jueves, 27 de mayo de 2010

El monumento


Participante
I Premio vinos y blogs del III concurso Vinos del Noroeste




Mucho antes de que el vino fuese una idea revestida de hermosura, fue vino. Y como ahora, fue poda, fue deshoja, fueron lágrimas heladas, fueron cuidados y mimos que persisten.

En el Valle de Monterrey existen dos símbolos con los que se identifica el vino. Uno es conocido en todo el mundo enológico, el Castillo y otro es completamente desconocido y que os quiero presentar.


Mi padre siempre quiso que estudiase y por ello me alejó de las labores agrícolas que obligatoriamente había que llevar a cabo para subsistir. De todas, menos de una. Siempre me animó, con ahínco incluso, en las labores de la viticultura. Había venido de la Guerra Civil con heridas en el cuerpo, pero sobre todo en el alma. En mi vida le he visto sonreir más de dos veces por año. En alguna ocasión sentí celos de las cepas durante la poda cuando pasaba su mano mansamente de arriba abajo, acariciándolas para limpiarlas de escamas. Me llevaba con él, me enseñaba el momento ideal para podar, dependiendo de la luna, de las futuras heladas, de qué tipo de vino y sobre todo de cuánto quería conseguir. No era entendido, pero disfrutaba haciendo lo que hacía. Había aprendido de su padre quien plantó la viña allá por el 1929, mal año para los negocios, con la sóla ayuda de un “pau ferro”. Dona Blanca, Arauxa, Bastardo, Treixadura, Mencía y cómo no el inevitable palomino. En mi casa no se podían comer uvas, las uvas se beben, decía mi padre. Sólo de vez en cuando y con motivo de alguna fiesta nos decía: “Vade coller uns xereces”. Sólo condescendía con el Jerez.

Con nueve años, ya se me permitía beber un vaso de vino en la comida. “Detrás del caldito, un traguito”, decía mi madre evitando que me lo acabase antes del inevitable caldo. Cuando tuve que irme de casa, para estudiar, no se me olvida cuánto sufrí por no poder beber vino. Solamente dos veces al año, en el santo patrón del colegio y en el de la santa patrona, se nos permitía catarlo. En el sentido más breve del término. Recuerdo perfectamente cómo, aún siendo goloso, cambiaba mis tres galletas de postre por un segundo vasito de vino. Con doce años.

Eso fue durante un período bienal; al cambiar de colegio también se acabó la costumbre del vino, con lo cual lo perdí de vista durante seis años. Volví a descubrirlo en la mili. Y aún estoy en ello. Con moderación, por supuesto.

En el colegio me enteré de las preocupaciones de mi padre porque una fábrica que se había instalado en el pueblo, expedía humos que secaban las hojas de la vid. En unión de otro familiar, sin recursos económicos pero con una tenacidad nacida de su razón de vivir, del vino, se empeñaron en la defensa de las viñas y de esa forma surgió el monumento que mencioné al principio en forma de chimenea de unos 25 mts. Si transitáis por la autovía de las Rías Baixas, dirección Madrid a la altura del km 162 y mirando a la izquierda la veréis, inhiesta, ya sin vida pero vigilante dibujando las cimas de las montañas que crean el valle, atenta y orgullosa por haber realizado el trabajo para que el fue construida.

El inicio de aquellas obras fue el primer momento en que ví sonreir abiertamente a mi padre. El segundo momento se producía después de la vendimia, semanas más tarde, cuando extrayendo del tonel de “duas centas olas” una taza de vino, lo llevaba a la boca, lo mascaba y lo escupía. De esos cinco segundos posteriores dependía la felicidad de todo un año. En esa ocasión siempre sonreía.






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domingo, 23 de mayo de 2010

Carta a Arantxa

Querida Arantxa:

Acabo de leer en los periódicos, sin mucha sorpresa conociendo tus “antecedentes”, que don José Manuel quiere abrirte expediente disciplinario por un artículo tuyo en Facebook. He de reconocer que mis cortas cualidades en la informática me impiden acceder a ese medio, pero intentaré leerte. Nada hacía presagiar, a no ser que te la traiga al pairo lo que pueda hacer Don Jose Manuel, tal noticia hace unos días cuando te arrancaste por fados en la comida de agradable recuerdo. La tristeza de tu voz, era simplemente consustancial con la canción, nada achacable a las intenciones del Sr. Baltar Junior.

Me da a mí que no fue el artículo en Facebook la causa del expediente, sino la resaca de aquellas elecciones en donde con un par (de adjetivos) dejaste claro en un medio público tu posición, valiente, rayando en lo suicida. Es raro ver en estos tiempos a un político, sea a nivel local o nacional, hacer valer su derecho a la libertad de opinión y mucho menos expresarla cuando camina en dirección contraria a la que mantiene el liderzuelo de turno. A no ser que esté jubilado.

Vaya pues para ti mi más sincera admiración, a pesar de nuestras pequeñas escaramuzas en torno a la microoxigenación y a la encerrona, de buena fe no te quepa duda, que hubo en aquella comida.

Quedo de ti seguro servidor para formar un partido para la Restauración si te fuese de necesidad.

Afectuosamente.

Cesar.

Orense a tantos de tantos.

jueves, 20 de mayo de 2010

De vinos, comidas y personas.

Comida en Algueira.

Ha sido una jornada excitante; semejante a pasear por el campo, rodeado de vírgenes desnudas. Allí estaban representados algunos de los vinos y bodegueros más interesantes de Galicia, en una reunión informal despidiendo el curso patrocinado por Caixanova. La cita, la bodega Algueira, en el corazón de la Ribeira Sacra, de Fernando Gonzalez Riveiro y su esposa Ana Delia que resultó ser la perfecta anfitriona. http://www.adegaalgueira.com/amplia.asp?id=29

Los anfitriones, Fernando y Ana Delia

La mañana comenzó con la clausura de D. Rafael del Rey. Un arca de datos, todos interesantísimos. Rafael del Rey es el responsable del Observatorio Español del mercado del Vino.http://www.oemv.es/.
Una vez acabada la clausura, deberíamos partir hacia el cañón del Sil, en donde habríamos de degustar un interesante y curioso Albariño de la Ribeira Sacra elaborado en la Adega Abadía da Cova, de Jose M. Moure y Evaristo Rodriguez. Su bodega está llena de premios y reconocimiento internacionales. http://www.adegasmoure.com/

Y digo deberíamos, porque el microbús que había de transportarnos, sufrió una avería , se retrasó y tuvimos que dirigirnos directamente a la Adega Algueira en donde Fernando nos explicó con la emoción sentida del colleiteiro, la calidad de los vinos gallegos, comparables a cualquier vino de cualquier latitud. Extendió las alabanzas a los tintos, que pueden competir por su frescura y floralidad. Degustamos algunas de las castes menos conocidas y que de nuevo afloran en el panorama de Galicia. Brancellao, Sousón, una treixadura en sus lías extraída de la propia “pipa”. Tentaciones tuvimos de levantar una tienda de campaña y dormir allí. Mientras, Fernando nos hacía partícipes, explicando las imágenes del video, del trabajo inmenso que tuvo que llevar a cabo para preparar los bancales, sin precipitarse río abajo. Nos explica que en sus laderas jamás habita la helada, y en contraprestación por lo dificultoso del acceso y la laboriosidad de los trabajos, tienen la ventaja de que son suficientes dos manos de sulfato y azufre para toda la campaña, mientras en otras latitudes es preciso de cuatro a cinco manos. Emana vitalidad en sus palabras y un convencimiento propio de quien sabe va por el camino correcto.

                                           Fernando, en su bodega.

Para la hora de la comida, algunos de los bodegueros presentes, que os presentaré en las fotos, aportaron sus vinos y se me ocurrió una idea con los tintos, que trasmití a Delia y que acogió con todo entusiasmo, Venía preparado para la ocasión con unas bolsas de papel, con las que cubrimos las botellas que marqué previamente para que cada propietario descubriera su vino. Todos encontraron la idea interesante….pero alguno se habría de arrepentir, seguramente.
Los blancos que degustamos (no me gusta decir catamos, suena pretencioso y científico) fueron: Algueira, de Fernando Gonzalez de Ribeira Sacra; Pagos de Galir, de Rosa Rivero de Valdeorras, http://www.virxendegalir.es/ Cuñas Davia, de O Ribeiro, de Alberto García Ubeda, http://www.adegasvaldavia.com/ Quinta da Muradella de Jose Luis Mateo, de Monterrey. Deliciosos todos, untuosos, frescos, algunos amielados, afrutados otros, manzana, plátano, con recuerdos a frutas de hueso algunos, melosos todos, con la adecuada persistencia. De verdad, un lujo. Estos vinos fueron saboreados a la vista y casi de rodillas. No busquéis vinos demasiado caros, en torno a diez euros hay auténticas joyas en Galicia. Y no todos han de ser Albariños. Quinta da Muradella http://vinosdemonterrei.wordpress.com/2010/03/05/quinta-da-muradella/ resulta un poco más caro, no en vano algunos de sus vinos están en los primeros lugares de las listas de Parker. http://blogs.20minutos.es/descorchevinos/2010/04/28/los-mejores-vinos-espaaaa-segaanrobert-parker-by-jay-miller/comment-page-1/#comment-3899




                      Eduardo, Eladio, Manolo, Alberto y Fernando, atentos al video.



A continuación comenzamos con los tintos, para acompañar a una deliciosa carrillera de ternera con castañas. Serví personalmente el primer vino, un tinto Algueira, mencía. Casi todos acertaron a la primera su procedencia y tipo de uva. Destacó por su rapidez Arantxa, de Pagos de Galir, que abrió el fuego, todos estuvieron de acuerdo. Destacar que había entre los presentes muy afamados catadores a nivel de Galicia. Entre alabanzas a la idea y risas nerviosas, el camarero, moreno, muy atento pero discreto, sirvió el vino numero dos, un Amandi de nombre Cruceiro de Ramón Marcos Fernandez, quien enseguida nos privó de la posibilidad de la discusión descubriendo su propio vino. El tercero, un vino complejo, elaborado con Caiño, Sousón, Brancellao y garnacha centenaria. Un homenaje a las castes gallegas. Envejecido ligeramente en roble, presentaba unos matices complejos con recuerdos a regaliz. Hubo más discusión y nadie apostó claramente por una denominación. El Ribeiro se resiste. Alfonso, de la estación enológica, que hacía equipo con Evaristo de Abadía de a Cova, extrajo el sousón. De ahí en cascada surgieron las sugerencias. Era el Tarabelo, de Eladio Rodriguez. http://www.bodegaeladio.com/castellano.html

Estaba por llegar lo mejor. El cuarto. Alberto, el director del curso que estaba a mi lado, me dijo que si sabía en donde me había metido. Pero lo dijo después de haberme metido y después de contemplar la marejada. Veamos. Estábamos en el cuarto vino. Se sirvió del mismo modo que los demás. Un ligero silencio. La voz de Arancha que proclama: Esto es un Monterrey, sin duda.

Todos me miraron, para que consultara los apuntes en donde había escrito el número del vino y su correspondencia. No es Monterrey, dije sonriendo. Nadie más se atrevió a comentar. Miguel A. Mariño, de las Bodegas Gargalo http://www.bodegasgargalo.com/  me miraba inquisidor, pretendiendo una pequeña señal. Me mantuve firme. Pero es un viejo zorro y enseguida se percató. Es Pagos de Galir, dijo por lo bajo. Arancha que estaba a su lado saltó: Imposible! Este no es mi vino! Si ni siquiera me gusta! Me miró entre interrogadora y acusadora. Me extraño, porque a mí me pareció excelente.

Arancha, es tu vino, pero puede ocurrir que al no cambiar de copa, esté algo contaminado de los vinos anteriores, le expliqué.
Aproveché para meter una navajadita. O puede que el tabaco te haya estropeado el paladar!

Fuma como una carretera. Pero canta fados de maravilla! Un descubrimiento.

Todos estuvimos de acuerdo en cambiar de copas y servir una segunda botella del mismo Pagos de Galir. Ahora sí. Era él. Y así fue como se salvó la situación. El vino, sin duda era excelente.
Faltaba un quinto y un sexto. Todo discurrió con tranquilidad, mientras Fernando aprovechaba para loar el vino tinto gallego, apostando por sus señas de identidad y que se debería competir con las armas de que disponen en Galicia, diferenciación y personalidad. Castes nuevas y de posibilidades para hacer grandes vinos. En el mismo sentido se pronunciaba Alfonso, catador y co- responsable de la estación enológica de Leiro.” La madera aliena e iguala a los vinos privándoles de su auténtica personalidad.” Una discusión que no ganará nadie. Hay gustos, hay tendencias, hay modas y hay sobre todo mucha ilusión en este terreno. Y mucho ilusionista. Patrón vino, para demarcar clases.

Estaba por llegar no obstante la prueba final. Y esa llegó de la mano de Fernando, queriendo certificar su discurso.
“Os voy a poner un vino, dijo. Sólo quiero que me digáis Denominación de Origen y precio aproximado.”

El camarero nos sirvió de nuevo. Era claro que era un Rioja. Era claro también que había perdido la frescura. Madera en estado puro. Arancha de nuevo se aventuró a predecir denominación y precio. 16 euros. Mientras tanto, Alfonso y Evaristo, hablaban por lo bajo. Pero no se atrevían a dar una respuesta.
Mercedes Rebolledo, de Bodegas Rebolledo, sonreía y animaba. http://www.joaquinrebolledo.com/

De nuevo la respuesta  de la mano del anfitrión que la adornó, barriendo a favor de los vinos gallegos.

Es un Rioja y vale 90 euros en bodega.

El silencio era atronador. Finalmente había conseguido su propósito. Vinos de apenas 20 euros competían a ciegas con otros de mucha más enjundia económica.

Sólo faltó que sentenciara: la madera encarece, pero no está demostrado que mejore.

Lo dicho, discusión perdida. Vuelvo al principio. Un día excitante!
Finalmente, Eladio tomó su guitarra y nos deleitó con sus canciones llenas de morriña y terruño. Mercedes Rebolledo seguía animando. Para sorpresa de todos, Arancha se arrancó con un fado que nos puso los pelos de punta. O tal vez fuera el vino. Maridan bien, vino y canto. Pero no dan el cante, los vinos gallegos.


                                  Eladio Rodriguez. Amenizó y alegró la sobremesa.



                                         Miguel A. Mariño, Evaristo, Alfonso





    Alfonso y Alberto, el representante de Valdesil y Eduardo, de administración de Terras do Gargalo.


En primer plano Ramón, al fondo Manolo de Orcellón




Los anfitriones con Eladio Rodriguez









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martes, 18 de mayo de 2010

MERLOT

Mi querida Merlot:
No sabes qué profunda emoción me embarga, qué pena llevo de tí; angustia de no saber protegerte. Me sentiré eternamente culpable por permitir que esa bestia inmunda, ese animal hijo de perra te haya atacado, mutilándote ese delicado brazo, promesa de suaves caricias.

Recuerdo como ahora, el momento en que te ví por primera vez, esbelta, delicada, dulce y destacando entre tus cientos de compañeras en quienes, te lo juro, ni posé mi ojos.

Reconozco que algo sabía de tus virtudes y en tu virtud está mi penitencia; aún sabiendo de tu fragilidad te abandoné durante una semana. Tiempo suficiente para que el animal se cebara contigo, haciéndolo conmigo de igual manera. Mi dolor es semejante al tuyo, Merlot.

Te prometo que será castigado con el rigor al que sus actos le han hecho acreedor. Sin juicios, sin las trabas burocráticas que conlleva el acto. Pediré a mis amigos consejo y actuaré en consecuencia, pero es promesa inexcusable que no quedará sin castigo.

Espero de tu generosidad que aunque mutilada, no pierdas ni un gramo de elegancia y distinción. En adelante te trataré como a la reina que eres.



Tuyo.

C.





P.D. Roldán, la fiera que tengo en una finquita de los alrededores, se ha cebado con mis cepas. La Merlot se llevó la peor parte ya que con el rabo le ha arrancado un brazo a mi amada.

Como he de cumplir las promesas, ruego vuestra ayuda para elegir el mejor castigo:


a) Cortarle el rabo al bicho.

b) Atarlo para que no destroce.

c) Arrancar las vides.

Se admite cualquier otra sugerencia menos drástica, pero que sea efectiva.


Orense a Tantos de tantos.

viernes, 30 de abril de 2010

El Wolframio

El 17 de Agosto de 1936, un mes después de estallada la guerra civil, Sebastián atravesaba el souto de castaños que separaba el pueblo portugués de Souteliño para adentrarse en el pueblo vecino de España. Su sombrero de paja con cinta marrón no era suficiente para ampararlo del sol abrasador de la siesta de la montaña y agradecía la sombra de los castaños imaginando la desdentada sonrisa de los erizos. Era fiesta en el pueblo, pero a pesar de que las tragedias de la incipiente guerra no habían llegado a aquella esquina del mundo, el santo no salió en procesión ese día debido a la ausencia del cura y a la hambruna que se vivía desde hacía unos años. Algunos vecinos apostaban por una procesión por las tierras de labranza, suplicando por sus cosechas.

Al ver las primeras casas del pueblo, cuando la sombra dejó de protegerlo, Sebastián apuró el paso y se dirigió hacia un grupo de niños que jugaban con sus navajas intentando clavarlas en una puerta de madera.

- Oia, meninhos…¿alguén viu estas pedras..? ¿Alguén sabe onde topalas?

Sebastián les mostraba unas piedras de color negro y se las entregó para que las sopesasen.

Los chicos, que rondaban los doce años, se sorprendieron de su peso para lo pequeñas que eran, negaron y siguieron jugando.

- Oia, se topades pedras coma estas, eu pago bem. (Si encontráis piedras como estas, las pago bien)


El portugués siguió pueblo arriba haciendo la misma pregunta a los vecinos que se encontraba a su paso.

Uno de los niños que había dejado de jugar con la navaja, siguió a Sebastián y alcanzándole le dijo que él había visto esas piedras mientras guardaba las ovejas.
A Sebastián se le iluminaron los ojos y pasando el brazo por el hombro del niño le dijo.

- E vocé como se chama?

- Benito, respondió el niño.

. Bem, Benito.¿E podría voçe indicarme onde?

El niño le contestó que era lejos del pueblo, pero que en casa tenía alguna. Y salió corriendo en su busca sin darle tiempo al portugués a reaccionar. En cinco minutos Benito estaba de vuelta con varias piedras del tamaño de un puño que mostró a Sebastián. Este no pudo reprimir una sonrisa de satisfacción y le preguntó al niño que cuanto quería por las piedras. Cinco pesetas, dijo el niño.

- Concordo, contesto el hombre del sombrero poniendo en la mano del niño una moneda.

A estas alturas, la gente del pueblo había hecho círculo en torno al portugués y al niño, asombrada del precio que había conseguido por unas piedras. La festividad no impidió que cada vecino tomara un saco y saliera al monte en busca de aquel nuevo tesoro impensado.
En una hora estaban de vuelta con el saco lleno. Se las mostraron al hombre del sombrero que pasó de la más iluminada de las sonrisas a la decepción más absoluta..

- O carallo, isto non é. Nao e isto que eu preciso. Ba,ba,ba..merda de españois, fiquem cá, deixen que sexa o raparigo quem vaia imbora!(1).

(1) ( Esto no es, carajo! No es esto lo que yo necesito. Bah,bah,bah, mierda de españoles. No se muevan, dejen que el chico vaya.)



                                               - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -


El vehiculo subía con precaución por las intrincadas curvas que llevaban desde el fértil valle a la montaña. Sus ocupantes, serios, apenas intercambiaban palabra. Fue ella la primera que rompió el luctuoso silencio.

- José Benito, no duermas, que estamos llegando.

- ¿A dónde estamos llegando? Preguntó el anciano que estaba a su lado.

- A donde va ser, al pueblo.

- A que pueblo?

- A que pueblo va ser, al tuyo!

- ¿Y a qué vamos al pueblo?

Válgame Dios, dice por la bajo la mujer, lo que fuimos y lo que somos.

- Vamos al entierro de Rosa.

- De qué Rosa?
- De mi hermana, de qué Rosa va a ser? Venimos del tanatorio.

- Vaya, morreu tua irma.

El silencio posterior se cortaba y el chófer por el retrovisor observó los ojos humedecidos de la mujer y la cara de consternación en el hombre, que ahora de pronto se percataba de nuevo de la situación.
El hombre miraba por la ventana y sus ojos se avivaban por momentos.

- Allí estaban las minas de los alemanes. Señaló con la cabeza un lugar en el monte.

- ¿Y de que eran las minas, Jose Benito? Preguntó el hombre que iba al volante.

- ¡Eran de Wolframio! Las descubrí yo. Un día vino un portugués y me dio cinco mil pesetas por unas pocas piedras!

- Cinco mil, no, Jose Benito, cinco.

- ¿Y tú que sabes? No estabas allí. Fueron cinco mil, y con ellas me compré mi primera pistola…¿o vas a decirme tu a mí…?

- Vale, fueron cinco mil…..

- Claro que fueron cinco mil. O cómo iba a comprarme una pistola del nueve corto con cinco pesetas. ¿estás parva ou que?

Ay señor, suspiró de nuevo la mujer, lo que fuimos y lo que somos….

La mujer dirigiéndose al conductor, le confirmó que se compró la primera pistola cuando los alemanes se hicieron cargo de las minas y dieron trabajo a todo el pueblo, con Seguridad Social incluida. Hasta entonces nadie en el pueblo había estado asegurado.


- ¿E logo non te acordas, intervino el hombre, que unha noite , o tío Pepe o Ferreiro baixou a Verín e a mañán siguinte a parexa da garda Civil non nos deixou entrar na mina? (2)

- Acordome, einda a minha nai estivo presa no calabozo unhas noites por coller minerio. Despois vendeu a mina a os alemás por un diñeirón. Comprou outra en Ponferrada pero saliulle falsa. Qué ven lle estivo o fillo de puta.(3)

- E a tua irma estaba mala ou morreu de repente, terció el hombre que iba a su lado. (4)

Ay señor, o que fomos e o que nos volvemos, dijo la mujer mirando las primeras casas del pueblo.




Orense a tantos de tantos.











(2) ¿Acaso no te acuerdas, que una noche Pepe el herrero, bajo hasta Verín y a la mañana siguiente la pareja de la Guardia Civil no nos dejó entrar en la mina?

(3) Claro que me acuerdo. Incluso mi madre estuvo en el calabozo unas noches por apoderarse de mineral de Wolframio. Más tarde vendió la mina a los alemanes por un dineral. Compró otra en Ponferrada pero le salió falsa. Qué bien le estuvo al hijo de puta.

(4) ¿y tu hermana estaba enferma o murió de repente?

(5) Ay señor, lo que fuimos y en lo que nos convertimos.









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domingo, 18 de abril de 2010

No es sano pasear por el campo.

Es domingo. Son las siete de la tarde y en lugar de estar disfrutando de la primavera, me toca trabajar un poco, por no saber distribuir el trabajo. O por lo que sea.
A tres metros de mí, mi querida esposa charla con sus  padres que han venido a verla porque ayer, mientras disfrutábamos de un estimulante paseo por el campo, no calculó bien donde poner un pie y éste en venganza quiso dar con ella por tierra y lo consiguió fracturándose el peroné. El caminito se las traía, pero me cuidé muy mucho de recordarle que yo había tomado uno más llano y exento de peligro; pero mi señora, que está llena de virtudes, incluida la cabezonería me hizo dar la vuelta para tomar un atajo. Velaí.
Mientras despacho lo que quiera que despache, no puedo evitar poner el oído en lo que dice mi querida suegra, una mujer llena de vida y trabajo, que a sus ochenta años recuerda perfectamente lo que le ha ocurrido hace setenta . Oigos sus risas cuando recuerda como un tío suyo emigró a Cuba y después de unos meses no volvió a dar señales de vida y cómo la mujer del susodicho, le embarcó a los hijos para la Isla sin él solicitárselo. Recuerda además cómo venían años en que se plantaban dos cestos de patatas y se recogían tres. Para acabar reconociendo que como ahora no se ha vivido jamás.

En busca del tiempo perdido.

Oigo decirle cómo el cerdo y las gallinas mataban el hambre, vendiendo los jamones y los hue
vos para comprar aceite y azúcar y cómo se las ingeniaban para pasar la frontera de Portugal a fin de trocar y comprar materiales que aquí no se podían conseguir y cómo habiéndolos conseguido, la mayor parte de las veces, los guardinhas ( guardias de la frontera de Portugal) se los requisaban y se los quedaban.
En aquellos tiempos previos a la guerra, los castaños eran una inestimable ayuda. Las castañas mataban el hambre y criaban  cerdos que darían aceite, azúcar, telas.

De cualquier modo, sigue diciendo mi suegra, en las aldeas no se pasaba hambre, cada quién tenía sus gallinas, sus vacas para obtener leche, sus ovejas , de donde sacaban la lana para confeccionar jerseys, calcetines, chaquetas. Todo manufacturado.
Y como siempre ocurre para algunos, la guerra fue para ellos una fortuna. Apareció en el pueblo el "minerio".
LLaman minerio al mineral de Wolframio que los alemanes compraban para su guerra. Mi suegro fue el que lo descubrió, aunque no se aprovechó de ello y a partir de entonces, cada domingo se mataba un ternero y la banda de música de Medeiros, recorría el pueblo los domingos y se hacían fiestas y bailes mientras se gestaba en España la guerra incivil.

He destrozado una narración que en dedos de otros, produciría emociones.

Ya se van. He de acompañarlos. Me esperan días de cocina y sofá.


Orense a tantos de tantos.

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lunes, 12 de abril de 2010

Caballo Blanco

Agradezco a Aurorainés el premio  que de nuevo me ha cedido. Se ve que está dispuesta a hacer de mí un bloguero de provecho. Gracias, amiga mía.


                                                                                                                                   





Cuentan que en un país lejano con gran tradición apostadora, había una vez un caballo, casi bayo, aligerados sus tonos amarillentos, que no tenía rival en la pista.
Todos los jockeys del mundo pugnaban por subirse en sus lomos y cuántos lo hicieron salieron siempre triunfadores. Caballo y jockey unían de tal manera sus virtudes, que al instinto corredor del blanco animal se unía la sabia dirección del humano. No se sabe bien quién llevaba a quién, pero a veces el animal abandonaba el carril de tierra para pisar el césped, robando metros a la carrera al borde de la descalificación. Algunas veces con peligro para los apostadores que se apoyaban en las vallas siguiendo la carrera al milímetro.  En algunas de ellas hubo daño para los apostantes, pero el caballo ganó, los heridos eran menores y fuese y no hubo nada.

Los  magnates de la prensa equina ensalzaban las grandes virtudes del noble animal, propugnando que en el final de su carrera su semen fuese donado a la ciencia a fin de crear una nueva raza o al menos conservar ésta.

Sin embargo el caballo, que cambiaba a menudo de hockey, se fue creando enemistades entre los dueños de los demás caballos. Sus carreras eran vigiladas por ojos entre asustados y celosos. Su fama crecía día a día y el bruto se pavoneaba por las pistas con suficiencia y orgullo.

                                                          Foto: Maria Angelita.

Y en una de ellas, cometió el error de acercarse a la valla en donde apostaban personas de gran poder. Muchas, faltaba el Cristo del Gran Poder únicamente. Azuzado sin duda por su instinto corredor se acercó demasiado llevándose por delante a grandes personajes y mientras se iban al suelo, de sus bolsillos salían todo tipo de documentos, de apuestas falsas, de maletines sin fiscalizar y de toda suerte de latrocinios. Se hizo un gran silencio entre el público, dividido abiertamente entre la astucia arriesgada del caballo y el amor a las normas de la carrera.

La tragedia se mascaba, esos caballeros no eran de los que se quedaban quietos. Al día siguiente en la crónica de “El Jinete impávido” se podía leer una entrevista con uno de ellos: “Ví claramente como del culo del caballo salían todos aquellos papeles. Es inadmisible. Hay que parar esa vergüenza” Otro, en clara referencia a la torpeza del animal afirmaba en la portada de “La Albarda de Oro”: “El caballo pasó a pocos milímetros de mi cara; su vaho era de la cosecha del 95 claramente. Es una ignominia que se permita competir con alcohol en el cuerpo”

En todas las revistas especializadas se podían leer comentarios similares; alguna voz, bajita, recordaba el gran espectáculo que siempre había proporcionado el caballo y cómo nadie levantó un dedo acusador cuando, hábilmente manejado desmadejó a una tupida panda de apostadores ilegales rozando la cal de la pista justo tocando la hierba.



Dicen que la venganza se sirve fría. A la ira de los caballeros se unió el silencio aquiescente de los antiguos jockeys relevados que junto con los celos de los demás dueños de los caballos crearon un caldo de cultivo que no deparaba nada bueno para el caballo blanco. Y por fin todos de acuerdo en algo. Las rayas son sagradas.

Un día apareció en su cuadra, sin una pata. Sus días de carreras habían quedado atrás.

Orense a tantos de tantos.
                                                                                                                            
Foto: Juan Carlos ca.

martes, 6 de abril de 2010

Rodrigo Barrio

Rodrigo Barrio es un asesino de sus padres y de su hermano. Hasta ayer.

La juez de menores, Blanca Isabel Subiñas, ha decretado el sobreseimiento provisional del caso, con veladas reprimendas a la policía y a mi juicio obviando a los medios de comunicación o algunos gurús de los sucesos que con más corazón que cabeza y conocimiento van vendiendo sus medias verdades por los platós de televisión.

Los hechos se remontan a hace varios años cuando en un piso de Burgos aparecieron cosidas a puñaladas dos personas, matrimonio, y su hijo de ocho años.

Como suele ocurrir en estos casos, la alarma social acelera la necesidad de buscar culpables y la policía con precipitación y alevosía, a la vista de los resultados, se abalanzó a por Rodrigo que en ese momento era un adolescente.

Por todo indicio, una pisada de una zapatilla que nunca se demostró que fuese la suya y la desaparición de una cajetilla de tabaco y unas colillas de la azotea que solamente una persona con acceso al piso podría haber retirado. O el aire. Y algún otro indicio insuficiente a todas luces para exponerlo como culpable a la opinión pública. A su favor jugaba el hecho de que el director del internado en donde estudiaba declaró a la policía que Rodrigo había entrado esa noche y no había salido. Nadie nunca pudo demostrar que había salido del colegio para recorrer 137 Km y regresar sin ser visto. La mañana de autos la policía lo sacó del colegio en donde se hallaba para interrogarlo y aislarlo.

En un primer momento su familia se volcó con él, como superviviente único y ante el temor de que se tratase de alguna vendetta y que pudiesen buscarlo. El tiempo fue haciendo que las cosas se tranquilizasen hasta que de nuevo la policía se presentó en casa de Remedios, su tía, para llevárselo detenido y exponerlo otra vez en las horcas claudinas de los medios de comunicación. Afortunadamente el Juez de Menores lo puso en libertad días más tarde al no hallar nada nuevo que imputarle, pero el daño estaba hecho. La familia de su madre, su familia, se dividió claramente y Rodrigo hubo de buscarse acomodo fuera de su habitat con la familia de su padre.

Cuando lo conocí, en casa de su tía Remedios, me pareció un adolescente asustado, silencioso e introvertido, como algunos adolescentes son. Se le hicieron pruebas sicológicas y de todo tipo, mediante las cuales quienes querían ver un adolescente conflictivo se reafirmaron y quienes veían a una persona normal seguían viéndola.

Finalmente se impuso la cordura, pero atrás quedan tres muertes y una familia destrozada no sólo por el dolor de ellas sino por el dolor invisible y penetrante de la sospecha enraizada de por vida en sus casas.



Sólo espero que no acabe como pasto de las televisiones y que pueda rehacer su vida.







Orense a tantos de tantos.



                             Rodrigo Barrio. Nadie ha demostrado que sea culpable

miércoles, 24 de marzo de 2010

Nueva banda terrorista.

He estado esperando a leer alguna portada en los diversos medios de comunicación, pero seguramente debido a la crisis están todas copadas. El nacimiento bien lo merece, no todos los días puede uno asistir a semejante acontecimiento; para bien o para mal es un hecho histórico que se sabe cuando comienza pero nunca sabremos cuando se puede acabar. Se trata de un suceso muy doloroso pero también lo fueron otros muchos a lo largo de la historia y no por ello se han ocultado.  Vaya pues mi propio titular:

      HA NACIDO UNA NUEVA BANDA TERRORISTA.

Por lo visto, una banda que atiende al nombre de ETA, ha cometido su primer atentado en la persona de un gendarme francés. Debido a la poca experiencia de sus comandos, ha sido detenido uno de sus miembros, movilizándose Francia entera en la detención de todos los demás, ayudando a tal fin el gobierno español,  para cuyo objetivo se ha desplazado  nuestro presidente al funeral quedando a la entera disposición del gobierno francés desde el primer momento, como sin duda haría el gobierno francés si los hechos se produjesen al revés.

Mi total dolor por la pérdida del gendarme  y mi profundo agradecimiento a su gobierno por la prontitud en su respuesta.



Sarkozy: "Erradicaremos a Eta de Francia."
Desde el minuto uno, le faltó decir.

Intelectus apretatus discurrent que rabiant.

Orense a tantos de tantos.

                 Que no son molinos, señor Sarkozy, ni lo eran antes

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