martes, 28 de mayo de 2013
Enseñar al que ya sabe.
Mgago no lee blogs personalistas. He de correr el riesgo, porque hoy tengo una anécdota que contar y es personal. Como diría aquel escritor egocéntrico, no encuentro mejor tema de conversación.
Resulta que después de la repachanga de tenis que algunos habréis leído episodios antes, no he vuelto a aquel club por los motivos que ya mencioné; falta de tiempo y pereza en porcentajes distintos. Pero el lunes de la semana pasada, un trabajador de la banca insinuó que me llamaría para darme una paliza. Al tenis. A ese lunes sucedió el martes de orgullo y el miércoles me lancé al gimnasio para intentar fortalecer un poco mis oxidados brazos. Y para ver si puedo aprovechar el traje de hace dos años. Teclear no es ejercicio que sirva a tal fin. Los miércoles es día de pachanga y allí estaban mis ex-compañeros en número exacto de 4, por lo que no precisaron de mis lecciones. No os lo he dicho, pero viene bien al relato; soy mucho de dar consejos en el tenis. Aunque no me los pidan. Sé que no debiera y mi mujer me lo recuerda, pero uno es así. Cuando puede, ayuda al prójimo. El bancario que me desafió está yendo a clases de tenis en ese mismo club, dice que para recuperar los golpes y yo le creo. Quedé a mi vez con mi hijo para recuperar mis golpes, pero como es un hombre ocupado, justo media hora antes de la cita me llamó; no podía acudir y me quedé con la pista reservada y sin pareja de baile. La recepcionista me envió a un contrincante. Joven, de unos 31 años, tímido en apariencia, pero de complexión fuerte y en forma. Un morlaco duro de torear, pensé. Estrené mi Babolat, la que me habían regalado en Navidad, con cierta melancolía, ya que siempre he sido de Dumlop. Perfecta de equilibrio y con la empuñadura exacta, 3 octavos. Dado que no conocía de nada al contrincante, me coloqué a media pista para descubrir sus carencias. Parecía defenderse bien, apenas fallaba. Había que tentarlo más en profundidad. Comenzamos a pelotear desde el fondo y tampoco ahí lo pillé en falta; devolvía con facilidad los golpes que le envíaba. La bola recorría la pista de derecha a derecha, en una elipse amarilla que rozaba la red sin tocarla. Y con peso. Probé su revés y tampoco lo hallé en pecado. La bola salía de su raqueta con la fuerza y la dirección adecuadaS. Empecé a pensar que nos divertiríamos. Decidí practicarle la prueba del nueve. Mengüé el ritmo de mis golpes, enviándole bolas suaves, con poco peso. Y ahí comencé a certificar mis sospechas, le costaba más controlar los golpes, pero aún así se defendía. Subí a la red (ya sabéis cómo me gusta) para volear un rato. Observé que aflojaba sus golpes. Le pedí que continuara al mismo ritmo y noté cierta sorpresa. Acabé de volear sin más problemas y viendo que no se atrevía a subir a la red, le invité directamente. Observé al momento sus carencias y me permití aconsejarle; "si no te importa que te lo diga, en la volea tu brazo hace demasiado recorrido y pierdes precisión. En cuando sientas el impacto de la bola, un simple movimiento de apenas 10 cm, es suficiente, controlarás mejor. Deja la volea de mate para ocasiones puntuales."
Voleó un par de pelotas más y continuamos al fondo.
Al llegar a casa pregunté a mi hijo si le conocía y sí, le conocía. Era un monitor de tenis que impartía clases en ese club.
En casa me llamaron boquirrubio y otras lindezas relacionadas con mi costumbre de no reparar ante quien me hallaba, pero qué queréis que os diga, un consejo se le da a cualquiera. Y sobre todo si le hace falta.
De todos modos no se lo ha tomado a mal, porque ayer mismo hemos vuelto a pelotear.
En Orense a tantos de tantos.
domingo, 12 de mayo de 2013
Alma de perro.
El Perro.
Nunca había sido demasiado
proclive a creer en aquellas historias en las cuales un perro, después de
caminar miles de kilómetros, se reencontraba con su dueño que le había entregado
en adopción, o abandonado en cualquier lugar recóndito.
Recordaba sin embargo aquella
ocasión en que su madre llegó a casa llorando desconsoladamente, rogándole que
retornase a casa al perro que años antes había regalado a un familiar de un
pueblo lejano de A Trepa, porque al oir aquel el ruido de la motocicleta que
solía conducir para desplazarse, comenzó a dar vueltas sobre sí mismo y
desprendiéndose de la correa que le ataba salió en su busca alcanzándola y regalándole toda clase de mimos y piruetas. Hasta ahí era lo más que estaba dispuesto a
concederle al instinto animal. Pero algo que sucedió el domingo pasado le ha
hecho replantear sus incredulidades. Si alguien que ame a los perros tiene
alguna explicación, será bienvenida.
Paseaban a orillas del
Barbaña, como de costumbre, cuando en un meandro distinguieron a una mujer
joven, una niña y un perro de los denominados de raza peligrosa.
Había más gente paseando y el
perro se mostraba tranquilo y pacífico con todos. Nada parecía hacer ver que
hubiese ningún tipo de peligro, por lo que continuaron tranquilamente. Apenas
hubieron pasado a su lado, el perro le siguió no con aire amenazador, sino todo
lo contrario, jugueteando delante de sus piernas, rodeándole gozoso y dibujando
toda clase de piruetas de alegria ante la sorpresa de la dueña que no reconocía
aquella reacción. Como si le conociese de toda la vida. Pero no se habían
cruzado jamás.
Hablaron de ello mientras
paseaban y encontraron una explicación que de ser cierta, guarda cierto
misticismo digno de estudio. La chica en cuestión había sido temporalmente compañera de su hijo. A éste le gustaba de vez en cuando sisarle la colonia
y el perro debió identificar el olor. Parecía la explicación más lógica. Pero esa
mañana no se había perfumado en absoluto, aunque sí entró en la habitación que
el hijo había abandonado meses antes.
En su mente se empezó a formar la
idea de que algo más que un simple perfume debió el perro atisbar en el hombre.
Algo más íntimo relacionado con los genes y olores. Pero le pareció demasiado
rebuscado. Seguramente fuese la colonia. De cualquier modo, no se la va de la
cabeza la reacción del animal y en su fuero interno nace la idea de que hay
mundos en el alma de los animales que ni siquiera sospechamos.
En Orense a tantos de tantos.
miércoles, 8 de mayo de 2013
Lo de Mou.
Lo de Mou.
(Para
lo que me queda en el convento, me meo dentro)
Lo de Mou no es nada que no se
supiera. No es culpa suya, de Mou. No ha
dicho nada que no sea consustancial con su ser egocéntrico y despótico. Nadie puede rasgarse las vestiduras porque
desde que asomó la patita allá por el principio de la década, ya sabíamos que
tenía pelo. Hay personas que se ven venir y no es culpa suya si te la cuelan
por donde más duela; es culpa tuya por descuidarte. No todo vale a cualquier
precio. Y menos si no consigues aquello por lo que has vendido tu alma al
boquirrubio.
Mou es la viva estampa que
reflejan los tiempos que corremos; la del éxito rápido, sin sustancia, sin
esfuerzo, con crédito. Y no me refiero al suyo, sino al del equipo que lo contrata, que abandona el trabajo a largo plazo, la estructura empresarial de base que será el futuro y pone todo el capital propio y ajeno a su disposición a fin de agenciar las mejores
figuras del balompié, a las que desprestigia en cuanto le vienen mal dadas. Es
el individuo encantador en todas las fiestas
en cuanto las cosas marchan a su conveniencia, pero un ventilador de despojos cuando no logra sus
propósitos. Pero no es culpa de Mou, a quien todos intuíamos desde que sacó la
patita por debajo del 5-0 aquel y mucho antes. Es culpa del empresario que
contrata un encargado que le puede hacer rico, aunque conozca el riesgo cierto
de enfrentamientos en toda la empresa. No pasa nada, todo se olvida cuando un
equipo consigue un gran trofeo, aunque sea empleando mano de obra infantil.
Nunca pensé que confesaría esto,
pero Pepe me parece un monaguillo al lado de Richelieu.
Y es que hay cosas, hay
pensamientos, que aún en la posibilidad de que llegasen a ser ciertos, deben
permanecer en el interior de tu hombría.
Si la tienes, bocudo.
En Orense desde el día 1 de la
era Mou.
domingo, 21 de abril de 2013
Predicar y dar trigo.
El protagonista de esta historia
ya no la recuerda. Yo se la oí contar y la contrasté a través de varias fuentes.
En los años 50 vivir no era
fácil. Para comer tres veces al día había que trabajar la tierra, por lo menos
durante doce horas. De sol a sol.
Con dos mil metros de tierra bien
cuidada, es más difícil morir de hambre. Siembras unas patatas, cultivas coles,
recoges los huevos de las gallinas y si eres un poco más trabajador, mantienes
un cerdo que te proporciona lo necesario para subsistir vendiendo los jamones.
Con suerte, ya sabemos lo que le pasó a la lechera.
En los años 50 había que trabajar
para comer. De sol a sol. Y muchas veces no podías hacerlo tres veces al día.
En los últimos cien años se recuerda al menos de cada diez uno de impresionante
sequía o de heladas intempestivas o de lluvias torrenciales, que daban al
traste con lo plantado. Eran los llamados en Galicia “Os anos da fame”.
En los años 50, a los pueblos de la
montaña de Galicia no llegaba el panadero, ni el pescadero. No había GADIS, ni
Carrefour. Todo salía de la tierra. Y había que trabajarla, de sol a sol.
El protagonista de esta historia
ya no la recuerda. No recuerda que era un perfecto patriota, convencido de las
bondades del régimen que defendía a capa y espada; y no recuerda el odio
visceral que sentía por toda idea o asomo de comunismo.
Resulta que al protagonista de
esta historia, le hicieron por unanimidad alcalde pedáneo del pueblo. Se
propuso realizar unas obras necesarias, construir un cementerio y restaurar el horno en el cual se turnaban los
vecinos para elaborar el pan con el trigo propio. El poco dinero que había se
acabó muy pronto y se decidió poner a la venta las tierras comunales del pueblo
para recaudar y acabar aquellas obras.
El protagonista de esta historia
no había leído a Marx, ni a Robert Jacques Tourgot, ni a Keynes ni a ningún
otro teórico de la economía. Cuando leemos mucho, cuando oímos teorías varias
podemos contaminarnos. No pensamos desde el interior, nos dejamos llevar por
sentimientos, actos, aspectos.
Al protagonista de esta historia,
que no había leído apenas nada, pero que era hombre responsable se le hizo la
noche eterna pensando en la situación que se le presentaba; vender las tierras
a un terrateniente que se enriqueciese….o repartirlas entre los convecinos para
que subsistiesen. Si hacía lo segundo ya
podía olvidarse de las obras emprendidas.
E hizo lo segundo.
Cuando me lo contó, le hice ver
lo acertado de su decisión, a mi juicio, y que había actuado como un auténtico
comunista! El fuego de sus ojos me hizo
ver lo obsceno de mi observación.
Presumo que si el protagonista de
esta historia tuviese conocimientos de economía, estuviese moldeado a imagen y
semejanza de cualquier teoría, vendería los terrenos y gastaría el dinero. Pero
actuó con el corazón, ajeno a toda presión ideológica y pensando únicamente en
el bienestar de sus convecinos. En el
fondo no necesitamos más que un
poco de tierra para vivir y para descansar eternamente.
En Orense a tantos de tantos.
viernes, 12 de abril de 2013
El fontanero que medía 1,95
No neguemos la evidencia, a todos nos ha pasado.
Justo al salir de la cafetería, doscientos metros más
adelante unas ligeras punzadas en el bajo vientre te ponen sobre aviso. Ya es
tarde para volver atrás, en cualquier momento, en cualquier rincón de aquel
jardincillo habrá unos aseos. Pero nunca hay aseos en los jardines. Continúas
con la esperanza de encontrar otra cafetería, pero resulta que a pesar de que
hay más cafeterías que sinvergüenzas, en ese trayecto que necesitas no hay
ninguna. Y sigues, cada vez más acuciado. Te entran ganas de marcar territorio
contra aquel abeto de la izquierda, pero no eres un perro, aunque empiezas a
sufrir como tal. A quinientos metros divisas tu salvación en forma de luz de
neón. Cafetería. Aceleras el paso pero es peor. Las sacudidas son mayores y
para evitarlas acortas y aceleras el paso hasta parecer que vas entrenando para marcha
atlética. Y por fin entras en la cafetería, tranquilo, disimulando, la cabeza
alta como si tuvieses todo el tiempo del mundo y fueses el marido de la Duquesa. Pides un café mientras te sitúas en el lugar. El camarero te adivina
y viene en tu ayuda; al fondo a la derecha. Suspiras aliviado sin saber que ahí
empiezan tus males. Sales hacia el fondo a la derecha, digno, tranquilo.
Siempre hay dos puertas. En cada una de ellas un símbolo que te dirigirá hacia
el lugar que te corresponde según seas macho o hembra. Por cierto que si pone M
y H, a donde debo ir a M de macho o a M de mujer? H de hembra o a H de hombre?
Te darías con un canto en los dientes si apareciese ese símbolo.
Pero no, en la puerta, para mayor gloria y jarana del propietario, aparecen
estos otros símbolos
O quizás estos.
O estos otros.
Al límite de tu resistencia y comprendiendo que no tienes
tiempo para disquisiciones, enfilas la primera puerta a la derecha y respiras
aliviado al ver el urinario. Taza y urinario, seguridad de funcionario.
Te arrimas con cara de satisfacción , el embalse
a punto de desbordar y maldices por lo bajo tu mala suerte. El urinario te da
por el ombligo! Tienes que ponerte de puntillas para acertar sin mojar el
suelo. Y te acuerdas de la madre del fontanero y de su fornido padre. En lugar de usar un
metro, se pegó literalmente a la pared y señaló con tiza justo por donde le salió de allí. Y
ese lugar debía estar alto. No puedes volver atrás, el proceso está
inevitablemente en marcha, por lo que te elevas sobre tus pies, cual bailarina
sin lago y descargas aliviado todo el peso del tiempo en un chorro de oro espumoso que
va a parar al borde de la tacita, salpicándote los zapatos. Pero no te importa,
con los ojos cerrados, de puntillas, saboreas la sensación de alivio como si te
estuviesen aplicando un masaje gratificante en la espalda donde se ha ido ubicar la hernia discal.
Y sales con tal sonrisa de satisfacción que te impide ver que además de los zapatos también te has mojado la pernera del pantalón. Y te acercas al mostrador, tapando con él tu torpeza, mientras lentamente, con fruición saboreas el café que has pedido por compromiso. Y cautivo y amarrado aquello y evacuado el líquido dorado, has conseguido a duras penas tu objetivo final, la guerra ha terminado.
No me lo neguéis, a todos os ha pasado.
En Orense a tantos de tantos.
miércoles, 3 de abril de 2013
Portugal bien vale un peaje.
Aveiro y sus moliceiros.
Si resulta que uno es una persona normal, con una vida normal, con amigos normales y alguno virtual, comme il faut, conduce un coche normal, disfruta de unas costumbres normales, tiene una familia normal, excepción hecha de la mujer y los hijos que son extraordinarios, viste ropa normal, no lleva tatuajes, no fuma, no bebe en exceso, no pasa de 120 en las autopistas, paga normalmente sus impuestos, viaja sin sobresaltos cuando puede, no se pierde habitualmente y no necesita GPS, porqué entonces no acierta en las autopistas de Portugal?
Canal de Aveiro. Moliceiros y saleiros.
- Iste tíduo nao e correto. Voçe tem que ter outro tíduo.
- Sí, aquí tengo otro ticket. Entonces porqué tengo dos tickets?
- Porque voçe trabucouse e no anterior peaxe nao entregou o tíduo e ficou a pasar por "adherentes" nao por o se canle habitual.
- Veamos buen hombre, si una persona normal, como voçe ve que eu son, se cuela en un peaje y no soy el único, algo debe de estar haciendo mal la República Portuguesa.
- Eu concordo con voçe, mais nada podemos faer. Agora vai chegar uma carta e voçe tem que alegar que dispoñía do tíduo, mais por un erro trabucou a saida.
- Pero yo no me he equivocado de salida, la prueba es que estoy aquí. Mire usted, en España hay corruptos, ex-terroristas, defraudadores, banqueros sin escrúpulos, perroflautas, nacionalistas, Ex-tesoreros millonarios y toda la fauna y flora que usted pueda imaginar. Pero hombre, en las autopistas ponemos unas barreras e impedimos que la gente se vaya sin pagar!
- Pois en Portugal confiamos na intelixencia da xente. Voçe recibirá uma carta; nao deixe de alegar. Boa viaxe.
Catedral de Aveiro
Y entre risas y veras continuamos viaje por el interior de Portugal, ojo avizor no nos saltemos ningún control más y acabemos presos de los hermanos lusitanos y recordando lo que hoy diría Pessoa: " No soy nada, no quiero ser nada, pero conmigo va toda la ilusión de no saltarme ningún peaje.."
En Orense a tantos de tantos.
viernes, 15 de marzo de 2013
Es Pedro Colón Cristóbal Madruga?
Durante años he tenido un sueño recurrente; una y otra vez me encontraba haciendo de
nuevo la “mili” en tierras extremeñas,
allí donde la patria me había llamado de mozo, finalizando la década de los
setenta.
Por ello, el día que me pasaron
aquella llamada, de parte del Capitán de Navío D. Alfonso Philippot a punto estuve de
saltar de mi asiento y cuadrarme hasta que comprendí que aquella época pasó y
que nada dejé pendiente en ella.
-
Dígame, en qué puedo servirle, contesté eligiendo el
verbo con cierta maldad.
Una voz femenina me indicó que no
podía ser capitán de navío quien me hablaba, aunque tampoco había que
descartarlo.
-
Soy la esposa del capitán de Navío Alfonso Philippot. Estamos contactando con las personas más
representativas (¿) de cada provincia de las cuatro de Galicia, para hacerles
llegar los esfuerzos que mi marido el Capitán Philippot, remarcó con intención, ha llevado a cabo tendentes a estudiar y desentrañar la identidad de Cristóbal
Colón, personaje que tan encontrados sentimientos suscita en la mayor parte de
la población.
Aquí la timbrada voz femenina,
adaptada sin duda a estas lides, realizó una breve pausa, atenta a las
evoluciones del estado de ánimo de la persona que tenía al otro lado.
La persona que tenía al otro
lado, gallego como seguramente era ella, se agazapó inmóvil intentando
averiguar por donde venía el oleaje del navío del Capitán.
Ante el respetuoso silencio de su
interlocutor, aquella voz femenina continúo con su bien estudiado discurso:
-
A pesar de cuánto se ha escrito acerca del Almirante,
son muy escasos los testimonios que de él tenemos hasta su edad adulta; es
aquí, en la edad temprana, en donde radican las claves para conocer su estirpe
y su nacimiento.
De nuevo hizo una pausa, tal vez
esperando alguna ayuda por mi parte.
-
Y de qué modo puedo ayudar en esa investigación. Mis
conocimientos sobre Cristóbal Colón se limitan a saber que las carabelas eran
de madera y las velas de tela.
Era la señal que esperaba para
sonreír abiertamente y continuar, ya en un tono más cercano, como saboreando la presa que imaginaba abatir.
-
No se preocupe, ese esfuerzo ya lo ha realizado el
Capitán Philippot, recopilando toda la información necesaria que ha
plasmado en un libro que queremos presentarle.
Acabáramos. Eso era. Buscaba
financiación para los viajes de su Capitán en busca de los orígenes inciertos
del Almirante.
De todos modos, respeto profundamente que la
gente sepa vender su esfuerzo y la persona que me hablaba sin duda sabía cómo hacerlo y sobre todo valoro la capacidad de perseguir una
ilusión y vivir de ella.
Llegado a este punto sabía que o
debería decir no, o si continuaba tendría que apechugar con las
consecuencias y ser colaborador necesario de las investigaciones del Capitán Philippot. Y dejé que continuase.
-
El resultado de sus investigaciones se presenta en una caja decorada
con motivos acordes a aquellos tiempos y en papel brillante de máxima calidad,
firmado por el autor y personalizado. Dígame, espetó sin esperar respuesta
alguna, cómo se llama su señora. Su nombre de usted ya lo tengo.
-
Y para qué quiere esos datos, me atreví a preguntar.
-
Ah, no se preocupe, es para la dedicatoria.
Ni que decir tiene que mordí el
anzuelo con apetito. Acabo de ver hoy el libro y recordé la historia. Realmente
es un esfuerzo ímprobo de investigación, que seguramente no le ha devuelto en
moneda el esfuerzo realizado, pero que a buen seguro ha proporcionado al escritor intensos años de investigación y descubrimientos.
Por medio de nomenclaturas
gallegas, linajes, firmas que van evolucionando, parajes del nuevo mundo
nominados del mismo modo que ciertas aldeas de Pontevedra y sobre todo por
ciertos hechos acaecidos antes de la fecha del descubrimiento, y por la existencia del apellido Colón en Pontevedra, el escritor
llega a la conclusión que Pedro Alvarez de Soutomaior, Pedro Madruga, que a
raiz de las revueltas Irmandiña buscó refugio en Portugal e hizo amistad con el
Rey Portugués y Cristóbal Colón son la misma persona.
Y yo he contribuido a
descubrirlo.
En Orense a tantos de tantos.
http://www.galiciahoxe.com/index.php?idEdicion=1028&idMenu=5&idNoticia=350199
martes, 5 de marzo de 2013
Xantar.
La feria de Xantar en fotos.
Descansaba desde hace un año este borrador, que ahora publico aprovechando de nuevo la fiesta de Xantar, que comienza hoy día 6 de marzo en Orense y acaba el domingo día 10.
Se ha celebrado en Ourense del 2 al 5 de febrero la XIII Feria de Xantar, que se publicita como el SALON GALEGO DE GASTRONOMÍA Y TURISMO.
Xantar nació para acercar la gastronomía y el turismo orensanos a las demás regiones de España. A pesar del placer que me produce pasear por sus Stands, por sus restaurantes de varias regiones de España e incluso del extranjero y degustar sus caldos de las cinco Denominaciones de Origen, me temo que aquel propósito aún está por conseguir; personalmente opino que este Salón Gallego de la Gastronomía y el Turismo, debería celebrarse cada año en un lugar diferente de España para mejor llegar a las gentes de otros lugares y atraerlos a esta olvidada ciudad, deseosa de ofrecer al visitante cuanto tiene, que es mucho más de lo que pueden ofrecer otros destinos que se han convertido en masivos.
Presente en cada una de las trece ediciones, no puedo por menos de alabar el buen gusto y la calidad de todos los productos y actividades que se realizan.
| La elegancia en el vestir de la mesa. |
| El Record Guinnes al mayor número de Menús, en Riós. |
| Nuevos miembros de la Cofradía Chaine des Rotisseurs, entre los que se encuentra A Fraga da Petada |
| Cofradía francesa de la buena mesa. |
| Los vinos de Galicia. Puede observarse la difente tonalidad de blanco en la misma cosecha. |
| La lamprea ahumada |
| El mojito. |
| Representación del Concello de A Veiga. |
| Diferentes tonalidades. En el centro, un mencía joven. A la derecha un mencía con barrica. El Secretario de la D.O. Monterrey ensalzando sus vinos. |
El representante de las Islas Azores, vendiendo patria. No confundir las azafatas del fondo con Blair, Aznar y Bush, nada que ver.
Este año, después de la decepción del año anterior con el Restaurante francés, unos amigos mi esposa y yo acudimos a Castilla León- Puebla de Sanabria. Os dejo el menú.
Croquetitas de boletus
Ensalada de pimientos asados de Los Valles
Morcilla zamorana con cebolleta caramelizada, pasas y piñones
Habones Sanabreses
Sorbete digestivo La Casona
Cuarto de lechaza I.G.P asado al horno
o Chuletón especial de ternera de Sanabria
Pastel casero de crema y chocolate
Vino D. O. Toro.
Precio, 28 euros per cápita.
Una ganga.
Orense a tantos de tantos, feria de Xantar.
domingo, 3 de marzo de 2013
Dar de beber al sediento.
A menudo aparece algún tipo de
encuesta que sin ser científica clarifica cuestiones que suelen ser motivo de
tertulia en los bares.
En una de ellas se preguntaba a
individuos de cualquier condición social
qué denominación de Origen de vinos españoles conocía y la de O Ribeiro
saltaba siempre detrás de La Rioja. Efectivamente, O Ribeiro a pesar de ser de
las denominaciones de Origen más antiguas y piedra angular de muchas de ellas,
es relativamente reciente. No así sus vinos que datan de más de mil años de
antigüedad. Los vinos de Ribadavia
fueron de los primeros en exportarse a América y a Inglaterra, hasta que los
ingleses, tipos blandos, se declinaron por los dulces Oportos.
En Simancas constan las pruebas
de lo que digo. En el juicio de Bobadilla, cuyos legajos se descubrieron
recientemente y que se guardan en aquella población Salmantina, se relatan los
sinsabores que Cristóbal Colón padeció a cuenta de las “pesquisas” del juez
pesquisidor D. Francisco de Bobadilla, a quien los Reyes Católicos habían
enviado alarmados por las noticias que llegaban del Nuevo Mundo y que referían
injusticias, mala administración y
abusos múltiples de parte del Descubridor de las Américas, tanto con los
aborígenes como con los propios cristianos. Dicho juicio recoge el testimonio
de 22 testigos que relataron ejecuciones, persecuciones, violaciones,
vejaciones y desobediencias varias a las leyes y a los Reyes que las habían
promulgado, pero sin duda fue el testimonio de un marinero, que había viajado con Cristóbal Colón el que cambió el rumbo del juicio en contra del
Almirante al declarar; “..Estando enfermo el obispo, pidió una
arroba o dos de vino porque la ración que le davan era poco para su dolencia, e
no ge lo quisieron dar, e lo vio morir e derramar el dicho vino.”(Juicio de
Bobadilla, folios XVIII y XIX.)
Sospecho, aunque no me atrevo a
confirmarlo, que fue este testimonio el que hizo que Cristóbal Colón hubiese de
viajar, con grilletes, a España ocupando el mencionado Francisco de Bobadilla,
hombre sencillo y recto de carácter según cuentan testigos presenciales, el
virreynado de aquellas tierras.
Y es que se demuestra que es reo
de pena mayor quien niegue vino a un cristiano. Y si es Obispo con mayor
motivo.
Orense a tantos de tantos.
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