Es novata en esto, concedédle la misma indulgencia que conmigo habéis tenido.
Se habla mucho sobre la necesidad de abordar la reforma de las pensiones. Se oyen muchas opiniones, propuestas, soluciones por parte de los agentes sociales pero no se ve con claridad que sean las más adecuadas a los problemas y peculiaridades de nuestro país. ¿Es coherente que prolonguemos, obligatoriamente, la edad de jubilación más allá de los 65 años, teniendo una población de más del 20% de jóvenes parados, circunstancia que no compartimos con ningún otro país?
Conviene recordar que tenemos una generación de jóvenes sobradamente preparados, en cuya formación se ha empleado por parte de la familia y del estado abundantes recursos y con esa medida se les tapona su entrada en el mercado laboral o se les envía directamente a la emigración, en donde por cierto son muy estimados.
¿Cómo pueden cumplir sus expectativas, plantearse formar una familia, no sentirse defraudados o mejorar los índices de natalidad y crear una base de cotización que garantice las pensiones actuales y futuras?
¿Qué más esfuerzo se le puede pedir a personas que llevan más de 40 años en sus puestos de trabajo, en hospitales trabajando en situaciones extremas, tomando decisiones límites, en turnos nocturnos, profesores luchando con niños y adolescentes supliendo en muchos casos a los padres en la educación de sus hijos? Y muchas profesiones en donde el esfuerzo físico es fundamental y que prolongarlas más allá de los actuales 65 años es poco menos que suicida.
A trabajar, vagos!
Podría darse y se dará, la paradoja de que un padre o una madre prolongue hasta los 67 años su vida laboral y su hijo/a con su misma profesión a los 30 años descansando en casa.
Es, por supuesto, necesaria la reforma de las pensiones y cuanto antes, pero con más imaginación y sentido común. Hemos de tomar las decisiones de acuerdo a nuestras propias circunstancias y no sólo aquellas que calmen a los mercados especulativos, que no se calmarán finalmente, ya que éstos son insaciables y se lanzarán sobre los países vulnerables, y nosotros lo somos, en busca de dinero fácil.
Todos tendremos que arrimar el hombro incluso los pensionistas ya que no todos ellos cuentan con pensiones mínimas.
Posiblemente haya que endurecer las medidas para acceder a los beneficios de una merecida pensión y cuando las cifras de paro disminuyan, se podrá revisar y elevar la edad de jubilación.
Como en tiempos difíciles, y estos los son, lo mejor es la unión de todo el País, comunidades autónomas, gobierno, oposición, sindicatos etc. No es momento de enfangarnos en guerras fratricidas, que nos desangran aún más.
Ahorremos en encuestas, campañas de publicidad, palmeros de opinión de todos los partidos y en todos los medios, para convencer a sus adeptos porque por serlo, ya están convencidos. El pueblo, cuando lleguen las elecciones, decidirá con su voto quién nos gobernará. El pueblo o ese arco crítico de votantes que siempre decide todas las elecciones.
(M.C)











