Después del abundante desayuno, con leche de las propias vacas, a las ocho de la mañana, nos despedimos de Luis y de su esposa. Recorrer el kilómetro y medio de pendiente que nos separaba de las flechas del Camino fue una dura prueba, sobre todo teniendo en cuenta el poco descanso del primer día en que aún no te has hecho a las nuevas condiciones. En el segundo día el cansancio no te permite pensar en esas nimiedades.
Non te quejes, malandrín
Non las píes, condenado
o vendré a recordarte
aquellas noches al raso
que pasé por estos mundos
durmiendo con el ganado
por colchón forraje seco
por comida, apenas grano
y de vez en cuando un higo
bajado del propio árbol.
Yantades caliente agora
y con mantel! y al amparo
de paredes de pizarra,
y bebedes buenos caldos.
Non te quejes, malandrín
que vivides como amos!"
Al acabar la empinada pendiente nos cruzamos con los primeros peregrinos que venían de
O Cebreiro y soportaban en sus piernas a esas alturas ocho kilómetros. El sendero que a todos nos engullía, era de una pronunciada subida; dejamos atrás a los más remisos que se paraban a tomar aliento, con la excusa de contemplar el paisaje.
Non te eches flores, mancebo
poco mérito mereces,
si no fuera por tu dama
que no escucha tus memeces
te hubieras parado allí
rezando idénticas preces!
!
A la izquierda de la marcha las suaves crestas de los montes de
O Caurel, reserva natural, nos acompañan durante un buen rato hasta perderlas, ocultas por los castaños y por los carballos, por los abedules y algún que otro nogal. Entre pueblos abandonados y murmullos de riachuelos, casi de improviso, nos encontramos en Triacastela. La etapa no había sido el infierno temido.
Valiente pelafustán
que le robas al apóstol,
¿No recuerdas que saliste
en el kilómetro ocho?
¿Cómo vas a estar cansado
infringiendo ese robo?
Deberías dar la vuelta
y machacarte otro poco...
Ocupamos el lugar número siete y ocho en el orden de llegada, a juzgar por las mochilas que eran depositadas en el suelo a medida que los peregrinos iban llegando. El Albergue no abriría hasta la una; eran las doce menos cuarto.
Triacastela, epicentro de volcanes, es un pueblo ,al igual que
O Cebreiro, rescatado por y para el Camino. Vive para él y de él se alimenta. En apenas una docena de casas conviven ocho albergues con sus respectivos restaurantes y casas de comidas. Una iglesia de estilo románico, con su cementerio, domina el pueblo y concede descanso espiritual a quien se lo demande.
Allí pasamos el resto del día, descansando y tomando el fresco en las terrazas, mientras aprendíamos idiomas escuchando al numeroso grupo de italianos que nos rodeaban. Cenamos frugalmente y nos dispusimos a descansar preparándonos para la segunda etapa que prometía emociones fuertes.
La voz discordante que escucháis a veces, sin duda es la de
D. Ramiro de Dospechos que, envidioso, no quiso perderse el camino....Como a él no le duele el cuerpo....
( Mal redactor estáis fecho
si tenedes que explicar
lo que el lector avezado
considera obviedad...)
En el Camino a tantos de tantos.