viernes, 28 de diciembre de 2012

Diálogos de Nochebuena.






                                            Playa de los Cristales, Laxe



A pesar de las ausencias que en cada familia se producen en Nochebuena, a pesar de los pensamientos nostálgicos, de las penas contenidas, es noche de sosiego, de reuniones y de celebración alegre. De olvidos, de quítame allá esas penas y de perdones adosados.
De carantoñas, de villancicos, de dulces y de alegrías. De Mazapanes y de sonrisas.

Y de vacile a mitad de cena.

.- Papá, este vino que has elegido, es perfecto para la cena..tan....intrincado.

Es el hijo mayor, que desde su distancia intelectual, comienza el juego. El pequeño le mira de reojo y sonríe con los ojos pícaros acompañando perfectamente la sinfonía.

.- Más bien creo que es un vino….inextricable.

.- Imposible, si fuese inextricable no se entendería. Y se entiende perfectamente. Dice: Ribera del Duero, Reserva. Tal vez quisiste decir inexpugnable.

.-No quise decir tal cosa. No es inexpugnable, ya te has engullido media botella!

.- Recuerda que el blanco Albariño te lo apropiaste. Apenas me llegó a la copa.

.- Porque estabas obsesionado domeñando los langostinos con el cuchillo y el tenedor, en lugar de con la mano. Eres un Tancredo. Por eso no bebiste.

.- Estaba esperando la ocasión de catar un vino más….rotundo.

.- Entonces reconoces que te has equivocado en la primera valoración. No puede ser intrincado y rotundo a la vez.

.- Y porqué no. Mira a papa, es intrincado y rotundo. Sobre todo de caderas.

.- No te metas con papá, no tiene culpa de ser un gourmet a todas horas. Recuerda que si quieres saber como serás, mírale.

.- Este vino por sus características organolépticas más bien parece enclítico.
.- Te has confundido, como promesa de sangre de Cristo habrás querido decir encíclico.

Ante tanto jolgorio y “vacilación” el señor tomó la palabra y dijo: ESTE VINO ES EL QUE HABÍA EN LA BODEGA, SI NO OS GUSTA COMPRARÉ OTRO CON LO CUAL NO PODRÉ COMPRAR REGALOS DE REYES.

.- Por dios, Papá, este vino es perfecto, es redondo, armonioso, recuerda a lejanos bosques balsámicos, a incienso, a regaliz, a canela fina. Es un vino goloso, equilibrado en sus taninos, el alcohol apenas perceptible, con aromas propios de las nobles maderas en que ha sido criado. Es perfecto.Por Dios no compres ningún otro.!

Y siguióse la cena, con risas y veras y velas y familia.

Felices Fiestas. En Orense a tantos de tantos de la Navidad de 2012






jueves, 13 de diciembre de 2012

Sr. Usted. ¿Quién paga sus camisas? O historia de una camisa




Olvidaros de todo lo que sé de economía. A la vista de los últimos acontecimientos, muy poco. Y tomad asiento.  

Abriremos un vino de Jumilla, nunca bien ponderado por los críticos. Disponen no obstante en Jumilla de una uva autóctona de mucha enjundia: la monastrell, que están utilizando con acierto, para posicionarse con ventaja en este mercado de pasión y fantasía que es el vino.



visitas guiadas y comidas en viña elena murcia
                                   Jumilla  (Murcia)


Después de este arranque de presunción imperdonable y que ya me habréis perdonado, continúo con lo que realmente me trae aquí; advertiros de que vosotros, clas media, o menos que eso, disculpad si os ofendo, estáis pagando las camisas ( y tantas otras cosas) de la gente guapa.
Sabéis que no me gusta tirar de libros de economía ni de sesudos premios Nobel, sino del sentido común y de la experiencia.
Por eso iré desarrollando mi tesis, comprobada y confirmada, en torno a las camisas que fulanita de Tal y Otros, modistas importantes, venden a quien pueda comprarlas a 80 euros la pieza, y no la gruesa; ni la docena.
Camisas que, en el mejor de los casos, son confeccionadas en España al módico precio, absolutamente innegociable de 1 euro el corte más 1 euro el cosido y colocado de botones. Dos euros. Euros dos. Eso sí, la camisa es de un buen paño, de ese que en el arca se vende. Estimemos pues el valor del paño en diez euros, para ser generosos. Sumamos por tanto  en el camino doce euros. Doce.
La diferencia entre 80 y 12, hasta aquí sé sumar sin calculadora, son 68 euros. Sesenta y ocho euros. Lo que supone un beneficio del 600% aproximadamente.
Y aquí viene el meollo de la cuestión. Dejad el Jumilla y prestad atención y lo comprenderéis todo. Habíamos quedado que el corte y el cosido tenían un coste de 2 euros. Y claro, el taller de costura, no puede sobrevivir. Y ahí entras tú. Y yo. El taller de costura pide al estado una subvencioncilla que el estado, padre generoso, le concede religiosamente y que se apaña para que sea crónica. Y clónica. Y cíclica.
¿Y cual es el efecto real de los hechos que os relato? Pues que entre todos estamos financiando las camisas del Sr. Gallardón, del Sr. Wert, del Sr. Rato, del Sr. Botín, del Sr.Camps, incluso me atrevería a decir que del Sr. Méndez, D. Cándido. Y lo que más me jode, perdonadme la expresión, las de Jorge Javier y las de Matamoros!

Es fácil, pues, a pesar de las dos copas de Jumilla, extraer una sencilla conclusión que no por sabida es menos cierta: han dilapidado nuestros dineros sin control alguno. ( Vaya novedad!)  y se lo han entregado, vía pequeños talleres de confección, a modistos de alta costura en donde compra aquella gente guapa, mientras tu y yo, igualmente agraciados pero responsables, nunca nos interesará comprar. Y alguien tendrá que poner coto a este desmadre, aunque sea un poco tarde. He dicho.


Y vale ya de darle a la botella. Y si tenéis dinero, haced el favor de moverlo, que me llegue.

Orense a tantos de tantos.  



lunes, 3 de diciembre de 2012

Historia de una botella.





Un amigo, hace unos años, tuvo la generosa ocurrencia de obsequiarme con uno de esos regalos envenenados que en un primer momento agradeces boquiabierto, pero que pasado el enamoramiento inicial, adviertes en toda su magnitud el auténtico alcance del malévolo obsequio: Una botella de Vega Sicilia, Valbuena, cosecha de 1996.
Venía en un estuche sin referencias, le dí amablemente las gracias y lo deposité con cuidado en el asiento trasero amparándolo a modo de cuña con la cartera para que no sufriera movimientos bruscos.
Una vez en casa comprobé de qué se trataba y pegué un brinco mental de alegría irrefrenable. Aunque pudiera permitírmelo, nunca se me ocurriría invertir esa cantidad de dinero en vino. Y es uno de esos caldos que un humilde aficionado ambiciona probar al menos una vez en su vida. La segunda reacción, ya en frío, es buscar el momento oportuno para degustarla. El vino ha de beberse en compañía. Y ahí empiezan los problemas. Si la compañía es numerosa, una botella no será suficiente para satisfacer el cálido regalo que la amistad supone. Por lo que has de invertir, al menos, en una segunda botella. Pero mientras tanto, conviene  acondicionar un lugar para preservarla del calor y de la luz, que desvirtuarían sus innegables méritos. Y héme aquí con un problema que antes del regalo no tenía. Una bodega-nevera vino para resolver parte de mis cuitas. No me resultó costoso llenarla, pero, a pesar de mi afición, no entraba en mis planes inmediatos. Así pues, el regalo se estaba convirtiendo en una fuente de gastos y preocupaciones. Afortunadamente, o no, ese año no se presentó ocasión para degustarla y de nuevo en las Navidades de 2011, me sorprendió mi amigo,aunque ya menos, con dos nuevas botellas de Vega Sicilia, esta vez Único.
Y la ocasión, calva y con el saco lleno de alegrías, llegó a lo largo de este año 2012 que termina. Y es que a menudo los hijos, aún a pesar de nuestras limitaciones, completan todas sus expectativas.

 Espero pues que este año Manolo conserve la sana costumbre adquirida y mantenga el listón al nivel que me tiene acostumbrado.
De las notas de cata, os informaré en otra ocasión, brevemente, para no resultar demasiado boquifresco.

En Orense a tantos de tantos. En Otoño.




jueves, 11 de octubre de 2012

Confieso que he plagiado.





                                 



El diccionario de la RAE, define el plagio como la copia que una persona hace de un trabajo de otro presentándolo como suyo. A mi juicio esta definición no abarca todas las posibilidades que se pueden contemplar en el plagio. No es tanto que copies el trabajo de otro como que te apropies de lo más íntimo que pueda tener una persona, su pensamiento, su manera de articular palabras, su manera de expresar ideas por cualquier medio que el arte admita. Considero por tanto que el plagio es una violación de la persona plagiada.
Es también la constatación de la superioridad del otro, del plagiado; la confesión clara y rotunda de la más absoluta admiración al hacer tuyo su pensamiento y la manera de exponerlo.
El plagio, aunque no lo parezca, es algo más habitual de lo que consideramos. Es inevitable, puesto que aprendemos de otros e imitamos sus acciones. Y al repetirlas, podemos estar  incurriendo en plagio. Cuándo le dices a tu chica, me gusta cuando callas ¿ estás plagiando? Incluso podrías estar plagiando cuando le dices que te gusta cuando habla, por que está presente.
Suele ir el plagio, para que sea tal, acompañado de un beneficio para quien lo practica. Beneficio material o inmaterial. Puede reportar beneficios palpables y medibles o simplemente puede reforzar tu posición en la sociedad. Se plagia para conseguir algo de aquello; de ahí que confiese que he plagiado. He fusilado de la a a la zeta, una frase de un escritor, consiguiendo con ello beneficio: dos botellas de vino. He prometido compensarle repartiendo el premio. El físico, ya que el moral, la subida de autoestima, no sé si podré compartirla.  Se lo he comentado y con su habitual bonhomía me ha contestado que si conseguía algún premio, era exclusivamente mérito mío, no suyo.

Mi plagio ha sido leve, porque leve ha sido el beneficio; si leían mi blog cinco amigos, ninguno más se ha añadido y quien lo ha hecho no ha venido atraído por mis méritos sino por el ordinario circular de la noria bloguera. A pesar de ello, quiero confesar para aligerar mi conciencia. Admito no obstante, que había quedado prácticamente olvidado el episodio, hasta que ha sido desenterrado  por un hecho que recientemente he descubierto; hurgando en este tablón de anuncios que es internet encontré algo que ha hecho que mi pecado sea una leve mancha de agua, comparado con la estela del Prestige de esta Licenciada, que ha plagiado todo un artículo, de la a a la Zeta, pasando por la ye precisamente al mismo escritor al que yo había plagiado una frase. A José Alfonso Romero P. Seguín.http://josearomeropseguin.blogspot.com.es/
Entre plagiadores no deberíamos pisarnos el boli, pero no puedo por menos que dejaros el enlace, no tanto como escarnio, sino como homenaje de desagravio al autor, que bien merecería figurar en la página par o impar de cualquier revista de cualquier editorial de cualquier lugar del mundo.



En Orense a tantos de tantos.

domingo, 30 de septiembre de 2012

La Repachanga






               Kikas ha tenido a bien concederme este hermoso círculo. Sé que no lo ha hecho con maldad, por ello le quedo agradecido. Arrieritos somos y en el Camino nos encontraremos.



Quedaba yo, el último día, algo dolido por la inesperada derrota que nos infligieron esos rufianes seniors, cargados de vendajes y apósitos varios.
No podía quedar así la cosa. Debía prepararme para la revancha, que dicen ha de tomarse fría. Por ello el miércoles no acudí y me quedé practicando ejercicios en el gimnasio que mejorasen mi debilitada musculación en los brazos,  a causa de la inactividad.
Esperé una semana y al lunes siguiente, el pasado, me personé con mi mejor raqueta. La que le pedí prestada a mi hijo. Vivo, en el tenis, de lo que ellos van dejando. Nada más llegar, ya estaban esperando en el gimnasio A y T, en compañía de un personaje, nuevo para mí, pero de cierta edad.  Después de escuchar a A una de sus aventuras a cerca de cierto tenista que ni me sonaba  y de lo preciso de sus golpes, bajamos las frías escaleras de la inmensa mole. Repito, inmensa mole, del club.
El club fue terminado de construir e inaugurado en el año 1989 por un “indiano” que invirtió todos sus ahorros en él. Muy pronto hubo de arrepentirse, pero ese es otro partido. Ya sabéis lo que contiene, del relato anterior. De todo para cansarse.
De nuevo formé pareja con T, que andaba por la pista como alma en pena, buscando bolas que llevarse al bolsillo. El jugador nuevo hubo de hacer pareja con A; todos los nuevos lo hacen ya que los más experimentados huyen de sus consejos y admoniciones.
Después del pertinente calentamiento y del ejercicio de recoger las bolas del suelo, A, decidió que sacaría él mismo. Observar sus movimientos en el saque es un espectáculo por el que muchos pagarían y que me resulta imposible de reproducir. Quince, dieciséis, diecisiete (Estoy contando los botes de la bola). El resultado suele ser siempre el mismo, primer servicio fuera y el segundo servicio que cae mansamente en campo contrario. Pero mientras yo me río para mis adentros, el nuevo resultó ser un jugador seguro, lo que sumado a nuestra inseguridad a estas alturas de principio de competición hizo que nos endosaran un vergonzoso 6-2 en media hora.
No y no. Esto no podía continuar así o habría que ir pensando en colgar las raquetas.
Decidí hacer algo. Hablé con Teo. Teo, te dejo al mando de la parte de atrás de la pista, me voy a la red. Se lo dije como quien dice; ahí te quedan las tierras, cultívalas, me voy a las américas. Faltó que le diera un abrazo de despedida. Teo miró hacia al suelo y asintió. Ya sea por mis voleas, ya sea por el pánico de ver tan de cerca mi cara, empezamos a encadenar juego tras juego hasta el 6-4 final. A, se las tenía con su pareja, indicándole cómo debería de pegar a la bola y a quién de nosotros tenía que cargar el juego. Lo sé porque también he sido su pareja. Hasta que decidí que si me volvía a dirigir la palabra mientras echaba la bola para sacar, se quedaría sólo en la pista. Mano de santo, a mí jamás me endilga sus “ lecciones para pegar mejor a la bola en tres movimientos”.

No hubo tiempo para el tercer set, hora y media no da para más. Media hora recogiendo bolas, otra media botando para sacar y tal vez treinta minutos intercambiando golpes. Dividido entre cuatro obtenemos el interesante resultado de 8 minutos para cada uno tocando la bola. Pero qué ilusión pensar que un día Nadal será también mayor.

El lunes pienso tomarme, otra vez, cumplida venganza.

En Orense a tantos de tantos, lunes de tenis.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Paquiño y la Justicia.





¿Qué es lo que hace que un hombre al que siempre se le ha reconocido su honradez, sin grandes ambiciones, sencillo, y que toda su vida  se ha dedicado a inculcar  ideas éticas en colegios, de profesor, se dedique a la política y que presuntamente, haya traspasado la línea roja, atacando los principios que siempre defendió?
Es la política, imbécil, contestará la mayoría encongiéndose de hombros. Pero  ha de haber algo más. La política es una actividad en donde se conjugan poder y economía, ejercida por humanos. Esa combinación de hechos, resulta un cóctel explosivo. Hay que tener un par de ideas claras. Y voluntad para mantenerlas contra viento y marea. Pero el ser humano es una cáscara de nuez, al que las olas de la codicia, del poder, dirigen a su antojo. El ser humano, al pasar por las urnas se convierte en político. Y ahí deja de ser ser humano para ser un ser “humanado”, moldeado a imagen y semejanza del grupo, obediente a los postulados del partido y propenso a los cantos de sirena. No quiero decir que el partido le anime a traspasar rayas rojas, más bien digo que el ser humano pierde la memoria y no recuerda aquellas dos cosas que ha de tener bien presentes; servicio al ciudadano y honradez acrisolada. Y los partidos tienden a cubrir con un manto de disculpa a quien se atreve a prevaricar o a aceptar dádivas a cambio de favores.
Estos días, (manda carallo)  a raíz de la detención del Alcalde de Orense, he oído más reproches a la actuación de la jueza, que a las posibles faltas del alcalde. Incluso se  ha convocado una manifestación en su apoyo  en la Plaza Mayor. 
Es conveniente tener presente siempre la idea de la presunción de inocencia. Deseo que el alcalde sea inocente; no lo conozco personalmente pero tengo amigos que son sus amigos; uno de ellos con el que he comido el mismo jueves, embalsados los ojos, a punto de desbordar, ponía la mano en el fuego firmemente por el alcalde. Pero también soy un firme defensor de la independencia de la justicia. Y la justicia lo ha señalado indeleblemente. Podría haberlo hecho de manera más discreta, podría haber declarado sin la algarabía con lo que lo ha hecho; pero también los jueces son humanos y pueden equivocarse. Y cualquiera de los dos errores, del político o de la jueza, cuando lo sean, lo serán de bulto.
Espero en fin, que la avaricia, suya o de su entorno, no haya jugado una mala pasada a Paquiño, como le denominó un compañero de partido en la convocatoria a que hice referencia.

P.D. Acabo de verlo en la Tv, sonriendo y satisfecho. O lo ha hecho bien, o piensa que lo ha hecho bien. Esto me da pie para apostillar que también pudiera ser que la conciencia se nos hubiera dilatado de tal modo que no lleguemos a discernir el bien del mal. Consideramos lógico sacar provecho por gestionar aquello por lo que ya nos pagan generosamente.

En Orense, a tantos de tantos.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Pachanga mayor.



                                    



Hacía dos años que no me reunía con mis compañeros de pachanga. Los quehaceres, la vagancia, la falta de tiempo, ya sabes, excusas.
De hoy no pasaba que me diese una vuelta por el club que un día fue de mis amores y de mis disgustos. Nueve pistas cubiertas, seis de tierra batida, tres exteriores, piscina olímpica exterior, piscina climatizada, gimnasio, pádel, restaurante, sala de fitness, la intemerata. Pero este pueblo es lo que es y lo que es no resulta suficiente para llenar tanta exigencia. Así que marcha a trompicones. Pero a lo que íbamos.
Quiero yo a mi manera hacer competencia a otro bloguero que nos narra con más poesía que este humilde servidor, sus correrías por el mundo del pádel.
Así que comenzaré por desengañaros; esto no es pádel, esto es la categoría máxima del reino de las raquetas; el tenis. El pádel es otra cosa. La  bola puede dar mil botes en cualquier esquina y no tienes más que esperarla, sin moverte mucho, para devolverla al lugar de origen. Vamos que el pádel  es la muñeca hinchable del tenis. Esto es así. Yo no lo he inventado.
Y allí estaban mis antiguos camaradas, esperándome sin rencor, a pesar de la larga espantada. Los presentaré. Allá al otro lado de la red, cerca de las escaleras que hacen de grada, A. A es hijo de un afamado artista orensano ya fallecido. Eso que veis es un cincuentón largo, ambas rodillas amparadas por sendas rodilleras, así como el codo derecho. Si no os lo hubiera presentado lo confundiríais facilmente con Robocop. Acompaña cada movimiento con un ay! lastimero que invita a no molestarle con bolas exigentes. El en cambio, en cuanto le regalas una bola a su altura exacta, te devuelve un tiro de escopeta. En esta otra parte, a mi lado, de pareja, T. T es un sesentón que hace dos años sufrió un ictus del que afortunadamente se recuperó. Poco después quemó medio cuerpo en un accidente casero. Ahora pasa buena parte de su tiempo en el club repasando los golpes que aprendió después de los 50 años. Ahí lo tenéis, con la  cabeza baja, siempre recogiendo alguna bola del suelo. Otro gran tipo por otra parte. Al lado de A, de compañero esta vez, podéis ver a V. Uve es el alma del cotarro. Se encarga de reservar pista, de las cenas anuales, de recaudar el escote y pagar la pista, en fin, de todo lo burocrático. No en vano fue un alto directivo de una empresa eléctrica, creo recordar. Uve es el único que está en perfecto estado de forma, de no ser por un pequeño detalle; ya cumplió los setenta. Al lado de T, formando pareja, tenéis a este servidor. La figura, la técnica hecha tenis, el McEnroe de las pistas. Y aparentemente en forma, después de la última caminata.
He aquí la flor y nata del deporte nacional.
Un quinto elemento se unió a la espera, por si  alguien se  rompe, cosa que no suele ocurrir, no por nada, sino por la suavidad de los movimientos. El quinto elemento es L, arquitecto en activo, y frisando también los sesenta. El me perdonará si me equivoco en un par de años arriba o abajo. Habéis comprobado que no he dicho mi edad. Uno es así de presumido. No soy el mayor.

Peloteamos diez minutos y como es lógico, aprovechamos para practicar el movimiento por antanomasia del tenis: recoger bolas del suelo. Noto buenas vibraciones; apenas he perdido toque. Tal vez sí juego de cintura, donde se van a posar todos los chuletones.
A los diez minutos estamos deseando empezar, ya que el peloteo cansa más que el partido. Saca A. Se baja, se sube, en un movimiento robótico y.. pack; fallo. Y así suc esivamente. Con todo, el primer set lo despacharon con un 6-2  a su favor. Se va Uve y entra L.
Vamos a ver, César, que tu eres la figura, hombre, no te amilanes, juega, saca, mueve, volea, corta, lifta, crúzate,  haz algo,  hombre.
Todos saben que me gusta subir a la red; volear sería la leche.
Por cierto, que por la costa dicen bajar a la red, en lugar de subir. Otros lugares, otras  costumbres.


Me toca sacar. Lanzo la bola, saco la mano derecha en su búsqueda, la espalda se resiente, oigo las costillas quejarse, pero la bola sale como exhalación, a 30Km/h, para acariciar la línea blanca. Inalcanzable. Juego nuestro. Saca Uve, juego nuestro. Dos cero, esto marcha. Leches, que son unos viejales, vamos.
En estas estábamos cuando A, que tiene más peligro que un ministro en el Consejo, dejó una bola corta a la posición de T, que no se mueve;  salgo como un rayo a por ella  y..zás. Lo noto. Me acabo de romper una fibrilla, disimulo, acabo el juego y me disculpo.
 Todos los sesentones íntegros, incluido el setentón, y la figura se rompe como una porcelana fina. Gajes del oficio. Se acabó la pachanga. Y no pudimos remontar. La venganza será terrible.
 De todos modos, quedamos para el próximo viernes para una cena de confraternización menos peligrosa que el tenis.. El próximo día prometo calentar durante más tiempo. Y es que a algunas edades, sopitas calientes.


En Orense a tantos de tantos (ayer)




domingo, 16 de septiembre de 2012

De Santiago a Finisterre.



                          Breve descripción visual del Camino a Finisterre, en seis minutos




martes, 11 de septiembre de 2012

De Negreira a Alveiróa. (Dos)






                                    


(En donde los alemanes muestran su más tozuda faz y emprenden inútil caminata por los montes del Concello de Mazaricos)


Una vez refrescado el cuerpo y aligerado los pies de las botas, nos dispusimos a emprender camino hacia Alveiroá, no sin antes acordarnos de los antepasados de la tendera que nos endilgó un bocadillo corriente por 3,5 euros.
Despedimos a los Alemanes que por entonces habían  despachado sendas cervezas y palpando las mochilas y asiendo las varas, tomamos camino de Santa Mariña entre maizales y senderos salpicados de charcas. Dejamos atrás el cruceiro de Santa Mariña, señal inequívoca de cruce de caminos y lugar franco para evitar cualquier mal de ojo, cualquier “feitizo” e incluso defensa segura contra cualquier intento de que alguien pueda pasarte la cruz. En los pueblos de Galicia, siempre existía algún infeliz que se creía portador de la “cruz”. En ese caso todo lo que emprendía se torcía, la tierra por donde pisaba se convertía en estéril y el ganado que tocaba, malparía o nunca llegaba a procrear. Si conseguía, entre las doce y la una de la madrugada, tocar la espalda de cualquier despistado transeúnte,  la cruz pasaba a aquel que fuese tocado, siempre que éste no portase un crucifijo; el cruceiro hacía sus veces.

Dejamos atrás el alto de Bon Xexús y el repecho de Vilar de Castro entre eucaliptos y pinos para, de improviso, al salir de una curva, alcanzar a ver la tierra inundada por el embalse da Fervenza, como un papel de plata en un nacimiento, rasgando el verde de los prados de la comarca. Continuamos un buen trecho disfrutando del paisaje y sintiendo a lo lejos la presencia de los alemanes que de nuevo amenazaban la supremacía de los peregrinos españoles. Un descenso nos lleva hasta un cruce cuyas flechas indican inequívocamente que deberíamos tomar una empinada cuesta  cuya cima iba tragando peregrinos que nos precedían. Fue aquí en donde pudimos disfrutar de una agradable victoria sobre las huestes alemanas. La noche anterior la peregrina había leído el itinerario en uno de cuyos párrafos podía leerse textualmente: “Hay unas flechas de dudosa autoría que invitan a tomar un desvío hacia Lago, dando un rodeo innecesario”. Tate! Aquí hay tomate. Estas parecían las flechas de que hablaba la guía. Las dudas de la peregrina surtieron efecto y ambos desandaron los diez metros que habían iniciado. Nadie a quien preguntar, pero no emprendieron la marcha como hacían todos los peregrinos. Así, en la carretera, a la espera, llegaron los alemanes que sin encomendarse a dios ni al diablo, subieron como corderos por donde antes otros iniciaron la subida. No podíamos estar seguros de estar en lo cierto, ya que, hay que insistir, las flechas eran inequívocas. El ruido de un automóvil vino en nuestro auxilio y agitando la vara el peregrino hizo señales de alto. El vehículo obedeció y confirmó nuestra certeza. Deberíamos continuar rectos sin el esfuerzo inútil del rodeo a que las flechas obligaban. La peregrina intentó dar aviso a los alemanes, pero era demasiado tarde; apenas se dignaron mirarnos. Y así fue como, mientras nosotros disfrutamos de un agradable baño en el riachuelo que discurría un poco más abajo, dando buena cuenta del bocadillo, los alemanes disfrutaron de un inútil y excesivo paseo por el monte.
Os aseguro que si en ese momento hubiese tenido un sofá, con los pies encima de la mesa hubiese exclamado lleno de satisfacción: “Por una vez éramos más listos que los alemanes”.
Una vez refrescados, continuamos rumbo a Alveiroá, sin más contratiempo.



En Orense a tantos de tantos.