viernes, 25 de noviembre de 2016

Yo escribí en el blog de Juan Tallón!



  1. (Esto escribí en contestación a un artículo suyo titulado: "Escritor, destrúyelo todo."
  2. No se debe destruir nada. Nunca se sabe qué puedes encontrarte en el libro menos pensado. Siga leyendo, puede ser de su interés.
    Esta misma mañana, rebuscando en un archivo diocesano nombres de ascendientes, un nombre me llevó a otro y éste al de más allá. Un anciano que estaba detrás de mí y me oyó pronunciar el nombre del personaje que buscaba (un egregio filósofo, al que intentaba entroncar con mi abuelo) me indicó en dónde debería buscar ese apellido; provenía, dijo, de tal pueblo, a la derecha de Vilardevós, subiendo. Imagine a un jugador de quinielas, que con trece aciertos en la mano, espera, pegado al transistor, el resultado de la casilla catorce; así pasaba yo las hojas de aquel legajo, a punto de deshacerse como la ceniza de un puro. Casi temblando dí con la relación que buscaba. Había coincidencia en el padre y en la madre. Incluso los padrinos de bautizo del filósofo y de mi abuelo eran los mismos!
    Atienda, que ahora viene lo interesante.
    Me levanté para hacer partícipe al anciano de mi descubrimiento e imagine mi sorpresa cuando a la vista del nombre del padrino apostilla sin inmutarse: este nombre sale en el libro de Silvio Santiago. Pásmese!
    Ese libro, Vilardevós se titula, y que seguramente usted conoce, aunque espero que no, para que tenga algún sentido toda esta verborrea, lo agencié yo al descuido en la librería de una amiga de Santiago, quien finalmente optó por la donación. No era El Capital, no era Los hermanos Karamazov; era Vilardevós!
    Mi sorpresa fue doble; que conociese el libro y que recordara el nombre de alguien sin nombre. Me levanté disimulando mi excitación, me despedí del anciano cortésmente, le pregunté su nombre, Ramón, y me dirigí a casa en busca del librito verde temiendo no encontrarlo. Allí estaba. Busqué el nombre en cuestión y efectivamente, se trataba de un castellano de carácter fuerte que no merece más espacio. Sí lo merece en cambio lo que descubrí y que espero sirva para que usted me perdone este manifiesto abusivo; hay un capítulo entero en el libro dedicado a Juan Tallón!
    Se trata seguramente de un antepasado suyo. Por dios, que así sea o no me perdonaría jamás esta temeridad. La verdad es que el capítulo, en sus manos se convertiría seguramente en una gran novela. Su “antepasado” tiene carácter y determinación.
    Si por algún motivo, no se me ocurre cual, no sabe del libro, con sumo placer le hago llegar el capítulo de la manera habitual en estos tiempos.
    Mil perdones.


lunes, 17 de octubre de 2016

El ánima Peregrina

                                                     



 “Presa quedó mi ánima de los misterios del Camino.”

Non quiero atribularos en exceso con el trágico acontecer de mi pasamiento a la otra vida; ocurrió y nada me ha de devolver al mundo de los vivos. Y he de alegrarme dello, ya que ningún suceder en él placer me ha proporcionado, descontados aquellos encuentros con la criada del amo, en donde yo también servía, espaciados y breves, cual coito de león. Pasaré pues sobre mi finamiento como tormenta de verano, que más ruge que humedece;  con todo, habedes saber que, de non tener sido tan trágico el momento, cómico sería.
Estaba yo esa noche algo rijoso, deseoso de hembra y ayuntamiento, cuando en la cuadra de la yegua llamada “Pacífica”, luces veo que por el olor parecen velas; las que usaba en la penumbra la jacarandosa criada. Barruntando en ello modo de sacar provecho, allá me dirijo palpando las paredes para huir del barro y la bosta de las vacas. La luz tintinea en el interior de la cuadra y doy en pensar que está sujeta por mano de Aldonza. Traspaso la puerta que se halla abierta, las manos por delante, cual ciego, por palpar cualquier obstáculo que diera en presentarse; y topé con sus nalgas. Más duras las noté que de costumbre y con más bello, como ásperas; y ya no sentí más que aquella coz que me lanzó contra la pared dando con mi cráneo en perpiaño, hundiéndome el bulbo raquídeo. Nunca me lo hubiera imaginado de la mula. Bien sabe Dios que ningún deseo libidinoso por ella albergaba; mas fecho está y allí quedé tendido. Al punto noté una luz que se acercaba y  alejaba de los mis ojos y un grito de mujer pidiendo auxilio y ya nada más sentí en esta vida.
Non habiendo fecho mérito para gozar del cielo, nin para sufrir de las penas del infierno y, en viendo que naide de mi ánima se ocupaba, decidí quedar vagando por la tierra.  De ello me congratulo pues saqué más aventuras de muerto, deambulando sin ser visto, de las que hube de vivo. Decidí al momento ameritar  el paraíso, que siempre oí fuese cosa grata de visitar una vez difunto. Y nada mejor para hacerme perdonar mis deslices de juventud que visitar al Santo Apóstol del que había oído hablar a la lumbre de la cocina a pordioseros, militares, cregos y otra gente de mal vivir, mientras viajaban al Campo de las Estrellas.
 Reinaba en Castilla la noche de mi muerte, Don Alfonso VIII, que Dios ha de tener en su gloria por haber dado matarife a miles de almohades en las Batallas de Tolosa; y en Navarra reinaba Sancho VI, El Sabio, mientras  era yo explotado por el amo por una adehala de miseria y las más de las veces por una taza de caldo acedo. De todo lo anterior, menos de mis miserias, que las viví, me he enterado en mis viajes a lo largo del Camino, oyendo fablar a las pocas gentes que en aquel tiempo por él transitaban; mayormente extranjeros, con sayos raídos, abarcas pobres y fediendo a abelmosco por haber pasado la noche entre ovejas, en el mejor de los casos.
He convivido, sin vivir, con gentes de toda condición, y en ninguno como en este  siglo en que vos relato, he conocido tales mesnadas de peregrinos, que más parece que vayan de excursión al arrollo que a besar el Santo. A muchos dellos,  la fiera mordida del rocío les atería las manos, no quedándole otra que utilizar la tibia orina que humeaba tentadora sobre la tierra helada como aliento de buey.
De todos, quien más mi atención atrajo fue un abade con quien trabé amistad, ya que captó mi presencia al acto mientras él oraba entre unas rocas. Abandonando sus rezos y plegarias, alzó la voz y dijo: “Desconozco quien eres, y el asunto  de tu penar; compañía has de darme si lo deseas, mas en silencio”.
Permaneció unos instantes en quietud, atento a los murmullos de los derredores y continuó, firme de que alguien le estaba escuchando: “Aemery soy, canciller de Papas; he atravesado varios países por venerar a San Jacques. Sufrido he penurias, he sido sometido a ilegales gabelas y portazgos en el País Vascuence, en donde sus ciudadanos no respetan las jerarquías sociales, son enemigos de la nación vecina, agresivos, impúdicos y animalizados en sus relaciones sexuales; su lengua  me infunde pavor. No así en la verde Galicia en donde abunda el pan, el vino y la sidra, sus ciudades bien pobladas y con variedad de mercancías, aunque sus habitantes sean también malos i viziosos.”

Aquel primero peregrinaje por los Santos Caminos, penetró en mí lentamente como el rocío en el musgo, de modo tal que mucho temo por la llamada para mi definitivo descanso; aunque barrunto que de mí no hagan ya memoria y obligado me vea a peregrinar por los restos. Harto costoso resultaría abandonar el rumor de los arroyos, el piar de las aves en las frescas mañanas de abril, el aullido de los lobos en procura de caza o el grato placer de andar por las límpidas aguas de riachuelos que serpentean en procura de  la mar.
                                  
Andaba yo en estas cavilaciones, cuando en la puente romana que hace de pasadera del río Bermaña, oigo el trotar  suave de una mula, a cuyo compás ondea elegantemente el cuerpo de un jinete canturreando. Al acercarse a mi altura, la mula cesó al instante en su trote, y piafando hacia donde yo en espíritu me hallaba, elevó sus cuartos delanteros dando en tierra con el cantarín caballero, que se levantó al instante sorprendido de la reacción del animal. Hablándole con suavidad y con un movimiento hábil de su mano, la arrendó a un carballo joven al tiempo que acariciaba su lomo susurrándole al oído: “Mía irmana fremosa, treides conmigo, a la iglesia de Vigo y miraremos las olas..”.
En habiéndose tranquilizado, desatola y siguió camino con el suyo canto que se me hizo ininteligible. 

Empero, claramente me llegaron las sus sosegadas palabras: “eehh, ehhh, mula…tranquila, Pacífica..”

                              

En el Camino por siempre, a tantos de tantos.




viernes, 16 de septiembre de 2016

JOSÉ ALFONSO ROMERO P.SEGUÍN





El día que el escritor José Alfonso Romero P. Seguín me ofreció presentar  su libro La hija del txakurra, en Orense, debí haber roto nuestra relación de amistad. Y no porque no me sintiese halagado, casi abrumado, sino porque tal como me excusé, apenas había escrito en mi vida un par de cartas al director, un par de relatos mal hilvanados y por supuesto, como todo adolescente que ha sido, un diario emocional de juventud que a dios gracias se habrá perdido para siempre.
Por algún motivo que desconozco, insistió en que yo era la persona adecuada, pese a todo.
Dejé pasar el tiempo con la esperanza de que se olvidase de la cuestión, pero no lo hizo. No quise defraudar su confianza y me puse con todo entusiasmo…a buscar un sustituto más digno. Vargas Llosa estaba algo ocupado y no quise molestar tampoco a Isabel para que intercediese por mí. Acudí a un célebre escritor Orensano, de proyección nacional, que tiene varios libros en el mercado y una prosa brillantemente jocosa. Es tan bueno que en la misma frase dice dos cosas contrarias y ambas parecen ciertas. Pensaba que para esa ocasión se pondría serio y aceptaría el desafío. Jugué fuerte mis cartas y le ofrecí en compensación dos excelentes botellas de licor café de mi cosecha, que imaginé no podría rechazar.  Me escribió una deliciosa sarta de excusas, que encontré sensatas, por lo que no le guardo rencor. Pero tampoco se bebió mi licor de café.
Ante el fracaso en mis negociaciones, no tuve más que remedio que ponerme a preparar yo mismo una presentación digna de tal acontecimiento; indagué en mis experiencias con el escritor, recordé nuestras charlas al amor de unas botellas de vino, nuestros intercambios epistolares en  internet y sobre todo, aspiré el halo de su escritura a través del libro cuyo borrador tengo el honor de poseer, además de la primera y segunda edición, y a través de sus colaboraciones en la prensa escrita. Trasladé todo ello a una libreta adquirida para la ocasión y que conservo, emborroné al menos 50 páginas de apuntes, marqué, señale, subrayé, borré y reescribí  palabras y frases para que quedase al menos una media hora de presentación digna. Lo tenía todo controlado. Tuve tiempo aún de acompañarlo a la radio ,en donde con toda profesionalidad nos recibió Paco González Sarria y de tomar fuerzas en un digno refrigerio que nos preparó José Luis de Pingallo, un amante de los libros, tanto que presenta la cuenta dentro de uno, que no debes llevarte a casa.
A la hora prevista, con mi libreta en la mano y una seguridad que para sí quisiera el más avezado presentador (la valentía de la inconsciencia), nos presentamos en el lugar de los hechos, en donde nos esperaba la prensa y un público entregado. Toda mi seguridad se desvaneció al instante, balbuceé durante tres minutos sobre insustancialidades, y según recuerdo, ni siquiera enumeré mérito alguno del autor de la obra. Tres minutos. El público no obstante aplaudió, tal vez agradecido por la brevedad del suplicio.
He acudido posteriormente, para escarnio mío,  en calidad de oyente, a alguna otra presentación del mismo libro en otros lugares, destacando la celebrada en la Facultad de Historia de la Universidad de Santiago de Compostela, a cargo de  los profesores e historiadores Lourenzo Fernández Prieto e Israel Sammartin B.  Resultó brillante, plena de sentido, de historia, de recuerdos, de contradicciones y “pasados incómodos”, resaltando, hasta la nada más absoluta, la realizada por mí.
No escribo esto por humildad, sino para resarcir una deuda que contraje con el escritor José Alfonso Romero P. Seguín, que ha tenido a bien colocar en la solapa de su segunda edición una frase mía, que le dediqué en mi blog, presentándome él con mi profesión y la palabra “escritor”.
No quiero dejarlo por mentiroso y tal como hizo Silvio Santiago con su libro Vilardevós, que escribió para no dejar por mentirosa a su hija, quien en la escuela había comentado que  su padre era escritor, le dedico este humilde recuerdo, mediante el cual espero se perdone por la osadía de haberme tildado de algo que estoy muy lejos de parecer y  mucho menos de ser.





Eso sí, aprendo día a día y tal vez uno, que por ahora parece lejano, tengas, escritor, que venir a presentarlo. Se titularía; No somos nadie, pero tenemos amigos importantes.


En Orense a tantos de tantos.

martes, 28 de junio de 2016

El hombre es un Brexit para el hombre.



                                                   

  
  •    Esta nadería que escribe, no tiene conocimientos suficientes, ni filosóficos ni históricos, para discernir si Cataluña tiene derechos suficientes para independizarse tomando las de Villadiego con armas y bagajes. Pero cada vez más a menudo sospecha que los catalanes se están inventando razones para distanciarse de sus hermanos, o primos, del Estado español. Están cayendo en una especie de trance en donde cualquier idea encaminada a odiar a España, prende con fuerza como prende la treixadura en la tierra del Ribeiro. Lo último que he oído en varios de ellos, que aún conservo como amigos, es que quieren fugarse de España porque aquí somos unos desalmados que votamos a corruptos. Y no diría yo que no, pero antes de decirlo quiero hacerles ver a mis amigos catalanes algo de lo que tal vez, debido a su inconmesurable amor por Cataluña, no se han percatado.
  • Comienzo: Convengamos como referencia, con permiso de jueces y fiscales, que el PP es un partido corrupto; sin duda tendremos que convenir que CDC también lo es, por idénticos motivos. 
  • En España hay un censo de votantes de 36.518.100 personas, entre residentes y no residentes. 
  • En Cataluña hay un censo de votantes de 5.555.199 personas, entre residentes y no residentes
  • En el "territorio Nacional" han votado al PP 7.906.185 personas, lo que significa el 21,6% del total del censo con capacidad de votar. 
  • En Cataluña, han votado al PP 462.637 personas y al CDC 481.839 personas lo que sumado significa el 17% del total del censo con capacidad de votar. 
De lo cual se infiere que el 17% de la población catalana con capacidad de votar ha votado a partidos corruptos, frente al 21,6% de la "población nacional" que también lo ha hecho. 
Una diferencia poco sensible como para  pregonar que somos tan diferentes. 
Salvo que se pueda demostrar que quien vota al PP en Cataluña no es catalán, y quien vota a CDC sea emigrante subsahariano.
Uno, en su nadería, no acierta a comprender como los catalanes, a quienes de siempre he tenido por personas cabales y de bien, se inclinan por los razonamientos empíricos de Rufián, en detrimento de los datos aportados por Borrell. Vista la calidad de ambos personajes, uno podría estar seguro de que la Independencia nunca será posible. Pero el hombre es un Brexit para el hombre, y tal como decía mi abuelo, follador incansable y viajero empedernido, vale más un gusto que mil panderos (razonamientos).
Confío en que la buena gente catalana enfríe sus sentimientos y mire con amplitud sin dejarse ofuscar por cantos de sirenas o por Don Juanes que una vez jodido, nada de lo prometido.

En Orense a tantos de tantos.






jueves, 9 de junio de 2016

Todo es relativo. Demostración.






El día que a Klauder Bastida le preguntó un periodista que por qué era el mejor, contestó con una humildad franciscana, impropia de un conquistador de su clase: eso es relativo.
Desde ese día, Klauder Bastida ha dejado de ser mi héroe. No expuso argumento alguno que nos llevase a la conclusión firme de que todo es relativo.
Ahora mis heroínas son dos psicólogas que trabajan en la misma planta en donde yo lo hago. Son jóvenes; podrían ser mis hijas. A veces coincidimos en el ascensor y en alguna ocasión, por no hablar del tiempo, he hecho algún comentario de esos que Juan Tallón calificaría de inteligente. El otro día mismo, les he preguntado cuál era su opinión profesional a cerca de las consecuencias de los bruscos cambios de temperatura en el carácter de las personas. Por no hablar del tiempo.
Sin embargo, el motivo de mi admiración hacia ellas, no radica en su juventud, ni en su aparente profesionalidad, ni en el atrevimiento a emprender que al parecer han demostrado. Mi admiración radica en que hace unos días, con una frase, una de ellas demostró, sin asomo de duda, la teoría de la relatividad. O sea, que todo es relativo.
Subíamos en el ascensor y uno, ensimismado en sus pensamientos, se olvidó de la pregunta inteligente del día. Ellas susurraban por lo bajo y no pude evitar oír de lo que hablaban.
-          Es una cuestión de sexualidad (susurrando)
-          Por defecto o por exceso…? (Susurrando también).
He ahí la frase de que os hablaba, aquella que demuestra sin asomo de duda que todo es relativo. Por exceso o por defecto…?
Porque pensemos. A los veinte años, lo natural es tener sexo siete veces a la semana, 30 días al mes, salvo los meses de 31  días y febrero, en que habrá que repetir los días 27 y 28 para no perder la media. Pero a los cuarenta y veinte, las cosas se ven de otra manera, los impulsos son más pausados y los lugares en donde practicar se reducen notablemente por causas posturales de naturaleza comprensible.
El problema surge cuando a los veinte años, coyundas como uno de 60.
Pero no es de sexo de lo que quería hablaros, sino de la teoría de la relatividad. La frase antedicha, “por exceso o por defecto…?” es la constatación definitiva de que todo es relativo, y que, tal como afirmaba mi abuelo materno, todo lo mucho es malo, y que los problemas existen, por defecto o por exceso.
Y era de esto de lo que quería hablaros. A quienes me tacháis de superfluo en la escritura, debería bastaros ese sesudo artículo, en donde se demuestra lo que se demuestra de la manera meridiana en que se demuestra, para cambiar de opinión, elevándome a la categoría de “aficionadoescritormaloperosexudo”.
En Orense a tantos de tantos.

                     

miércoles, 20 de abril de 2016

¿A quién favorece?



Cada vez que se perpetra un delito, dicen los criminólogos que  la primera pregunta que se plantea el investigador ya desde los tiempos de Rómulo, es siempre la misma:  ¿a quien favorece?
El periodismo, como el sacerdocio es vocacional y como éste, pasa el cepillo de vez en cuando, demasiado a menudo, a mi parecer, para satisfacer sus necesidades materiales. Y yo no tengo nada en contra, salvo si quieren convencerme de que lo que meto en el cepillo es por mi bien. Eso las Iglesias lo saben hacer de maravilla, pero no me lo esperaba, o sí, del periodismo.
Hace unos días, una cadena de TV entrevistó a un conocido ex_recluso que había sido condenado por pertenencia a banda armada, creo recordar. A Eta.  Yo no lo he visto, como no veo lo que no me apetece y sí aquello que me apetece. Perogrullo.
Enseguida se armó el clásico batiburrillo en las redes sociales, a favor y en contra. Y como siempre, se desvía la atención hacia lo secundario para no hacer frente a lo principal. “Los que critican la entrevista sin verla…” “Es una entrevista necesaria” etc etc.
Como no la he visto, no voy hacer una crítica de la misma, sino que pretendo, uno es así de inconsciente, demostrar que no es una entrevista necesaria en absoluto; es más, es una entrevista que como se demostrará más adelante si llegas, favorece únicamente a quien favorece.
Premisa primera para demostrar que no era necesaria la entrevista.
El entrevistado es un conocido ex_recluso, un maltratador de sus semejantes, conocemos de su vida y milagros, y diga lo que diga, en su favor o en su contra, sabemos que los maltratadores no cambian nunca. Por otra parte, si acepta la entrevista, se supone que no hablará mal de sí mismo. Y si lo hiciera, nunca sería tanto como daño sabemos que ha causado. Nada nos aportará pues su testimonio, que conocemos por autos judiciales. Por lo que diga, no perderá votos, sino que los ganará.

Premisa segunda para demostrar que no era necesaria la entrevista.
De la premisa primera, se deduce que la entrevista, al público que va dirigida, no le aporta nada que no supiera, pero sí al entrevistado que podrá capitalizarla en su provecho, saliendo de nuevo a la luz cuando estaba oscurecido y tomando un protagonismo que de ningún modo merece. Para sí quisiera cualquier candidato a cualquier cosa, una hora de televisión en horario de máxima audiencia. Que se lo pregunten a D. Pablo Iglesias.
Por último, si conocemos los índices de audiencia, podremos conocer el otro favorecido por la susodicha entrevista.

De todo lo anterior se deduce que la entrevista al innominado individuo sobraba y tan sólo favorece a la cadena de televisión y al propio entrevistado, sin que por ello quiera yo interferir en la libertad de expresión ni en la capacidad que cada grupo editorial tiene de hacer de su capa un sayo, eso sí, sin que pretendan tacharme de imbécil. 

jueves, 10 de marzo de 2016

Mimet y una señora de Murcia.

                                      


                                    






Hablo de alguien a quien todos conocemos. O al menos a quien todos reconocemos. Ese personaje que vive de imitar, de plagiar actitudes y conocimientos de otros. Sobrevive por encima de sus posibilidades intelectuales, pidiendo prestado aquí y allá y consiguiéndolo; de alguien que trepa por encima del auténtico ingenio, consiguiendo cierto éxito únicamente reservado a alguien de más posibilidades inmateriales. Vive del calor que desprenden los auténticos virtuosos, quienes, eso sí, no poseen la única gran virtud de Mimet; una capacidad infinita  para apropiarse de las ideas y pasiones de otros y explotarlas en beneficio propio. He conocido a varios. Admiro su capacidad de apariencia, su rápido aprendizaje y su sexto sentido para saber  qué jumento cabalgar en cada momento de los muchos de que disponen. Mimet es el caolín del Everest, el agua del pan, el barro de la charca, la púa de la música y la C de Coca-cola y pese a todo, consigue convertir aquellas naderías en fundamentales para la vida extrayendo más provecho de la púa de lo que lo haría Beethoven de su Novena Sinfonía. Las frases de Mimet son secas, aseverativas, pensadas el día anterior para conseguir el efecto que quiere que produzcan al día siguiente. Se prodiga poco, porque Mimet no es tonto en absoluto y sabe que debe dosificarse para no ser descubierto. Si por alguna de esas casualidades de la vida, que a menudo se dan en personajes como Mimet, se topa con alguien que ha triunfado, su mimetismo le alcanzará indefectiblemente y ha de tener mucho cuidado el triunfador para que no sea absorbida su alma por la mimética alma de Mimet…

Mimet es un ser inteligente, uno de aquellos supervivientes que siempre se apañan para no mojarse los pies vadeando el río a lomos de otro.


En Orense a tantos de tantos, por permanecer.

jueves, 14 de enero de 2016

El bebé de Bescansa, no descansa.






                                                    

En el  debate del bebé de la señora Bescansa, yo no estoy de acuerdo ni con una postura ni con la otra. Y con eso debería dar el post por concluído, pero abundaré en razones.
Yo jamás me atrevería a llevar a un bebé a sitio semejante, en primer lugar porque un niño es muy sensible y hay que educarlo en buenas costumbres desde la más tierna infancia. Y es sabido que en ese lugar la gente discute, se grita, se insulta, duerme, juega a toda clase de juegos, vota con el pie y con las manos, en fin que el pobre bebé saldría muy perjudicado de una sola sesión del Parlamento. Porque…qué ocurriría si alguna señoría, lo que es más que probable, lanzase un exabrupto a su mamá en plena euforia de amor rival?¿Cómo crecería ese niño sabiendo que en tan sagrado lugar, en donde la gente representa a otra gente y cobra bien por ello, para que esa otra gente pueda tener derecho a buscar trabajo y si no lo encuentra, emigre a Alemania, cómo crecería digo sabiendo que lo más granado de nuestra sociedad se levanta de sus hoteles de muchas estrellas, estresado, y se pone a gritar en medio del sueño del bebé…? Eso son malos tratos de libro. Y la madre, corresponsable.
Más digo;  ¿Qué ocurriría en la incipiente mente del bebé, en su delicada masa encefálica si alguna señoría, en un arranque de patriotismo parcial y raquítico gritase un Visca Catalunya lliure y Puigdemont? Ese niño, paréceme, quedaría perjudicado en su libertad personal para siempre, sufriendo en sus entendederas un empuje vertical y hacia arriba, semejante a la potencia del grito separatista, salvo que por alguna casualidad probable, alguien, en un impulso insuperable de justicia patriótica, desde la otra esquina del hemiciclo gritase: Viva España, coño! En cuyo caso, no puedo responder de la capacidad cognoscitiva futura del neonato; tal dualidad es de una insuperable asimilación.
Todo ello sin menoscabo de la posibilidad, real como el hemiciclo mismo, de que el niño, con sus berridos de bebé iracundo, sacuda de su letargo “morfeico” a alguna señoría trasnochadora o trasnochada, o que la misma u otra señoría despierte al bebé con sus iracundos gritos o con sus guturales ronquidos. En cualquier caso, los daños para el bebé de la señora resultarían a todas luces irrecuperables.
Por todo ello y por más cosas que en este momento no se me ocurren, si yo hubiese tenido el gusto de ser el padre del niño de la señora Bescansa, nunca le hubiera aconsejado que lo pasease por esos andurriales.

En Orense a tantos de tantos. 


lunes, 7 de diciembre de 2015

Su Eminencia Serenísima.




                                               

El  abuelo H no era un hombre letrado, pero sí  un hombre de mundo. Recorrió varios países, incluyendo Cuba con ocasión de aquella guerra de infausto recuerdo. Tuvo hijos de tres mujeres distintas, y cuentan que de ninguna de ellas se oyó jamás un reproche hacia el mancebo, sino todo lo contrario. Un corazón grande el del abuelo H.
El abuelo H podría ser cualquier cosa, pero no era un mentiroso.  Contaba unas historias que por lo raro y por el modo en cómo las vivía no podían más que ser ciertas, aunque no siempre cabales y que a mí me entretenían mucho.
Por eso no dudé en creerlo cuando me contó esta sencilla historia que aconteció en su pequeña aldea.


Aunque pequeña, había dado significados prohombres. Uno de ellos, obispo de una gran ciudad a la sazón, quiso pasar unos días de descanso en aquella aldea perdida de dios, en  cuyo seno había venido al mundo.
Cuenta el abuelo H que estando el obispo un día paseando por los alrededores, se encontró con Dositeo,  un hombre libre, al que todos consideraban necio y displicente y que paseaba desde hacía 40 años por el pueblo sin más obligación que la de recoger de madrugada las ovejas de los vecinos y devolverlas al atardecer intentando no perder ninguna por el camino, tarea que no siempre se presentaba fácil de conseguir, debido a la escasa erudición de los ovinos y al ingente número de lobos que por entonces merodeaban por el contorno.
Quiso el Sr. Obispo pasar un rato agradable a costa del pastor, y en cuanto llegó a su altura, concediéndole la bendición divina y cuarenta mil indulgencias para la cena,  le preguntó:
-           Buenos días, hijo mío, Dositeo, tú, que eres un andariego de postín y  hombre entendido en bancales,  cuántos cestos de tierra crees que contiene aquel montículo que se ve allá arriba?
Dositeo se quedó mirando durante unos segundos el montículo que señalaba el prelado, miró al prelado, de nuevo al montículo y con la vista baja contestó:
-          Eminencia Serenísima, Ilustrísimo Sr. Obispo, si el cesto es mayor aún no lo llena.

Fuese el obispo corrido, y cuenta el abuelo H que desde ese día no se volvió a ver a su serenísima por aquel pueblo perdido de dios en una loma del Valle de Monterrey.


Orense a tantos de tantos.