Comida en Algueira.
Ha sido una jornada excitante; semejante a pasear por el campo, rodeado de vírgenes desnudas. Allí estaban representados algunos de los vinos y bodegueros más interesantes de Galicia, en una reunión informal despidiendo el curso patrocinado por Caixanova. La cita, la bodega Algueira, en el corazón de la Ribeira Sacra, de Fernando Gonzalez Riveiro y su esposa Ana Delia que resultó ser la perfecta anfitriona.
http://www.adegaalgueira.com/amplia.asp?id=29
Los anfitriones, Fernando y Ana Delia
La mañana comenzó con la clausura de D. Rafael del Rey. Un arca de datos, todos interesantísimos. Rafael del Rey es el responsable del Observatorio Español del mercado del Vino.
http://www.oemv.es/.
Una vez acabada la clausura, deberíamos partir hacia el cañón del Sil, en donde habríamos de degustar un interesante y curioso Albariño de la Ribeira Sacra elaborado en la Adega Abadía da Cova, de Jose M. Moure y Evaristo Rodriguez. Su bodega está llena de premios y reconocimiento internacionales.
http://www.adegasmoure.com/
Y digo deberíamos, porque el microbús que había de transportarnos, sufrió una avería , se retrasó y tuvimos que dirigirnos directamente a la Adega Algueira en donde Fernando nos explicó con la emoción sentida del colleiteiro, la calidad de los vinos gallegos, comparables a cualquier vino de cualquier latitud. Extendió las alabanzas a los tintos, que pueden competir por su frescura y floralidad. Degustamos algunas de las castes menos conocidas y que de nuevo afloran en el panorama de Galicia. Brancellao, Sousón, una treixadura en sus lías extraída de la propia “pipa”. Tentaciones tuvimos de levantar una tienda de campaña y dormir allí. Mientras, Fernando nos hacía partícipes, explicando las imágenes del video, del trabajo inmenso que tuvo que llevar a cabo para preparar los bancales, sin precipitarse río abajo. Nos explica que en sus laderas jamás habita la helada, y en contraprestación por lo dificultoso del acceso y la laboriosidad de los trabajos, tienen la ventaja de que son suficientes dos manos de sulfato y azufre para toda la campaña, mientras en otras latitudes es preciso de cuatro a cinco manos. Emana vitalidad en sus palabras y un convencimiento propio de quien sabe va por el camino correcto.

Fernando, en su bodega.
Para la hora de la comida, algunos de los bodegueros presentes, que os presentaré en las fotos, aportaron sus vinos y se me ocurrió una idea con los tintos, que trasmití a Delia y que acogió con todo entusiasmo, Venía preparado para la ocasión con unas bolsas de papel, con las que cubrimos las botellas que marqué previamente para que cada propietario descubriera su vino. Todos encontraron la idea interesante….pero alguno se habría de arrepentir, seguramente.
Los blancos que degustamos (no me gusta decir catamos, suena pretencioso y científico) fueron: Algueira, de Fernando Gonzalez de Ribeira Sacra; Pagos de Galir, de Rosa Rivero de Valdeorras,
http://www.virxendegalir.es/ Cuñas Davia, de O Ribeiro, de Alberto García Ubeda,
http://www.adegasvaldavia.com/ Quinta da Muradella de Jose Luis Mateo, de Monterrey. Deliciosos todos, untuosos, frescos, algunos amielados, afrutados otros, manzana, plátano, con recuerdos a frutas de hueso algunos, melosos todos, con la adecuada persistencia. De verdad, un lujo. Estos vinos fueron saboreados a la vista y casi de rodillas. No busquéis vinos demasiado caros, en torno a diez euros hay auténticas joyas en Galicia. Y no todos han de ser Albariños. Quinta da Muradella
http://vinosdemonterrei.wordpress.com/2010/03/05/quinta-da-muradella/ resulta un poco más caro, no en vano algunos de sus vinos están en los primeros lugares de las listas de Parker.
http://blogs.20minutos.es/descorchevinos/2010/04/28/los-mejores-vinos-espaaaa-segaanrobert-parker-by-jay-miller/comment-page-1/#comment-3899
Eduardo, Eladio, Manolo, Alberto y Fernando, atentos al video.
A continuación comenzamos con los tintos, para acompañar a una deliciosa carrillera de ternera con castañas. Serví personalmente el primer vino, un tinto Algueira, mencía. Casi todos acertaron a la primera su procedencia y tipo de uva. Destacó por su rapidez Arantxa, de Pagos de Galir, que abrió el fuego, todos estuvieron de acuerdo. Destacar que había entre los presentes muy afamados catadores a nivel de Galicia. Entre alabanzas a la idea y risas nerviosas, el camarero, moreno, muy atento pero discreto, sirvió el vino numero dos, un Amandi de nombre Cruceiro de Ramón Marcos Fernandez, quien enseguida nos privó de la posibilidad de la discusión descubriendo su propio vino. El tercero, un vino complejo, elaborado con Caiño, Sousón, Brancellao y garnacha centenaria. Un homenaje a las castes gallegas. Envejecido ligeramente en roble, presentaba unos matices complejos con recuerdos a regaliz. Hubo más discusión y nadie apostó claramente por una denominación. El Ribeiro se resiste. Alfonso, de la estación enológica, que hacía equipo con Evaristo de Abadía de a Cova, extrajo el sousón. De ahí en cascada surgieron las sugerencias. Era el Tarabelo, de Eladio Rodriguez.
http://www.bodegaeladio.com/castellano.html
Estaba por llegar lo mejor. El cuarto. Alberto, el director del curso que estaba a mi lado, me dijo que si sabía en donde me había metido. Pero lo dijo después de haberme metido y después de contemplar la marejada. Veamos. Estábamos en el cuarto vino. Se sirvió del mismo modo que los demás. Un ligero silencio. La voz de Arancha que proclama: Esto es un Monterrey, sin duda.
Todos me miraron, para que consultara los apuntes en donde había escrito el número del vino y su correspondencia. No es Monterrey, dije sonriendo. Nadie más se atrevió a comentar. Miguel A. Mariño, de las Bodegas Gargalo
http://www.bodegasgargalo.com/ me miraba inquisidor, pretendiendo una pequeña señal. Me mantuve firme. Pero es un viejo zorro y enseguida se percató. Es Pagos de Galir, dijo por lo bajo. Arancha que estaba a su lado saltó: Imposible! Este no es mi vino! Si ni siquiera me gusta! Me miró entre interrogadora y acusadora. Me extraño, porque a mí me pareció excelente.
Arancha, es tu vino, pero puede ocurrir que al no cambiar de copa, esté algo contaminado de los vinos anteriores, le expliqué.
Aproveché para meter una navajadita. O puede que el tabaco te haya estropeado el paladar!
Fuma como una carretera. Pero canta fados de maravilla! Un descubrimiento.
Todos estuvimos de acuerdo en cambiar de copas y servir una segunda botella del mismo Pagos de Galir. Ahora sí. Era él. Y así fue como se salvó la situación. El vino, sin duda era excelente.
Faltaba un quinto y un sexto. Todo discurrió con tranquilidad, mientras Fernando aprovechaba para loar el vino tinto gallego, apostando por sus señas de identidad y que se debería competir con las armas de que disponen en Galicia, diferenciación y personalidad. Castes nuevas y de posibilidades para hacer grandes vinos. En el mismo sentido se pronunciaba Alfonso, catador y co- responsable de la estación enológica de Leiro.” La madera aliena e iguala a los vinos privándoles de su auténtica personalidad.” Una discusión que no ganará nadie. Hay gustos, hay tendencias, hay modas y hay sobre todo mucha ilusión en este terreno. Y mucho ilusionista. Patrón vino, para demarcar clases.
Estaba por llegar no obstante la prueba final. Y esa llegó de la mano de Fernando, queriendo certificar su discurso.
“Os voy a poner un vino, dijo. Sólo quiero que me digáis Denominación de Origen y precio aproximado.”
El camarero nos sirvió de nuevo. Era claro que era un Rioja. Era claro también que había perdido la frescura. Madera en estado puro. Arancha de nuevo se aventuró a predecir denominación y precio. 16 euros. Mientras tanto, Alfonso y Evaristo, hablaban por lo bajo. Pero no se atrevían a dar una respuesta.
Mercedes Rebolledo, de Bodegas Rebolledo, sonreía y animaba.
http://www.joaquinrebolledo.com/
De nuevo la respuesta de la mano del anfitrión que la adornó, barriendo a favor de los vinos gallegos.
Es un Rioja y vale 90 euros en bodega.
El silencio era atronador. Finalmente había conseguido su propósito. Vinos de apenas 20 euros competían a ciegas con otros de mucha más enjundia económica.
Sólo faltó que sentenciara: la madera encarece, pero no está demostrado que mejore.
Lo dicho, discusión perdida. Vuelvo al principio. Un día excitante!
Finalmente, Eladio tomó su guitarra y nos deleitó con sus canciones llenas de morriña y terruño. Mercedes Rebolledo seguía animando. Para sorpresa de todos, Arancha se arrancó con un fado que nos puso los pelos de punta. O tal vez fuera el vino. Maridan bien, vino y canto. Pero no dan el cante, los vinos gallegos.
Eladio Rodriguez. Amenizó y alegró la sobremesa.
Miguel A. Mariño, Evaristo, Alfonso
Alfonso y Alberto, el representante de Valdesil y Eduardo, de administración de Terras do Gargalo.
En primer plano Ramón, al fondo Manolo de Orcellón
Los anfitriones con Eladio Rodriguez
Tambien puede interesarle:

http://nuncaestardesilachicallega.blogspot.com/