cuando razonamos nos hacemos trampas. Y a veces, mientras wasapeamos con el grupo o discutimos en Facebook, todos hemos intentado buscar las causas de aquella pandemia. Al cabo de unos minutos seguimos wasapeando y desistimos del intento. Pero para qué están los amigos sino para indicaros por donde van los tiros y para que no tengáis que pensar mucho. Veamos. En mi infancia, mi madre me recordaba cada día que no debía tomar nada que no fuese mío; si necesitaba cualquier cosa debería pedirla convenientemente y pagar. La mataría del disgusto si llegase a saber del mínimo latrocinio.Permitidme aquí un inciso; cuántas madres habrán muerto del disgusto en los tiempos que corren. Fin del inciso. Un día me olvidé de pedirle permiso al Sr. Trinitario, por no despertarlo de la siesta, y me subí al cerezo, atraído por el color vivo de la fruta en su punto máximo de esplendor. Pero el cabrón tenía trampas en forma de botes llenos de piedras y atados con cordeles que al mover las ramas sonaban como campanas de hojalata. Y se despertó. Y me persiguió por medio pueblo, aunque no logró su objetivo. Pero la noticia llegó a su destino y mi madre ya me estaba esperando con la zapatilla. La zurra que me propinó no me compensó de la excitación que me supuso examinar mi reconocida capacidad de trepar por los árboles. Y nunca más volví a trepar al cerezo de Trinitario. Mano de santo. Sin embargo, una noche, Pepe o Gallego, que había servido en la compañía de Operaciones especialas (Coes) también llamada “Guerrilleros” y se aburría mortalmente en aquella tranquila aldea, nos engatusó para salir de marcha nocturna por las orillas del río hasta la granja de conejos, con el loable fin de aligerar el número de ellos y que ganasen espacio. Se pertrechó de cuerdas y artilugios varios para pasar el río y nosotros, apenas niños, le seguíamos exultantes en dirección a una vergüenza segura; en mitad del camino oímos voces. Eran de gitanos que habían tenido la misma idea, pero eran tres y muy feos. No recuerdo quién de nosotros comenzó primero a correr desandando lo andado, pero todos aparecimos en la llanura donde el río se despeñaba, camino a casa. En la alocada carrera, además del orgullo había perdido un zapato y como seguro estaréis pensando al llegar a casa, mi madre que se había desgañitado llamándome durante toda la tarde, me compensó con la zapatilla. Y nunca volví a pensar en robar conejos. No os cansaré más, simplemente aclarar que a cada mal paso de infancia, correspondía un zapatillazo amoroso. Y por más que lo intenté, no conseguí desviarme del camino recto. Es por ello que deduzco, que de la actual situación de corrupción y mamandurria son responsables las madres que no han sabido utilizar para el recto fin para el que fue creado, un instrumento tan explícito como la zapatilla que hubiese alejado de tentaciones y corruptelas a los imberbes que posteriormente se dedicarían a la política. Moraleja; madre sólo hay una y zapatillas dos. En Orense a tantos de tantos.

viernes, 10 de octubre de 2014

De abuelos y conciencias.





 He escrito una columna en el periódico.
 No importa que sea en la sección de “Cartas al director.”
 Héla aquí.



    Estimado Sr. Director:
Me llama poderosamente la anteción el hecho de que la mayor parte de políticos que son pillados en falta, afirman tener la conciencia tranquila.
      Permítame por ello compartir con usted el dolor de no haber podido conocer a mi abuelo paterno, hombre probo, intelectual republicano y hábil "conseguidor" según he podido deducir con el tiempo. En compensación compartiré la satisfacción que me ha proporcionado  poder conocer y convivir, aunque no tanto como ahora me hubiese gustado, con mi abuelo materno, hombre analfabeto, trotamundos y follador incansable según testimonios de toda credibilidad. Ha tenido mi abuelo hijos de varias mujeres y jamás se ha podido saber que ninguna de ellas  profiriese  frase negativa alguna en su contra; antes por el contrario se trataban cordialmente entre sí. Con él he saboreado historias rocambolescas, hechos casi sobrenaturales tenidos por ciertos y filosóficos refranes llenos de sabiduría, prudencia y buen humor. De todos ellos quiero regalarle a usted y a sus numerosos lectores uno, que encierra un compendio filosófico digno de un enciclopedista y que por actual, por entender de hechos y nombres recientes se comprenderá en toda su sencillez; y lo diré en gallego, tal como él solía repetirlo: A CONCIENCIA E VERDE E COMEUNA UN BURRO.
Y es que nada como una sencilla frase para enaltecer a un hombre sencillo que solía confesar a menudo que la mitad del mundo está para joder a la otra mitad.

Respetuosos saludos.

C.L.S

Ourense

lunes, 22 de septiembre de 2014

Svejk




                                                    EL BUEN SOLDADO SVEJK



" .- Limpiará los retretes  o no?
.- A sus órdenes, no limpiaré los retretes.
. Por supuesto que los limpiará, voluntario!
.- A sus órdenes, no lo haré.
.- ¡Maldita sea, no limpiará uno sino cien!
.- A sus órdenes, no limpiaré ni cien retretes ni uno!
Y venga a darle vueltas a la misma cantinela: “Limpiará.” “No limpiaré”. Los retretes iban de un lado a otro como si fuese una canción infantil. El coronel corría por el despacho arriba y abajo como poseso; al final se sentó y dijo: “Piénselo bien, lo enviaré ante el tribunal de la división por insurrección. No crea que será el primer voluntario de un año que es fusilado en esta guerra. En Serbia colgaron a dos de la compañía 10 y fusilaron como a un cordero a uno de la 9. ¿Quiere saber por qué? Por su testarudez. Los dos que colgaron se negaron a apuñalar a la mujer y los hijos de un guerrillero búlgaro junta a Savac y al de la 9 lo fusilaron porque no quería avanzar y se excusaba diciendo que tenía los pies planos y que se le hinchaban. Y bien, limpiará los retretes o no?
.- A sus órdenes, no.
El coronel me miró y dijo;
.- Oiga, es usted eslavófilo, por casualidad?
.- A sus órdenes, no lo soy.
Luego me llevaron y me comunicaron que me acusaban de insurrección.
.- Lo mejor- le aconsejó Svejk- es que te hagas pasar por idiota. Cuando estuve arrestado en el cuartel  había entre nosotros un hombre muy inteligente y culto, un profesor de la escuela de comercio. Había desertado del frente y tenían que hacerle uno de aquellos célebres procesos que se instruían para que sirviesen de escarmiento. Pues él se libró de la horca de una manera muy sencilla. Fingió que tenía una tara hereditaria y cuando lo examinó el médico de la plana mayor le dijo que no había desertado, que desde la infancia le gustaba mucho viajar y que de vez en cuando le sobrevenía un deseo irrefrenable de desaparecer, de ir a algún lugar lejano.
…que su padre era alcohólico y se había suicidado antes de que él naciera, que su madre era prostituta, bebía mucho y había muerto de delirium trémens. Su hermana pequeña se había ahogado y la mayor se había arrojado bajo un tren, su hermano se había tirado del puente de ferrocarril de Vysehrad, el abuelo había asesinado a su mujer, la otra abuela rondaba con los gitanos y se había envenenado en la cárcel con cerillas, uno de sus primos había sido condenado varias veces por incendiario y se había cortado las venas del cuello con cristales en la prisión de Kartouzy, una prima por parte de su padre se había tirado del sexto piso en Viena y su propia formación había sido muy descuidada,  no había aprendido a hablar hasta los diez años porque cuando tenía seis meses, un día, mientras le cambiaban los pañalesle pusieron  sobre la mesa y se alejaron un momentoy mientras tanto un gato le hizo caer y él se dio un golpe en la cabeza; a partir de entonces de vez en cuando tenía fuertes dolores de cabeza y en esos momentos no sabía lo que hacía; cuando se fue del frente hacia Praga se encontraba en aquel estado y no volvió en sí hasta que la policía militar lo detuvo en la cervecería U Fleku. Dios, tendríais que haber visto qué contentos estaban de dejarlo marchar del ejército. Y unos soldados que estaban con él entre rejas, por si acaso, se apuntaron a su historia más o menos de esta manera:
                                 Padre alcohólico. Madre prostituta.
                                 Primera hermana (ahogada)
                                 Segunda hermana (Tren)
                                 Hermano (Desde el puente)
                                 El abuelo, la mujer, petróleo, se quema.
                                 Segunda abuela (gitanos,cerillas, etc)
Y cuando uno de ellos comenzó a explicar esta historia al médico militar, no consiguió llegar más allá del primo y como ya era el tercer caso, el médico le interrumpió diciendo: “sí, hombre, y su prima por parte de padre se tiró desde el sexto piso en Viena, has recibido una formación muy descuidada, así que el reformatorio te irá de perlas.” De modo que allí lo llevaron, donde le molieron a palos y se le pasó la formación descuidada y el padre alcohólico y prefirió alistarse en el ejército como voluntario.”
.- Hoy,- dijo el voluntario de un año- en el ejército ya nadie cree en las taras hereditarias porque entonces habría que encerrar en el manicomio a todos los oficiales del Estado Mayor."

Recordando al héroe. En Orense a tantos de tantos.



                                             

domingo, 18 de mayo de 2014

Menos plato y más zapato





Mi amigo está en esa edad indefinida en la cual necesita, como los automóviles, revisiones periódicas que eviten los picotazos indeseados de todos esos monstruos que atacan lenta pero inexorablemente la salud de los  humanos; hipertensión, colesterol, ácidos y todo el sinnúmero de monstruitos de nombres esdrújulos.

Me contaba mi amigo que hace dos meses la doctora de familia que le consulta, mujer atenta y concienzuda, le miraba con una mirada diferente. No, no es esa mirada. Era otra mirada. Leía los papeles y levantaba la vista hacia él. De nuevo a los papeles. La doctora, mujer concienzuda, ya lo dije y de pocas palabras, le espetó mientras escarbaba en su ficha del ordenador: "poco plato, mucho zapato."
Le pesó, le midió el abdomen y le tomó la tensión y de nuevo le repitió; ya lo sabe, poco plato, mucho zapato.


Dice mi amigo- no hay peor paciente que el que no quiere sanar- que al salir le pidió a su mujer que en adelante usara el plato pequeño para cenar. Dos platos pequeños. En cuanto tuvo ocasión se compró también unos magníficos zapatos. Dos números más de lo que necesitaba. Mucho zapato. Que no sea por zapato.
Al mes siguiente al volver a la consulta  notó que la mirada de la doctora, mujer concienzuda, atenta y docta, valga la redundancia, era mucho más seria. Le pesó, le midió, le tomó la tensión y se sentó enfrente de la pantalla volviendo a hurgar en las coordenadas de sus intimidades médicas.
La doctora, mientras paseaba por la pantalla entre números, percentiles y ratios varios le hablaba en voz baja y tono alto; parece ser que no consiguió usted dar con los zapatos adecuados, ni con la vajilla pequeña. Si en un mes no leo mejores noticias, tendremos que tomar algunas medidas.
Mi amigo ya no se anduvo con bromas. Esa misma tarde reparó la bicicleta y se propuso hacer al menos una hora al día de deporte. Y comer menos. Eso era. Un sólo plato pequeño.

Aunque  fuese preciso salir una hora antes de trabajar. Y ya pensó en la contradicción: más tiempo de vida y menos dinero. Porque mi amigo hace tiempo que barrunta que los que vienen no van a conseguir pagar las pensiones de los que pronto seremos mayores. Mejor no decir nada, no sea que el gobierno despida a los médicos responsables y contrate robots que te digan: "usted-ya-ha-utilizado-todos-los-recursos-que-le-correspondían. Mu-é-ra-se.
Me he ido del hilo. Me contaba mi amigo que finalmente, con tres kilos menos, se presentó  ufano ante la doctora que esta vez sonrió, sin duda pensando: "a éste he conseguido asustarlo. De momento no lo pierdo de paciente."
 Dice mi amigo que aún queda la prueba definitiva. Rebajar todos los índices que rozan la denostada línea roja.

Si me lo cuenta, os lo cuento.

En Orense a tantos de tantos.


jueves, 10 de abril de 2014

El ego y el diletante.



                                                        
                                                  
                  

-          C: No sé si fiarme de las nuevas tecnologías, chaval.
-          E: ¿Por qué lo dices? Fíate!
-          C: Si he de hacer caso al marcador de mi blog, más de cien personas entran a diario a leerme.
-          E: Eres muy optimista, el que entren no significa que te lean.
-          C: Deberías ser más condescendiente conmigo y darme  ánimos.
-          E: Es más, si entran cien personas y sólo comentan diez, quiere decir que 90 no encuentran interesante lo que escribes.
-          C: Pues sí que me ayudas. Algo no va bien, si piensas eso. Seguramente haya una explicación para ese fenómeno. La gente es tímida.
-          E: Sin duda que hay una explicación. Fácil. Son los mismos diez que entran diez veces.
-          C: Hombre, eso es halagador, que haya diez personas que puedan estar pendientes de mis letras. Lo prefiero a  resultarle indiferente a 90.
-          E: Pues quédate con ese dato, antes de empezar a pensar que es una sóla persona que entra cien veces. Eso podría ser peligroso. Podría rayar en el acoso cibernético.
-          C: Me quedaré con ese dato. ¿Has comprobado cómo la gente se agrupa al calor de las ideas semejantes?
-          E: Lo he comprobado. A la gente le gusta recibir halagos, le gusta que le bailen el agua, no le gusta que le contradigan. A ti tampoco, supongo.
-          C: Estás en un error, no me importa que alguien con autoridad,  que me razone la contrariedad, me contradiga. Soy razonable con las razones.
-          E: Menudo trabalenguas!
       Es que, resulta que el mundo del blog es una especie de mini-editorial, en donde cada cual es su propio redactor jefe y asume la ideología que ha mamado.
No venimos a este espacio a razonar sino a llenarnos de razón. A dar fe de nuestra existencia. A alumbrar frases oscuras. A reafirmarnos con testigos.
-          C: No estoy de acuerdo. Hay blogs dignos de ser leídos. Nada sectarios y muy didácticos. Blogs que no imponen, que insinúan, que enseñan, que deleitan, que razonan. Que piensan. Cierto que hay otros que deleitan, con cierto sesgo. Y algunos sesgados que no deleitan más que a sus acólitos. Son blogs ideológicos. Todos muy dignos, su lectura es libre y voluntaria. 
-          E.- Bueno y tú ¿ a quién buscas convencer?
-          C.- Hace tiempo que conozco que no es posible convencer a nadie, salvo que pienses como él. Quien nace zurdo, difícilmente alcanzará la perfección con la derecha. Es preciso esforzarse mucho y la gente no está dispuesta a hacer esfuerzos. Es más fácil abandonarse suavemente por la pendiente de la comodidad. Ésta es la sociedad de la molicie. Ganar mucho haciendo poco. Al hilo de esto, hace días leía a un escritor con mayúsculas, de esos que aún no han publicado (creo) porque a la gente nos interesan más las insípidas aventuras del mago Potter que algo que nos haga pensar. Es un texto corto, pero intenso que acaba así: “….El bienestar, el equilibrio, la abundancia, nos llevó a la molicie y a la estupidez. Veremos si las dificultades con las que arranca la década producen en nosotros ese cortocircuito necesario que nos lleve, como en otros momentos de la historia, a la inteligencia.” (Antonio Romero).


-          Ego de C: Bien, todo esto que tiene que ver con tus cien lectores?
-          C: Nada, simplemente pensaba en voz alta, buscando tu halago.
-          Ego de C: Pues ya lo tienes: Las palabras en negrilla te han salvado la puesta, gallina!





Orense a tantos de tantos. ( 2 años ha)