Admirada Arantxa:
He leído en algún medio de comunicación de los llamados serios, que estás en litigio con tus padres por un quítame allá unos millones. Parece ser que, además de acusarles de deficiente administración de tus ganancias, les reprochas maltrato psíquico por haberte llevado por caminos que libremente nunca habrías transitado.
No sabes cómo te entiendo, Arantxa; los padres somos a veces personas indecentes que deseamos que nuestros hijos triunfen allá donde no pudimos triunfar nosotros. Y para ello los sometemos a esfuerzos y sacrificios que no siempre acaban en el resultado pretendido y sí acaban con su infancia privándoles de amigos auténticos, los que se construyen durante este estadio de la vida.
No parece, sin embargo, sea ese tu caso. Escúchame, Arantxa; desconozco en profundidad los detalles porque no he leído tu libro y no tengo intención alguna de hacerlo ya que los dramas familiares me aburren, sobre todo si están llenos de codicias, envidias y resquemores. Admito que son una excelente escuela de conocimiento de lo peor del alma humana.
Al no conocer en profundidad tu caso, permíteme que imagine los detalles.
Imagino a esa niña, admirada del juego de sus hermanos mayores y envidiosa de sus virtudes, detrás de la pelota amarilla, blanca en ese momento,deseando golpearla con la intensidad y potencia de ellos. Imagino tu sonrisa el día que te compraron esa raqueta Head en miniatura y que apenas podías mover. Imagino tus deseos de ser como tus hermanos; de disfrutar lo que ellos disfrutan.
Dime, Arantxa, qué habrías dicho hoy si no te hubiesen llevado por ese camino y tus hermanos gozaran de la vida que gozan mientras tu haces cola en cualquier oficina de empleo?
Recuerda que hasta los doce años no has ganado ni para la cinta de la cabeza.
¿Quién, Arantxa, sufragó por tanto hasta esa edad los ingentes gastos, los viajes, las clases de tenis que sabes ahora que no son nada baratas, las matriculaciones en los torneos, los hoteles en los campeonatos alevin, infantil y cadete que sin duda disputaste, desatendiendo tal vez su trabajo o su profesión?
No me quedó claro si acusas a tus padres de quedarse con tu dinero o por el contrario les acusas de mala administración. Lo primero, permíteme que lo dude y lo segundo, Arantxa, es un riesgo en el que cualquiera puede caer.
Acusas a tu hermano Javier, y utilizas veladamente la acusación para reforzar tu razonamiento contra tus padres, de disponer de más patrimonio que tú habiendo ganado menos durante su vida profesional. ¿Estás insinuando lo que creo?
Bien sabes, Arantxa, que los partidos empiezan 0-0 y acaban con el resultado que acaban. Concédele a tu hermano la capacidad de administrar adecuadamente su patrimonio, acrecentándolo. Y recuerda que tus padres podrán haberse equivocado, pero me niego a creer que lo hayan hecho para dañarte, aunque el resultado pueda haber sido ese. Y no creas por ello que estoy a favor de los padres explotadores.
Me dice quien cree saberlo que tus posesiones se acercan a los 20 millones de euros; si no es así, ruego me perdones; pero si es así y haciendo unas cuentas rápidas no parece que te falte mucho. Ganaste 45, pero has debido de gastar algo y de lo que te sobra, has tenido que compartir con Hacienda, aunque sea la de Andorra, que somos todos y todos hemos madrugado alguna vez para verte ganar. Tal vez lo que te falte sean los honorarios de tus padres.
Dejaste el tenis a los 30 años y toda España ha visto en ti a una mujer luchadora, tenaz y con fuerza de carácter; por eso no acierto a comprender por qué ahora (hace tres años, según las denuncias judiciales) quieres poner en claro algo que debiste hacer mucho antes y de otra manera más adecuada.
Querida Arantxa, llama a Concha Velasco y que te oriente sobre cómo ser una señora cuando alguien invierte mal tus ahorros y los pierde. Y hasta saber más detalles, me atrevo a aconsejarte que perdones a tus padres. Estoy seguro que en todo momento hicieron aquello que creyeron mejor para ti, aunque estuviesen equivocados. Aprovecha para ir a la Universidad, leer, cultivar el alma y verás como finalmente será un lenimento para tus heridas, que deberían estar curadas a estas alturas.
Vamos!
En Orense a tantos de tantos.