domingo, 16 de septiembre de 2012

De Santiago a Finisterre.



                          Breve descripción visual del Camino a Finisterre, en seis minutos




martes, 11 de septiembre de 2012

De Negreira a Alveiróa. (Dos)






                                    


(En donde los alemanes muestran su más tozuda faz y emprenden inútil caminata por los montes del Concello de Mazaricos)


Una vez refrescado el cuerpo y aligerado los pies de las botas, nos dispusimos a emprender camino hacia Alveiroá, no sin antes acordarnos de los antepasados de la tendera que nos endilgó un bocadillo corriente por 3,5 euros.
Despedimos a los Alemanes que por entonces habían  despachado sendas cervezas y palpando las mochilas y asiendo las varas, tomamos camino de Santa Mariña entre maizales y senderos salpicados de charcas. Dejamos atrás el cruceiro de Santa Mariña, señal inequívoca de cruce de caminos y lugar franco para evitar cualquier mal de ojo, cualquier “feitizo” e incluso defensa segura contra cualquier intento de que alguien pueda pasarte la cruz. En los pueblos de Galicia, siempre existía algún infeliz que se creía portador de la “cruz”. En ese caso todo lo que emprendía se torcía, la tierra por donde pisaba se convertía en estéril y el ganado que tocaba, malparía o nunca llegaba a procrear. Si conseguía, entre las doce y la una de la madrugada, tocar la espalda de cualquier despistado transeúnte,  la cruz pasaba a aquel que fuese tocado, siempre que éste no portase un crucifijo; el cruceiro hacía sus veces.

Dejamos atrás el alto de Bon Xexús y el repecho de Vilar de Castro entre eucaliptos y pinos para, de improviso, al salir de una curva, alcanzar a ver la tierra inundada por el embalse da Fervenza, como un papel de plata en un nacimiento, rasgando el verde de los prados de la comarca. Continuamos un buen trecho disfrutando del paisaje y sintiendo a lo lejos la presencia de los alemanes que de nuevo amenazaban la supremacía de los peregrinos españoles. Un descenso nos lleva hasta un cruce cuyas flechas indican inequívocamente que deberíamos tomar una empinada cuesta  cuya cima iba tragando peregrinos que nos precedían. Fue aquí en donde pudimos disfrutar de una agradable victoria sobre las huestes alemanas. La noche anterior la peregrina había leído el itinerario en uno de cuyos párrafos podía leerse textualmente: “Hay unas flechas de dudosa autoría que invitan a tomar un desvío hacia Lago, dando un rodeo innecesario”. Tate! Aquí hay tomate. Estas parecían las flechas de que hablaba la guía. Las dudas de la peregrina surtieron efecto y ambos desandaron los diez metros que habían iniciado. Nadie a quien preguntar, pero no emprendieron la marcha como hacían todos los peregrinos. Así, en la carretera, a la espera, llegaron los alemanes que sin encomendarse a dios ni al diablo, subieron como corderos por donde antes otros iniciaron la subida. No podíamos estar seguros de estar en lo cierto, ya que, hay que insistir, las flechas eran inequívocas. El ruido de un automóvil vino en nuestro auxilio y agitando la vara el peregrino hizo señales de alto. El vehículo obedeció y confirmó nuestra certeza. Deberíamos continuar rectos sin el esfuerzo inútil del rodeo a que las flechas obligaban. La peregrina intentó dar aviso a los alemanes, pero era demasiado tarde; apenas se dignaron mirarnos. Y así fue como, mientras nosotros disfrutamos de un agradable baño en el riachuelo que discurría un poco más abajo, dando buena cuenta del bocadillo, los alemanes disfrutaron de un inútil y excesivo paseo por el monte.
Os aseguro que si en ese momento hubiese tenido un sofá, con los pies encima de la mesa hubiese exclamado lleno de satisfacción: “Por una vez éramos más listos que los alemanes”.
Una vez refrescados, continuamos rumbo a Alveiroá, sin más contratiempo.



En Orense a tantos de tantos.




miércoles, 5 de septiembre de 2012

Negreira-Alveiroá.




  Capilla de S. Mauro, Negreira.


    

                        (Donde se comienza a narrar la dura pugna habida con las huestes germanas)

                 
La tibia ducha llegó en auxilio de los peregrinos en Negreira. Pudimos por fin reparar las fuerzas agotadas durante la dura jornada. Uno ya no es un pipiolo. El Camino es como un reloj vital que te avisa de la pequeñez de tu mundo, de lo vulnerable de tu humanidad. Nos aseamos, despachamos una hermosa ensalada mixta, trasegamos dos doradas cervezas y como por encanto resurgieron nuevas fuerzas para visitar lo esencial de la villa de Negreira. Creció la villa a partir del siglo XIX en torno al pazo de Cotón y al campo de la feria; anteriormente había sido asentamiento de tibus pre-romanas y en épocas romanas fue paso y probablemente "mansio" de la vía Per loca marítima Nicraria Tamara, una calzada romana que unía Caldas de Reis con las minas de plata de Brandomil. En el escudo de armas de la villa, ésta aparece partida en dos, debido a la leyenda comentada en el panfleto anterior, en donde se dice que el apóstol derribó el puente con sus perseguidores encima, en el traslado de su cuerpo a Santiago. Que he hecho los deberes y lo he leído.
    
El día transcurrió sin sobresaltos, excepción hecha de la noche, en la que el peregrino no pudo pegar ojo, a pesar de lo cómodo de la estancia, debido a los gritos de unos desalmados transalpinos, seguramente afectados por el estupendo orujo gallego, y a quienes Baco confunda de camino y que no se crucen con el mío.
Ya de madrugada,  exhausto y congraciado con el sueño reparador, el peregrino pudo descansar unas horas, suficientes para emprender de buena mañana la marcha hacia Olveiroá. Nos esperaban casi 34 km de recorrido, una lenta eternidad.
Desayunamos generosamente, y emprendimos la marcha, cruzando el río Barcala, afluente del Tambre, por el pequeño puente que nos saca de la villa.

Apenas unos kilómetros más adelante, cerca del lugar de Rapote, desde una pequeña cresta divisamos a lo lejos la escuadra alemana, en perfecta formación de a dos. Daban pavor. La peregrina comentó con certera ironía que parecía una avanzadilla de observación enviada por “Froiland Merkel” para registrar las mejores tierras y que convenía llegar antes que ellos a Finisterre para salvaguardar el marisco.

No era tarea fácil. Comandados por Klauss Gordon,(así convendremos en llamarle) avanzaban irremisiblemente hacia nosotros. Era, Klauss, un personaje no muy alto para lo que se estila por los parejes germánicos, pero sí robusto, rozando la orondez. Las cinchas de la mochila apenas conseguían retener su humanidad que se desparramaba unos palmos fuera de la cintura. Sin embargo, todos lo seguían con disciplina germánica y se detenían donde Klauss elegía y se levantaban cuando Klauss lo hacía. Una perfecta máquina de marchar. Difícilmente batible por dos desorganizados hispanos cuyas mochilas empezaban a pesar más de lo conveniente. No obstante, apretando los dientes y la vara, nos plantamos en el siguiente avituallamiento de Vilaserio después de dejar atrás bosquetes y praderías y atravesar el regato de Forxán, con unos minutos de ventaja sobre las ordas alemanas que arribaron mientras descansábamos apaciblemente.

Nos dispusimos a emprender de nuevo la marcha con dirección a Alveiróa, para, de un modo inesperado obtener, kilómetros más tarde, la más sabrosa victoria que un caminante pueda obtener. Pero no adelantemos acontecimientos. Estamos abrochando las mochilas, repostando de agua y emprendiendo la marcha hacia la victoria parcial que se avecina. Alveiroá apenas a diez kilómetros.


Orense a tantos de tantos, después del Camino.



lunes, 3 de septiembre de 2012

Ponte Maceira.

" Atrás queda el panorama pétreo de la urbe soñadora y se desarrolla el paisaje de la Mahía, tierra baja, frondosa, cubierta de pinares, jalonada de esmeraldinas riberas con saltarines regatos y boscajes umbrosos y deleitables" (Luciando Huidobro)



El Apóstol Santiago, con negra barba rizada, la espada enhiesta y aire severo se me apareció en sueños y me reconvino por lo insulso de la anterior crónica y por lo poco manso de mi actitud al poner en entredicho la ingente labor que la Santa Madre Iglesia desarrolla en tantos y tan diversos frentes. No quise yo entrar en discusión con el apóstol contando los frentes.

Así pues, borrad de vuestra mente las quejas injustificadas y atendamos a los hechos más deleitosos; entre los que no se encuentra la mencionada subida al Mar de Ovellas, latigazo seco para los muslos, punzada aguda, agonía lenta en medio de pinares y chirriantes cantos de cigarras.


Habíamos dejado atrás la Carballeira de S. Lorenzo, senderos y pequeños pueblos diseminados para entrar en el Concello de Ames; Ventosa,Lombao, Aguapesada y el susodicho alto de Mar de Ovellas cuyo descenso nos deja a orillas del Río Tambre que divide en dos Ponte Maceira y sirve de frontera natural entre los concellos de Ames y Negreira. Es el primer paraíso del Camino, un lugar para descansar a orillas del río con la monumental vista del Puente, cuya leyenda cuenta que Santiago derribó para huir de los enemigos que perseguían su cuerpo cuando era trasladado a Santiago.(Libro III del Códex Calixtinus).



                                Puente Maceira


                                   Río Tambre

Pero no corramos el riesgo de parecer historiadores; esta es una sencilla crónica de un paseo hacia los mismos lugares por donde gentes con creencias arraigadas y vidas duras transitaron; este simple hecho es para mí más que suficiente para guardarle el respeto necesario.

Apostillado lo anterior, no perdamos de vista lo esencial; el mercadeo del camino, que lleva a la publicidad engañosa; cuando leáis una flecha en donde os ofrecen algo a cambio de vuestro dinero, con la distancia a recorrer, tenéis que sumarle 200 metros más. Así pues, la flecha indicaba 100 m al lugar que habíamos concertado para pernoctar. Los 300 metros más largos del recorrido. Al menos a mí me lo parecieron.

Y la escuadra alemana siguiéndonos los pasos. Miedo daban.



En Orense a tantos de tantos.



jueves, 30 de agosto de 2012

De Santiago a Negreira.




                         

                                 


 Preparar la mochila es una cuestión de mero trámite; no en vano uno va en busca de su tercera muesca para la vara. El tercer Camino, que nos entendamos.
A las siete de la mañana en punto tomamos el Avant en la estación Empalme de Orense que sin una sóla parada nos depositó en la estación de Santiago de Compostela a los 25 viajeros. Ni uno más, ni uno menos. Me recorri el tren para contarlos. Mi deformación profesional se percató al instante de lo improductivo del recorrido, pero no todo ha de ser productivo en esta vida. Alivia sentir vuestras afirmaciones.
No nos desvíemos del Camino.
Nos dirigimos a la Catedral para adquirir la acreditación y allí nos informan que solamente las expenden en la Oficina del Peregrino. Pero no abre hasta las 9. Nos toca esperar 1 hora a la puerta como indigentes peregrinos. La cola se hace larga y la espera pesada, pero finalmente, con un retraso de diez minutos, que esto es Santiago, nos invitan a pasar. Sorpresa; en la oficina del Peregrino no expenden acreditaciones, eso es en esta misma calle, algo más abajo. Sorprendidos y algo molestos bajamos las escaleras para dirigirnos a donde nos indicaron. Mientras bajaba noté que la gente miraba mis pelotas. Seguí bajando y pensando, encontré la explicación lógica a todo el asunto; la oficina del peregrino está para atender al peregrino, pero como aún no tenemos la acreditación, no somos peregrinos, somos turistas. Así os Kafka un rayo!
Notaba la mirada de la gente en mis pelotas. Eso indicaba que había acertado, en el fondo soy un poco voyeur.


El lugar que nos habían indicado en la Oficiana del Peregrino, existía, estaba allí mismo, pero cerrado. El cabreo de ambos subió de tono, aunque disimulamos. Podrían habernos advertido de la hora de apertura; o lo que es mejor, podrían coordinar las aperturas. Decidimos emprender camino sin las acreditaciones y ya en Negreira, primera parada, ya veríamos de conseguirla, como así fue; no quiero teneros más en vilo. Las conseguimos.
Más calmados, con la calma de quien controla sus actos (excepto la acreditación) emprendimos camino entre el Pazo de Raxoi y el Hostal de San Marcos, dirección a Negreira. Peregrinos: el alto de Mar de Ovellas es un repecho traidor, tirando a asesino. Durísimo. Hay bancos cada cien metros, en sí es ya una advertencia. Y los usamos todos. Al coronar la cima, nos sentamos en el último banco, nos tomamos una fruta y continuamos viaje a Negreira observando la escuadra alemana que ora nos precedía, ora nos perseguía vislumbrándose una dura pugna hispano-alemana por el control de la situación.
Pero eso será motivo de otro comentario que no quiero ya empalagaros con tanto vinagre.


En Orense a tantos de tantos, después del tercer Camino.


sábado, 18 de agosto de 2012

Villardevós y Villagarcía.





                      

Mi amiga E nos invitó a almorzar en Vilagarcía. E, es una de las pocas personas que conozco que consigue mantenerse al margen de “lo establecido”. Abandonó, dando un portazo, la medicina convencional para dedicarse a la medicina alternativa y ha llegado a ser una especie de psicóloga defensora de la medicina natural y de las causas perdidas.
Pero no es de E, de quien quiero escribir, sino de algo que sucedió mientras ambas, mi señora y E, amigas de la infancia, se saludaban y hablaban de sus cosas en la cocina y aguardábamos por dos comensales más, Xullio y María, hombre y  mujer de teatro.

Entré en el salón, repleto de libros de medicina, de naturopatía, de poesía, de pequeñas colecciones de escritores gallegos, Rosalía, Castelao, Valle Inclán, y entre ellos, formando parte de una colección de libritos de color verde, lo descubrí. El título fue lo que llamó mi atención: VILLARDEVOS. Jamás había oído hablar del escritor, Silvio Santiago, pero con ese título tenía que hojearlo. No en vano mis ascendientes proceden de A Veiga da Meá, Vilardevós. Ellas estaban enfrascadas en plena conversación, por lo que no  solicité el pertinente permiso y extraje el librito del armario.
El preámbulo me atrajo enseguida; contaba Silvio Santiago que su hijita, nacida en Venezuela, en donde él había recalado huyendo de la convulsa España, le preguntaba a menudo qué era él. Todas sus amiguitas, de familias importantes, tenían padres importantes y ella quería saber qué era él. No sabía que contestarle, porque durante su vida había tenido que dedicarse a numerosos quehaceres.  Un día volvió la niña del colegio y  le confesó;
      - Papá, he dicho que eras escritor, como siempre estás escribiendo. He hecho bien? Silvio Santiago asintió y en ese momento, dice, se prometió a sí mismo no dejar a su hija por mentirosa y se propuso escribir ese libro: Villardevós.
Sostiene el escritor Eloy Luis André, que Vilardevós quiere decir Vilar dos Bos homes. En cambio Jesús Taboada mantiene que significa Vilar de Abós. En cualquiera de los casos, es villa de  hombres muy principales.


He de confesar que disfruté con su lectura reconociendo leyendas y hechos que había oído en mi infancia. Una de ellas, la de la Cruz que mencioné en uno de mis post

Silvio Santiago reconoce estar emparentado con los Romero Cerdeiriña de Riós, y el único reproche que se le puede imputar a su libro es que en él no menciona, aunque se intuye, los soutos de Marcelín.
Mientras leía el prólogo, se presentaron los invitados y disfrutamos todos de una sobremesa distendida y amena.
Al volver de mi tercer Camino, os daré cuentas de él, aunque os importe un rábano.
De Santiago a Finisterre. Cinco días y vuelvo.

En Orense ya, a tantos de tantos.


miércoles, 27 de junio de 2012

La cárcel de papel.






Durante  cinco  años  había estado aguardando este día. Las  leyes  le habían  aislado en la cárcel de papel. Condena sin fecha fija de cumplimiento y sin  redención asegurada; durante todo ese tiempo (vaivenes del destino, vida que va y viene) estuvo acompañado en todo momento  por ambos.
En la cárcel de papel, observando cada día su cara, reflejo de su inquebrantable ánimo y de su brillante intelecto, pasaban lentamente las hojas.

Le vió salir, le miró a los ojos y le espetó la pregunta que había estado esperando hacer durante tanto tiempo: -¿"qué tal"?
Sólo entonces, sonriendo con esa humildad adquirida en la escuela de la sabiduría,  que acrecienta sus abundantes  méritos,  emitió dos palabras.

    - Puede ser.

Él creyó firmemente en ellas y también sonrió abiertamente mirándose en el brillo de sus ojos. Puede ser. En cualquier otro, un asomo de duda; en él un asomo de certeza.

Ya de vuelta, ( música de los  setenta,  Brincos, Bravos, Christie ) la esperanza cobró forma de cierta seguridad, al ritmo de Simon $ Garfunkel que ambos corearon, él desafinando, y el recién liberado de la cárcel de papel, con la brillantez propia del diletante aventajado.

La suerte está echada.


Orense a tantos de tantos.

lunes, 11 de junio de 2012

Facebook, por qué lo he dejado.


                                            



Uno de los motivos por los que he dejado de acudir a Facebook, es la radicalidad de algunas posturas, el sesgo de algunas opiniones y sobre todo el tiempo que perdía intentando rebatir todo lo anterior. Cuando los tuyos suben los impuestos, es justo y necesario. Cuando son los otros es una afrenta directa a la base de la economía social. Cuando roban los tuyos es para comer, cuando son los otros es vicio y descontrol. Y así hasta el infinito. La mota en el ojo ajeno y la viga en el propio.
Y sobre todo me ha molestado la ingente cantidad de ministros sin cartera que escriben en facebook y que están al cabo de la calle de cuanto acontece, conoce todos los detalles de los sumarios pasados y presentes sin haberse leido ninguno.  
 .
Demasiado tuerto que sólo ve de un ojo, demasiado fanatismo. Y podría ser contagioso. Demasiada radicalidad, demasiado odio, demasiada división sobre hechos que no tienen más que una lectura. La corrupción es condenable, cométala quien la cometa. Se firman sentencias con el único conocimiento de detalles sesgados de medios de comunicación interesados, jamás se toma en cuenta la presunción de inocencia, sobre todo si se trata de derribar al rival político o económico.
Puede que lleguemos a parecer apéndices de los partidos políticos.  Como la mayor parte de los medios de comunicación y muchos de los tertulianos que pululan por las radios y las televisiones. Incluso en el desacuerdo se nota la tendencia; es difícil encontrar criterios objetivos en la discusión. Cierto es que conozco algunas honrosas y honradas excepciones. Pero me temo que demasiada gente opina (incluyéndome) sin demasiado fundamento.  
Pero sobre todo he dejado Facebook porque considero que nadie puede estar mucho tiempo dentro sin robarte a ti mismo en  algo que dicen que concedió Dios de balde, pero que vale su peso en oro: el tiempo.  Y  te robas relaciones, aunque aparentemente te relaciones  con más gente.
Tenía razón aquel directivo de una gran compañía punto com, cuando decía que algún día desearemos cambiar de personalidad para poder huir de toda la información que hemos ido dejando por las redes sociales, que socializan la nada, que socializan la soledad y que te sumen en una falsa euforia de compañía.
Y también lo he dejado porque en seis meses no conseguí tener tantos amigos como Iniesta. Y eso fastidia, con jota. Y además, no se puede beber vino con los amigos en fisbuk.
De todos modos estoy seguro que todos vosotros sois la excepción que usa adecuadamente las redes sociales y tal vez yo esté equivocado. Aunque os digo una cosa; ha sido dejarlo y Fisbuk ha bajado en bolsa un potosí.
Ahora tengo una cuenta en Twitter y ya he conseguido que me sigan…tres! 
Pero de los buenos.

Mucha suerte y mucha discreción.


Orense a tantos de tantos a seis meses de  fisbuk.

martes, 5 de junio de 2012

Lección práctica de economía aplicada.


                                El  insinuante monstruo de la crisis sin fin.

Podría, esta noche, regalaros la más triste lección teórica de economía. Y no me resultaría difícil. (Bastaría con copiar y pegar cualquiera de las explicaciones que circulan por la red, sin red.) Optaré sin embargo por explicaros, de manera práctica, como a mí sabéis que me gusta, una lección extraída de la vida misma; de la vida cercana. Al acabar las  24  líneas comprenderéis con toda claridad,  el indolente proceder de nuestros próceres, por comparación.
Érase una vez un joven, talludito, de 1,83, guapo, deportista, moreno y soltero (abstenerse curiosas) a quien su papá mantenía una línea telefónica en una apañada compañía. Cada mes, con cuidado para no herir susceptibilidades, le recordaba lo profundo de la crisis y lo aseado que debería ser en los gastos telefónicos. Un mes tras otro, las buenas palabras del mozo convencían (se dejaba convencer) al padre, que indefectiblemente era sisado en una cantidad indecente de euros (para telefonía), en el mismo período de tiempo. Un mes tras otro, durante cinco años. Hasta que el mozo vino a mejor fortuna. El padre aprovechó la circunstancia para concederse la independencia económica y desgajó de la cuenta madre el recibo del joven cursando domiciliación en su libreta ( la del joven).
Ese mes hubo paz y después gloria, hasta el momento en que en la cuenta del joven se realizó un cargo de una cantidad indecente de euros (para telefonía). Poco después de apreciado dicho cargo, en la hora de la comida, el joven blandiendo el extracto bancario  bramó:

        - Pero papá, qué leñes (en realidad dijo qué mierda, pero  está feo aquí repetirlo.,,huy, se me escapó) de contrato tienes que me cargaron U.C.I.DE euros?
El padre, que estaba sobre aviso, comentó suavemente; el mismo que tengo desde hace 5 años.

El diálogo posterior no interesa para la cuestión que quiero acercaros.

  Lección de economía para principiantes; qué fácil resulta manejar el dinero de otros y qué cuidado pones con el propio.

Quiero proponer que cualquier ejecutivo que ejerza labores de dirección, sea pagado en acciones de la empresa que dirige y a su salida las venda (enajene) y se cobre sus servicios.

Orense a tantos de tantos.